Un desastre: mil oportunidadesl

Sintonía ante una tragedia

Un desastre: mil oportunidades

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La rabia por la mentira

Pocas personas logran captar y mantener la atención de una audiencia cautiva de millones de personas. Luis Landaeta lo hizo. Durante angustiantes horas el país siguió su historia, magistralmente lograda con elementos dramáticos como una madre y una esposa muertas, unos niños, todos tapiados en el edificio Cerro Mar.

"César Miguel, no me dejes solo", era el clamor del farsante Luis Landaeta cuando apelaba al reconocido periodista, quien hizo seguimiento del caso de principio a fin. Un final en el que la noticia fue la mentira: "Debo informales a los radioescucha que Luis Landaeta no existe".

"Pudiera haber sido cualquiera de nosotros, y le tocó a César Miguel", coinciden sus colegas. "Son siempre los personajes ficticios los que generan una mayor atención. Y Landaeta, más allá de haber sido una mentira, se convirtió en una voz que simbolizó la esperanza para muchos tapiados y movilizó el rescate de los mismos". Más allá de la charada, todos coinciden en que no hubo mayor trauma para la radio. "No lo califico de error, el error hubiera sido haberlo catapultado mucho más allá, pero una vez que él dejó de existir, se acabó la historia", afirma Fernández.

Cuentas claras

Durante tantas horas de transmisión los espacios publicitarios de radio y televisión se redujeron a un listado. No había tiempo para más. "El apoyo de la empresa privada fue absoluto. A las que tenían intención de transmitir un comercial que tuviera que ver con la tragedia se le hacía un descuento. Era una manera de motivar a los clientes a que se solidarizaran con el tema de la tragedia y se trabajara conjuntamente", afirma Mari Pili Hernández, presidenta de VTV.

La mayoría de los canales y las emisoras de radio afirmaron que las pautas no van a ser reembolsadas, fueron simplemente cedidas o en otros casos dosificadas en los espacios disponibles.

Los costos de un operativo que en algunos medios se desarrolló por 10 días durante 24 horas, no fueron cuantificados por ninguno de los representantes de los medios entrevistados para la fecha de cierre de esta edición. Sólo Eduardo Sapene, vicepresidente de información y opinión de RCTV, calculó 5 millones diarios en costos operativos. Para Julio César Camacho, en casos como este los costos llegan a ser de 75 a 80 por ciento, sin contar con que muchos periodistas cedieron sus horas extras de trabajo.

Crónica del desastre

El terremoto no tuvo el respaldo social que ha tenido la tragedia de Vargas en todo el país", expresa el periodista Oscar Yanes una vez que compara la cobertura de esta tragedia con el terremoto ocurrido en Caracas en 1967.

Para el veterano periodista, la anomia generalizada es una constante en ambos casos. "Con las primeras informaciones del terremoto, al igual que ahora, la gente no se dio cuenta de la magnitud de la tragedia; hasta que la televisión salió a mostrar lo que había ocurrido".

Yanes piensa que esta vez el sensacionalismo fue el gran ausente. "Durante el terremoto hubo un gran sensacionalismo periodístico, yo lo reconozco, a mí me acusaron de que mostraba las piernas de los muertos, las cabezas de los niñitos, pero eso no era así, sólo que la gente creía ver cosas que no aparecían en pantalla porque estaban aterrorizados".

Cerca de 300 horas de transmisión ininterrupida en radio y televisión marcaron un nuevo paradigma en la cobertura informativa y la función del periodismo

 

Para Gabriel García Márquez, el periodismo es "una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación con la realidad". El desastre acaecido en el estado Vargas, y en otras zonas del país, conformó esa realidad, quizá la más cruda que la prensa venezolana ha reseñado. Esta historia convertida en noticia, revalorizó las virtudes de la profesión, mientras advertía el peligro de caer en la tentación amarilla y escandalosa.

La solidaridad y el altruismo peleaban constantemente contra la innegable dosis de adrenalina de estar inserto en los hechos. Y es que como afirma el Premio Nobel de Literatura "... Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso".

Más allá de las exigencias de los medios de comunicación que demandaban a sus reporteros mantenerse en el filo de la navaja, la brújula editorial era sometida a una gran sacudida. El manual de estilo no estipulaba qué hacer ante miles de víctimas fatales, ni en los días en operativos de 24 horas ni en que automáticamente los medios asumirían como suya la función de Estado de organizar y unificar la información.

 

Roles versátiles

-Llama un tipo que dice ser el presidente, le dice uno de los productores de Unión Radio a Ana María Fernández.

-¿Presidente de qué?

-Creo que es el presidente Chávez

 

"Todos nos asombrábamos cada vez que escuchábamos que el Presidente hacía referencia a Unión Radio", explica Ana María Fernández, gerente general de Unión Radio. "El gobierno sintió que había un vínculo entre un medio de comunicación y ellos para tratar de resolver, orientar o canalizar. Al día siguiente, el Presidente vino y ordenó al aire al ministro de la Defensa tomar acciones. Nosotros fuimos los sorprendidos al darnos cuenta de lo que representábamos en ese momento, el alcance que teníamos y la responsabilidad que significaba".

