Un desastre: mil oportunidadesl

Más que medios, mediaciones

Un desastre: mil oportunidades

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Qué pasó en realidad desde el 16 de diciembre? Alerta nacional fue la consigna que asumieron todos los medios. Se convirtieron en actores próximos de una tragedia ante el vacío de la autoridad, del poder político, del "hombre fuerte" y que se hizo patente desde los mismos alertas que los medios nos iban anunciando. La tragedia, todavía, se nos fue convirtiendo en realidad social en y por los medios informativos. Es que hoy la comunicación se ha venido transformando en un espacio estratégico desde el que se piensan las realidades, los bloqueos, las contradicciones, la sociedad entera.

 

En mayor o menor grado, todos nosotros en colectivo, y cada uno en el plano individual, fuimos viviendo la tragedia como una parte de la vida que se nos estaba escapando. Lloramos con los vivos que perdían a algún familiar, sentimos la desazón por las pérdidas de todo el esfuerzo de una vida, palpamos los rostros con nuestros rostros, la gran ola, la carga de rabia del gobernador Mendoza por su "no saber qué hacer", presenciamos el desplome de los techos y cómo las piedras-agua arrastraban los carros, la inmensa montaña que según nos dijeron estaba rugiendo-hablando... Un verdadero reality show en donde la tragedia compartía cámara con rostros conocidos y lugares próximos. Los noticiarios y las paginas informativas no eran ficción, no correspondían al eslogan de los mediosverdad ahora convertidos en paginasverdad o en radioverdad o en televerdad que hace que la ficción se convierta en noticiario de la realidad. Todo sucedió a la inversa. Son los juegos de la vida.

 

La realidad supera a la ficción y los medios se quedaron cortos al escuchar las historias reales de los protagonistas. Los rostros y cuerpos de hombres y mujeres en la tragedia, de todas las clases sociales y sin rubor alguno, sólo el que se debe tener ante la cercanía de la muerte, eran las estrellas que se robaban las cámaras y las ondas y las páginas impresas. Ojalá que hubiesen sido rostros anónimos producto de la ficción espectacular (de la que siempre han hecho gala los massmedia y su cultura mediática. ¿Puede ser acaso de otra forma?), en donde lo que importa, como decía alguien del teatro, es la voz sin cuerpo que abre a la polifonía las puertas de la vida cotidiana.

"En mayor o menor grado, cada uno de nosotros cree en los acontecimientos de la actualidad: damos crédito, necesariamente, a alguna imagen de la actualidad. Sin embargo, en la enorme mayoría de los casos, no hemos tenido ninguna experiencia personal de los hechos en cuestión. En consecuencia, nuestra creencia no se funda en modo alguno en una 'experiencia vivida' de esos hechos", plantea Eliseo Verón cuando nos descubre la mecánica de producción social de información. En nuestro caso, como en todos en el presente, esa es la relación que establecemos con los medios en tanto receptores alejados de una experiencia-acontecimiento personal. Unos medios lo harán mejor que otros dependiendo del profesionalismo y de la creatividad, o de la torpeza.

 

Algo sí debe estar claro: los medios son el lugar en donde las sociedades producen nuestra realidad. Es el tiempo de los medios, y en esta oportunidad, a pesar de la cacareada objetividad que nunca se cumple, ellos fueron los actores testigos de la tragedia y con ellos no sólo vivimos la realidad de lo que realmente sucedía, sino que gracias a ellos tomamos dimensión humana y colectiva de que todos estábamos ahí dando aunque fuera nuestro llanto para tranquilizar y tranquilizarnos. Los medios expresaron sus discursos "traducidos en el código de la esperanza", y lo hicieron bien. Al menos mejor que en otras ocasiones. Los medios se convirtieron en mediaciones más que en medios: cuestión de imágenes, de tonos, de modos del discurso para que no nos olvidáramos de lo sucedido y de la fuerza colectiva que de allí irrumpía. ¿Cuestión de imaginarios? No solamente... ¡de realidades descifradas!

 

Marcelino Bisbal
Comunicólogo, profesor universitario

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