ENTREVISTA EXCLUSIVA

Blanco salió por un balance en rojo

Las pérdidas millonarias, así como la negativa a proceder a una reestructuración inmediata de la publicación, fueron los factores que llevaron a El Nacional a prescindir de Carlos Blanco como director de la revista Primicia. El economista continuará con su programa de televisión, desde donde, asegura, seguirá actuando en defensa de la libertad. Su mayor frustración, dice, es no haber podido entrevistar al presidente Chávez. Manuel Felipe Sierra tiene ahora la batuta de la revista

 

 
Ni tan Calvo ...

Como en todo tipo de salidas abruptas, son muchos los rumores que surgen. Carlos Blanco dio su versión. Ahora le toca a la empresa. PRODUCTO consultó a Sergio Dahbar, gerente de nuevos proyectos de C. A. Editora El Nacional y responsable de las revistas de la compañía. Dahbar señaló que no era él quien debía dar información, sino Miguel Henrique Otero, director de El Nacional.

Pero Otero prefirió darle el pase a José Calvo, presidente de El Nacional. Calvo también se mostró reacio a hablar del asunto. Sin embargo, reconoció que la decisión de prescindir de Blanco tiene carácter netamente empresarial. "La revista tiene unas proyecciones económicas, que deben cumplirse."

—¿Blanco no cumplió las metas?
—Cada gerente es responsable del negocio que maneja.

Esto queda como advertencia para Manuel Felipe Sierra, nuevo director de Primicia.

Es todo.

Carlos Blanco salió de Primicia. La noticia corrió como pólvora. Programas de opinión y de radio se hicieron eco de esta decisión de C.A. Editora El Nacional. Todos aseguraron que se trataba de un atropello a la libertad de expresión pues los tres últimos editoriales de la revista estaban muy subidos de tono, en contra del gobierno, claro está. Pero la verdad es otra.

PRODUCTO pudo conocer que las razones fueron más bien de carácter económico. Efectivamente. Primicia, en sus casi dos años de existencia, arrojó pérdidas de aproximadamente 400 millones de bolívares. La nómina, según altas fuentes de editora El Nacional que quisieron permanecer en el anonimato, estaba sobredimensionada y había que proceder a recortar gastos. ¿Y cómo? Primera medida: reducción de personal. Esta decisión fue notificada a Blanco, quien reaccionó con una firme negativa a deshacerse de aquellas personas que conformaron su equipo. No quiso enfrentarse a lo que es una de las más duras decisiones que debe tomar cualquier gerente en algún momento dado de su gestión. Tras él, salen también Javier Conde y Elizabeth Fuentes, jefes de redacción y de información respectivamente.

PRODUCTO quiso conocer las impresiones del ya ex director de Primicia, quien atendió a la redactora en las mismísimas oficinas de Puente Nuevo a Puerto Escondido, "aunque usted sabe, hasta esta semana trabajo".

Su primera advertencia fue: "No estoy saliendo peleado con nadie. He dicho públicamente, y lo ratifico, que le agradezco a Miguel Henrique Otero y a José Calvo haberme confiado el desarrollo de este proyecto. Y estoy absolutamente contento con el impacto que ha tenido Primicia, porque ha sido trabajo de un equipo. A mí me corresponde el orgullo y el honor de haberlo dirigido, y la verdad es que siento que logramos un buen medio de comunicación".

 

-¿Cuál es su versión de los hechos?

-La única versión que yo puedo dar, que no es la mía sino la que a mí me dieron los dueños de este medio, es que ellos quieren una reestructuración de la revista, que no es compatible con mi presencia en ella. Pregunté si había razones políticas, y me afirmaron que no. Eso es lo único que puedo decir y no voy a especular absolutamente nada sobre esto, entre otras cosas, por egoísmo, porque no me haría bien a mí.

 

-Se ha dicho que su ida está relacionada con sus últimos editoriales.

-La única explicación que tengo es la que ellos me dieron.

 

-¿Qué es más fácil gerenciar: un ministerio o un medio de comunicación? (Carlos Blanco tuvo el privilegio de desarrollar la Comisión para la Reforma del Estado –Copre– que fungía como ministerio).

-Es una pregunta que nadie me había hecho, ni siquiera yo mismo. La verdad es que se parecen mucho. Fueron dos organizaciones en que, por fortuna de la vida, participé desde cero, desde los primeros correteos hasta llegar a lo que es. La labor de construcción es muy difícil porque uno tiene que buscar a la gente, vencer resistencias y desconfianzas, conocerse, y eso es difícil. Pero tiene de hermosísimo que se van haciendo las cosas bastante parecidas a los sueños que uno tiene. Esa es quizás una de las similitudes más grandes.

 

-¿Y las diferencias?

