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Por Raúl Lotitto
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Lo más grave de estar en medio de una tormenta es no ver el horizonte. Así sucede en medio de esta crisis económica con desempleo y recesión a los peores niveles de los últimos 50 años (aunque los precios del petróleo alcanzan su mayor rango en el decenio), aderezada por un ciclón político de pronósticos reservados.
Elecciones inminentes, impugnaciones en ristre, huelgas, militares en disidencia, puja con los comandantes del 4F y, por si todo eso fuera poco, ataques verbales interminables y repetitivos del propio Presidente de la República hacia vastos sectores de la vida nacional: los medios de comunicación (blanco de un injusto e insólito bombardeo), los sindicatos, la Iglesia, los empresarios, la dirigencia política y no pare usted de contar, porque la cosa sigue. ¿Adónde nos lleva todo esto? No a buen puerto, seguramente. Lo que resulta muy preocupante y debería hacer pensar a los responsables de la administración del Estado que ha llegado la hora de buscar una fórmula de consenso que ayude a Venezuela a trabajar en serio para salir del desastre. Porque si así no sucede y rápido se corre el riesgo enorme de entrar en una crónica crisis sin retorno. ¿Lo pensaron? Para colmo, acaba de sumarse la amenaza inédita en Venezuela de empresas que están pensando en irse no ya por la baja de las ventas, sino por el aumento del crimen. Procter & Gamble, por ejemplo, y no es la única, según la Cámara Venezolano-Americana (Venamcham) el gremio empresarial más fuerte del país que exigió al presidente Chávez "soluciones globales, inmediatas y efectivas" para detener el hampa. Hay que sumarse a ese pedido claro pero ampliarlo: que las soluciones, Presidente, no sean sólo para acabar con los malandros, sino también para detener los enfrentamientos estériles, la tensión social y el enguerrillamiento absurdo que no conducen sino a incrementar la crisis, el desasosiego y la desinversión. Sería una forma impecable de despejar el horizonte, ¿no le parece? Raúl Lotitto |