La cobertura periodística se enmarcó en un nuevo paradigma. El periodista no solamente tenía la responsabilidad de informar y mostrar a una audiencia los hechos, sino que también debía ejercitar sus dotes para cubrir los vacíos de las instituciones públicas que no manifestaron una reacción informativa coordinada. El libreto había cambiado, sus esquemas de titulares, lead y cuerpo, para dar paso a las listas de aparecidos, solicitados y llamadas telefónicas.

Sólo fue "el sentido común", refiere Fernández, cuando explica cómo "cuatro locos, en el buen sentido de la palabra, resolvieron con el aval total de la directiva ante los micrófonos sacar al aire las personas que buscaban sus familiares, a reportar saqueos o a pedir ayuda". Y como dice César Miguel Rondón, otro gran protagonistas de Unión Radio, "si el Estado no hubiese sido tan desordenado, los medios no hubieran tenido que ejercer esa labor".

Mari Pili Hernández, presidenta del VTV, niega la ausencia de un vocero oficial responsable de la política informativa. "En ese momento era mucho más importante que hablaran los ministros que tenían que ver con la tragedia a que hablara un vocero del departamento de información del Estado, un periodista, por ejemplo, que no es el que maneja el tema".

Oscar Yanes, vicepresidente de información y opinión de Venevisión, cree que todos los medios de comunicación han tenido un comportamiento que demuestra un dominio total del oficio y una conciencia cívica que mucha gente pensaba no existía en Venezuela.

"La influencia de los medios permitió salvar miles de vidas porque la información fue oportuna, verídica, y señaló las zonas más conflictivas. En las primeras horas de la tragedia lo que demostró mayor organización fue el trabajo de los medios. Se señalaron los puntos débiles del plan de rescate que las autoridades estaban operando, y se puso a la orden para informar, sin egoísmos de ninguna naturaleza. Y algo que no tiene precio, y ojalá que el gobierno se dé cuenta de esto, fue que la labor de los medios permitió que el mundo se diera cuenta de la magnitud de la tragedia, para dar paso a la gran solidaridad mundial".

 

Precaución y cautela

Como lo explica Ignacio Ramonet en su libro La golosina visual: "A veces la presencia in situ de los equipos de televisión desencadena una efervescencia artificial vorazmente filmada por las cámaras; los reporteros llegan, como quien dice, a poner en escena los comportamientos de las masas para dramatizar mejor el acontecimiento". Para Julio César Camacho, periodista de Radio Caracas Radio, quien desde Miami participó en el telemaratón del canal hispano WEYS, los periodistas han debido ejercer un papel más activo en la búsqueda de una información más cercana a la realidad.

"El gobierno fue el primer desprevenido. Censuró la información sobre la realidad por incapacidad y minimizó la dimensión del desastre, tanto así que hasta la prensa internacional fue pacata, sólo reprodujo la información tímida que emitió el gobierno, mientras que los canales de televisión, a excepción del profesionalismo que demostró Globovisión, se limitaban a describir al transmitir lo que el lente del camarógrafo captaba y algunos testimonios. Los reporteros tenían que acercarse al sitio del desastre y tomar los datos que suministraran las autoridades locales", afirma Camacho.

"Fue la precaución y la cautela", según César Miguel Rondón, "lo que signó el rol de los medios". Y es que estar consciente del posicionamiento que tiene una voz y una imagen, en la mente y aprecio de la audiencia, es parte de la responsabilidad del periodista a la hora de emitir algún comentario.

 

Tentación amarilla

Para Eduardo Sapene, vicepresidente de información y opinión de RCTV, no hablar de número de víctimas, sino ceñirse estrictamente a la información oficial, cumplía con parte del instructivo inicial, "nunca quisimos magnificar el dolor ni hacer uso de eso, porque la tentación es muchas veces muy grande por el nivel de sintonía que podría lograr", contaba mientras resaltaba las imágenes grotescas que no salieron al aire y la "valentía" de sus reporteros como David Pérez Jansen.

Camacho se queja del exceso de vedettismo de algunos canales de televisión, cuando "la vedette era la información. El alarde sin límites al informar debe ser eliminado. El medio se debe entregar a la comunidad".

Según Sapene, "las escenas de los reporteros afectados por el drama no fueron utilizadas como parte del show, todo fue espontáneo, aunque sí sabíamos que iba a haber este tipo de reacciones y más cuando pones una persona en pantalla".

En Globovisión, la totalidad del personal, 150 personas, fungieron como periodistas. "La lección como canal –reflexiona la periodista Nitu Pérez Osuna– consiste en aprender a prevenir y equiparse para una contingencia como esta. Nos dimos cuenta de que ni impermeables teníamos".

Rodeados aún de bolsas de dormir y ojeras reveladoras, los operativos de Unión Radio y Globovisión demostraron que no en vano son los especialistas de la noticia. Y aunque la historia y las tendencias señalan el encanto de la audiencia por lo visual, esta vez se asoma una gran revelación: "La penetración que demostró la radio no la supera la televisión, en la compañía que brindó al que solo contaba con una radio de pilas y la labor social difundida".

No en balde, Ana María Fernández supo decirle al presidente Hugo Chávez Frías, en un cierre contundente: "No se pelee tanto con los medios de comunicación, porque esto es lo que sabemos hacer. Y hoy usted se está dando cuenta...".

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