-En los medios de comunicación todos los días se está expuesto, desnudo en la cima del cerro el Avila, para que el mundo lo bombardee y lo tirotee, lo aplauda o lo reconozca. La dificultad que tenemos en Primicia, por los tiempos de producción, es cerrar varios días antes de la salida de la revista. Por ello nos devanamos los sesos tratando de encontrar temas o enfoques que no pierdan vigencia en 10 días. Y es agobiante. En el caso de la Copre, el conflicto es político: ganarse a los que no están muy convencidos o enfrentar a los adversarios en favor de la descentralización.

 

-¿Primicia es su proyecto personal?

-No es personal en la medida en que es un proyecto de unos accionistas de una empresa como El Nacional...

 

-Pero, usted lo ideó.

-Yo dirigí la confección de esta idea. Básicamente, después que los accionistas me plantearon el desarrollo de Primicia, comencé a trabajar con Javier Conde y Elizabeth Fuentes, y juntos hicimos el anteproyecto base para la revista.

 

-¿Sus planes futuros?

-No lo sé. Estoy dispuesto a seguir en una actitud en defensa de la libertad, en contra del autoritarismo y en defensa de las reformas por las que he luchado siempre.

 

Y como lo dijera en su adiós escrito (editorial de Primicia, 21 de septiembre), volverá a sus actividades profesionales de siempre: economista y consultor de la República, además de continuar con el tú a tú con Aristóbulo Istúriz, en el programa televisivo de sugestivo nombre: Negro & Blanco, que transmite Globovisión los jueves a las 10 de la noche. Ni más ni menos. Sobre Istúriz, partícipe de la estrategia oficial, y del programa, habla: "Aristóbulo y yo somos amigos. Tenemos obvias diferencias que ahí se expresan. Pero esto tiene el valor de ilustrar que es posible que gente de pensamientos disímiles puedan encontrarse en algunos territorios del pensamiento y del análisis político, en una sociedad tan averiada espiritualmente como la nuestra".

 

 

Sin presión

La primera aproximación de Blanco al periodismo se dio a los 17 años cuando aun estudiaba en el Colegio Santiago de León de Caracas. Un artículo publicado en el diario El Universal le sirvió como escalón. Luego conoció a Ramón J. Velásquez, quien para ese entonces era director de El Nacional. "La vida, mis intereses, me han llevado a estar muy cerca o dentro de los medios de comunicación". Incluso cuando formó parte del equipo de gobierno de Carlos Andrés Pérez como presidente de la Copre. "Uno de los fenómenos que me pareció más apasionante fue cómo un gobierno que llegó con esa fuerza y respaldo, se fue derrumbando". Y allí la dinámica comunicacional jugó un papel de primer orden.

¿Cómo era posible que un economista de 52 años tuviera en sus manos un medio (¡Por Dios, qué locura!), más aún si no era periodista y menos reportero, decían para criticar su paso por la revista (y para colmo, no era chavista). Pero Blanco tiene con qué defenderse y abrazar su idea: cuando estudiaba en el Colegio Santiago de León de Caracas, le pidió al director Rafael Vegas hacer el lobby respectivo para escribir en El Universal. Su primer artículo saldría cuando apenas tenía 17 años, corría el año 1963.

Al cabo del tiempo, se encontró con Ramón J. Velásquez, director para aquella época de El Nacional, en el aeropuerto de Maiquetía. Allí se presentó, dijo que era hijo de Carlos Blanco, sobrino de Blanca Blanco, personas a las que él conocía por las luchas compartidas en contra de la dictadura de Pérez Jiménez. "A mí la vida, mis intereses, me han llevado a estar muy cerca o dentro de los medios de comunicación". Incluso cuando estuvo en el gobierno de Carlos Andrés Pérez como presidente de la Comisión para la Reforma del Estado (Copre). "Uno de los fenómenos que me pareció más apasionante fue cómo un gobierno que llegó con esa fuerza y respaldo, y al mismo tiempo con gente en su seno muy reconocida, se fue derrumbando". Y allí la dinámica comunicativa jugó un papel fundamental.

 

-¿Se siente, entonces, un testigo privilegiado del proceso comunicacional?

-Más ahora, pues he tenido oportunidad como director de Primicia de conocer el grado de influencia y la responsabilidad de un directivo de un medio. La sociedad, así como le entrega las armas a los militares y a cambio de eso le exige su renuncia a la beligerancia política, le entrega a los medios de comunicación, no el monopolio, pero sí un trozo muy grande de la responsabilidad de informar a la sociedad sobre sí misma. En contraparte le demanda una ética informativa, no siempre cumplida, que implica no poner los medios ni el desarrollo comunicativo al servicio de intereses que no puedan ser ventilados públicamente.

Fija su mirada en el lente de la cámara, a la vez que lanza una afirmación, que casi convierte en teoría: "La política en sí misma se ha transformado en un hecho comunicativo. Adiós a los partidos políticos para actuar, bienvenido el mundo de las imágenes, y la posibilidad de influir a través de los medios de comunicación o cualquier otra dinámica de este estilo".

