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Motores en punto neutro |
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Con una caída en las ventas de 51,6 por ciento en lo que va de año, el panorama no pareciera ser muy halagador. Sin embargo, la industria
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Denominador común: la recesión, aunque con suaves pinceladas de mejora. Y uno de los sectores más afectados es el automotor, que, pese a los malos augurios, amenaza con renacer como el ave fénix... de sus cenizas. No hay que negarlo, la baja en el consumo, la incertidumbre política y una estrategia poco coherente de estímulos a la inversión son apenas algunas de
Hasta agosto de este año, según cifras de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez), se vendieron 65 mil 802 unidades, lo que representa una caída de 51,68 por ciento con respecto a idéntico período del año anterior. "No es la peor", advierte José Luis Hernández, presidente de la Cámara Venezolana de Fabricantes de Productos Automotores (Favenpa). Ya se había registrado algo similar durante 1989, cuando las ventas se colocaron en 26 mil unidades, frente a los 120 mil vehículos que salieron de los concesionarios en 1988. Para 1999 el mercado cerrará, según proyecta Emmanuel Cassingena, presidente de Ford Motors y de Cavenez, muy cerca de las 110 mil unidades (62,58 por ciento menos respecto del año 1998). Pero, ¿cuál será el combustible que empuje al sector automotor a salir de la crisis y mantenerse en el mercado? Cassingena cree tener la respuesta: la nueva política automotriz, que considera un nuevo régimen arancelario y de importaciones, nuevos estímulos fiscales, promoción de exportaciones, desarrollo del mercado interno, amén de las estrategias con valor agregado y promociones de venta de las propias ensambladoras e importadoras. Al volante, en bajada No es tan fácil reanimar al monstruo dormido de las ventas, pero es posible. A Hugo Wieland, vicepresidente ejecutivo de General Motors de Venezuela, le interesa presentar las premisas que dominarán este último trimestre y animarán a los compradores: tendencia a la baja de las tasas de interés y la creencia de que el factor político (tan perturbador) está controlado. "Esto ayuda a que el eje común sea la confianza", dispara Wieland, además de las promociones, "que es lo que hay que hacer en recesión". Porque, "el volumen de las ventas es la resultante de dos vectores con direcciones opuestas, por un lado el sector de la demanda natural y por el otro el poder adquisitivo del consumidor", señala Víctor Quintero, vicepresidente de mercadeo de MMC Automotriz. Las tasas de interés están directamente vinculadas a la industria automotriz. Cuando alcanzan las nubes, no hay que esperar para que la nave se venga a pique; cuando bajan, la sonrisa de los empresarios es más que patente. "Las promociones para financiar las tasas son un incentivo", señala Ricardo Tinoco, vocero de Ford Motor. No obstante, representan un riesgo: cualquier aumento inesperado o cambio en las políticas financieras nacionales puede ser mortal. El subsidio a las tasas ha variado en algunos casos en 2 o 3 puntos; o el caso de Toyota que apostó por financiar con cero interés, en tanto que GM alargó su oferta hasta el 2003. "El cliente está protegido, es un riesgo que tenemos que asumir, pero confiamos en el país", sostiene Wieland. Cuantificar el costo de asumir directamente la diferencia de la tasa ofrecida por la ensambladora y la que existe en el mercado, varía según el tiempo y los puntos asumidos por la empresa. "Se evalúa de acuerdo con el aumento del volumen de las ventas. Sí, la participación de Ford ha ido creciendo: tenemos 18,6 por ciento cuando en el último período de 1998 apenas terminamos con 16,9 por ciento", sostiene Tinoco. Esa ni siquiera es la única alternativa. Otra de las estrategias con menor fortuna es bajar el precio de los vehículos, lo que significa un arma de doble filo, expresado en el descontento de los clientes antiguos al ver que el vehículo comprado hace un mes, por ejemplo, está en oferta. ¡Y qué oferta! Entonces, para evitar que se devuelva el búmerang, la mayoría prefiere aplicar planes audaces de financiamiento, que supongan bajas cuotas iniciales, ampliación de los plazos de pago y la baja de las tasas de interés, además de darle al consumidor valores agregados como viajes, portabebés, cascos, y un largo etcétera inventado por los creativos de las distintas marcas. Y la adrenalina crecerá, aseguran los expertos, con la introducción de nuevos modelos, en especial, los vehículos económicos que estarán en la calle a partir de los últimos días de este mes se calculan 25 mil unidades vendidas hasta el primer trimestre del 2000. Aun cuando la idea de producir un vehículo popular no es nada nueva, las características de este auto en relación con los producidos anteriormente en Venezuela presentan algunas modificaciones. El carro familiar 2000 ensamblado por las empresas General Motors (Corsa), Ford Motors (Festiva) y MMC Automotriz (Accent) usará gasolina sin plomo, no tendrá algunos elementos considerados "lujos" como parachoques y moldaduras sin pintar, aire acondicionado, radio AM/FM sin reproductor y reloj digital, entre otros. Con el detalle final de estar exento del pago de impuesto al valor agregado (15,5 por ciento). Para que no quede duda de que en tiempos de crisis si las ventas no crecen, la creatividad se dispara, todas estas propuestas de las industrias son expuestas a través de los medios de comunicación social. GM prefiere asegurar su estrategia para el último trimestre del año, con una inversión de 2 millones de dólares, destinados principalmente a televisión y prensa, en ese orden de importancia. Mientras que su más cercano competidor, Ford, prefiere la prensa para las promociones y la televisión para los lanzamientos. (Ver recuadro "Llegaron Seat y Kia"). El fantasma externo Ante la llegada de nuevas importaciones con precios inferiores al producto local, Wieland advierte: "Es preocupante la entrada de vehículos de los terceros países, en especial de Corea. Es dumping, la misma historia del Lada, a los cuatro años se fueron". Al respecto, Manuel Pardo, vicepresidente de mercadeo de Kia de Venezuela, asegura que "el mercado es de precios", mientras que defiende su posición en el país: "no es dumping, porque sólo aspiramos a tener un 3 por ciento del mercado nacional cuando éste se normalice a mediados del año que viene". Y sí, afirma Pardo, "hay un buen negocio en ensamblar en el país", y esa es su intención al negociar, antes de comenzar operaciones, con los dueños de la planta de la saliente Fiat. Y es que desde 1996 la cifra de vehículos importados ha ido creciendo como la espuma. Para esa fecha se contaban 12 mil 632 unidades importadas; al año siguiente la cifra rebasó las 44 mil 736 unidades y 54 mil 366 para 1998. Hasta agosto del presente año se anotan 19 mil 851 vehículos importados, porcentaje que subirá con el cese de las actividades de producción de Fiat. "Cada vehículo importado que se venda en el país es un puesto menos de trabajo", asegura el presidente de Favenpa; pues, por cada vehículo producido en el país se crea un empleo directo y seis indirectos. En este sentido, Cassingena afirma que una condición básica en el proceso, y a ello apunta la gestión ante el sector oficial, es que el gobierno someta la importación de vehículos a cierta regulación, propuesta en el antes citado proyecto de política automotriz. De no ser así, un universo gris nos espera: la industria automotriz local desaparecerá, vislumbra el presidente de Favenpa.
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