 

-¿Chávez no es la mejor representación de ello?

-Claro, lo que pasa es que Chávez presenta una contradicción. El dijo, en Brasil, una de las cosas más espantosas que le he oído a un jefe político: "No se fijen en lo que yo digo, sino en lo que hago". Resulta que él lo que hace es decir, y afirma con esto que todo aquello que es –un comunicador contagioso– no es verdad. En Venezuela tenemos un presidente que habla mucho, que llena el ambiente con sus delirios sobre el chimborazo cotidiano, mientras existe un silencio de las instituciones y sus representantes.

 

-¿Y los medios?

-Están en una situación difícil: procuran buscar la información oficial, y salvo algunas excepciones, dentro de las cuales está Aristóbulo, Luis Miquilena, José Vicente Rangel y algunos otros, el resto es un bastísimo silencio, no diría de leones, sino de gatos. Por eso digo que hay un peligro para la libertad de información y de expresión, no porque haya amenazas del gobierno. Tengo que decir con absoluta honradez no haber recibido ninguna presión importante de nadie del gobierno, directa ni indirecta. A lo que me refiero como amenaza es que la libertad de expresión no es sólo la libertad de decir lo que yo quiera, es un diálogo en la sociedad.

 

-¿Cree en la imparcialidad?

-No, creo en la honradez intelectual. Es muy difícil ser imparcial sobre todo cuando la situación es como es. Sin embargo, mi responsabilidad como director es que todos los que piensan como yo, y los que no, tengan espacio.

 

-¿Ha estado vinculado con Acción Democrática?

-No he sido militante de partidos, salvo en épocas casi infantiles.

 

-Obviamente tampoco es chavista. Uno de los petardos que le lanzan a Primicia es no ser tolerante, y mucho menos objetiva con los planteamientos de los personeros del gobierno actual (incluido, el Presidente, por supuesto).

-La verdad es que no he visto expresamente publicado eso en ninguna parte ni lo he escuchado de ningún vocero del chavismo, pero suponiendo que eso sea así, esa es una visión estrecha y probablemente de gente que tiene más de policía que de político.

 

-¿Por qué?

-No hay medio de comunicación en Venezuela que le haya abierto las puertas a los actores del chavismo más que Primicia. Por una razón sencilla, además de ser los vencedores, para saber cuál es el pensamiento real de quienes hoy dirigen el país, y de seguro se alzarán con el santo y la limosna en las próximas elecciones. Eso sí, le hemos abierto las puertas, los hemos entrevistado y recogido sus puntos de vista pero no en forma complaciente, aquí no nos dan la gacetilla, ni ellos ni nadie. En una entrevista nos fajamos cuerpo a cuerpo, evidenciamos sus contradicciones, si las tienen; tratamos de ver por qué ellos defienden –siendo protectores de los Derechos Humanos, de la solidaridad y de la amplitud– algunas acciones que agreden a otros grupos de seres humanos, cuando la única diferencia que tienen con ellos, es que piensan distinto.

 

-Usted decía en su último editorial que una de sus mayores frustraciones era no haber entrevistado al presidente Chávez.

-Nunca quiso darnos la entrevista, a pesar de que hablé con José Vicente Rangel, con Luis Miquilena y algunos otros dirigentes del MVR para gestionarla. Incluso le escribí una carta solicitándosela. Pero por el "correo de las brujas" supe que algunos de éstos a quienes le solicitaba facilitarme la entrevista, aconsejaron simultáneamente a Chávez que ni se le ocurriera.

 

-¿Cuál sería la causa?

-No sé, estos hombres poderosos a veces se transforman mucho, y como creen que tienen a Dios agarrado por la chiva, entonces son displicentes con quienes son críticos. Y yo sí, efectivamente, soy crítico en serio. Creo que el presidente Chávez está representando a una dinámica autoritaria en la sociedad venezolana. No es verdad que sea demócrata en muchas de sus conductas, pues ha impedido que gente luchadora por el cambio, dentro de la cual me cuento, no participe en este proceso. Los honrados son los que están con él y los corruptos son los otros. Es una división no sólo artificiosa, sino terrible, pues está sembrando una división de largo plazo.

 

-¿Cree que con su ausencia Primicia cambiará?

-Siempre hay un cambio, pues quien dirige una publicación siempre le imprime una huella, un estilo y, sobre todo, un ritmo. Ahora deseo y espero que sea un cambio que no sólo la mantenga igual, sino que la mejore. Creo que la mejor satisfacción que puede sentir una persona que ha participado como yo lo he hecho en la construcción de algo, es que ese algo sea mejor que el que uno dejó.

 

Seguramente será así, pues quien asume la responsabilidad ahora es Manuel Felipe Sierra, quien fue director del antiguo Diario de Caracas y de la revista Número.

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