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"No quiero un Estado que tenga una butaca en Fedecámaras" |
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Alfredo Peña vuelve a ser noticia, esta vez por sus contundentes declaraciones sobre la necesidad de privatizar en Vargas todas las empresas públicas, lo que se considera un adelanto de su programa político en caso de lanzarse a la Alcaldía Mayor del Distrito Metropolitano
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Periodista dedicado desde hace muchos años a denunciar la corrupción tanto desde el diario El Nacional como desde su programa en Venevisión, ex ministro de la Secretaría de la Presidencia del actual gobierno, y ex presidente de la Comisión de Economía de la Asamblea Nacional Constituyente, Alfredo Peña ahora evalúa la posibilidad de lanzarse como alcalde mayor del Distrito Metropolitano, decisión que no ha tomado aún a pesar de lo que señalan algunos medios, pero que sería un hecho si los resultados de las encuestas le resultan tan favorables como cuando se lanzó a la Constituyente.
Tras dos recientes viajes a Estados Unidos, donde tuvo oportunidad de compartir con representantes gubernamentales, empresariales y académicos, reitera que Venezuela no ha sabido aprovechar la tragedia de Vargas y convertirla en una oportunidad de reactivación económica. insiste en la tesis de la revolución capitalista para el país y propone la creación de un equipo especial para atraer inversión extranjera a Venezuela. PRODUCTO conversó en exclusiva con Peña, quien comenzó hablando, con su característico estilo enfático y apasionado, sobre la percepción de Estados Unidos hacia Venezuela.
-¿Cuál es la percepción que se tiene de Venezuela en Estados Unidos? -A ellos les parece sumamente importante y están absolutamente de acuerdo con la reforma institucional que se está llevando a cabo en Venezuela. Era necesaria e inevitable y ellos lo entienden así, particularmente lo que tiene que ver con el hecho de que en la Constitución se establezca la disciplina fiscal, señalando claros parámetros en materia macroeconómica. También lo que tiene que ver con Derechos Humanos. Creen que la reforma del Poder Judicial es vital. Es un clamor de los inversionistas enfrentar la corrupción, sobre todo en el Poder Judicial. No tienen ningún problema con la Constitución venezolana, reconocen que en ella está estampada, de una manera muy diáfana, la libertad económica, la libre iniciativa, la libertad de comercio, la libertad de empresa, igual que está consagrada la propiedad privada. Del mismo modo, ellos ven como muy positivo el artículo antimonopolio, con medidas muy severas para quien ostente posiciones de dominio, la competencia desleal, todo lo que afecte la libre competencia, interferido por actividades monopólicas u oligopólicas, inclusive por la cartelización, todo lo que tiene que ver con la fijación de precios producto de manejos y no por el mercado. Complementando esto, ellos ven muy positivo que este gobierno haya satisfecho una vieja aspiración de la empresa privada, la que tiene que ver con la Ley de Protección y Promoción de las Inversiones, dictada en el marco de los poderes especiales otorgados al presidente Chávez. Otro punto importante es del acuerdo bilateral de doble tributación. Ellos insisten también en un acuerdo estrictamente bilateral para la promoción y protección de inversiones. Pero no hay duda de que está el marco jurídico hecho para la inversión en el país. Esa sería la primera conclusión.
La revolución capitalista Alfredo Peña se precia de ser consecuente con las tesis neoliberales y remite a declaraciones suyas anteriores dadas a esta revista cuando asumió la dirección de El Nacional (PRODUCTO 95, agosto 91), y que resume diciendo ser partidario de la revolución capitalista. "La economía venezolana tiene más de veinte años cayendo y eso lo sabe todo el mundo. Yo, particularmente, creo que no han venido las inversiones a Venezuela porque aquí nunca se ha establecido un sistema capitalista. Ese es el problema. Por eso yo creo en la revolución capitalista. Un plano institucional bien definido, que es lo que estamos tratando de hacer con esta reforma política, unas reglas de juego jurídicas bien establecidas, una legislación que dé garantías a los inversores y al mismo tiempo un estado muy fuerte. Muy fuerte, repito, para que sirva de árbitro de la sociedad. Yo, particularmente, no estoy de acuerdo con un Estado capitalista. Aquí había un capitalismo de Estado. El Estado se adueñó de los hoteles, de los puertos, de los aeropuertos, de las pulperías, de las fábricas de sardinas, de todo un montón de empresas que han costado un ojo de la cara. ¿Cuánta ha sido la transferencia de dinero que se ha hecho a las empresas de Guayana, dejando abandonadas la salud, la educación, la infraestructura? Yo no quiero un Estado que tenga una butaca en Fedecámaras. Yo lo que quiero es un Estado fuerte para que logre el imperio de la ley, para que combata severamente los monopolios, la cartelización de precios, la competencia desleal, que garantice la libre competencia. Un Estado que permita que los empresarios sientan que cuando vienen aquí a traer su capital no hay riesgo, porque ahora está pasando que el alto riesgo que algunos inversionistas ven lo pagamos en altos intereses. Y el que viene a invertir quiere tener una tasa de retorno muy superior a la normal en el mercado. Eso es lo que tratamos de hacer con esta reforma institucional. La gente cree que el capitalismo es esa banda de delincuentes que se apoderó del Estado y lo arruinó. Eso no es capitalismo. Lo que se implantó aquí fue la corrupción".
Privatizar a Vargas -Usted ha señalado la necesidad de privatizar las empresas del Estado en Vargas. ¿Por qué? -Yo estuve en Vargas, pasarán años para reactivarlo, hay que entregarlo al capital privado, como hizo Fidel Castro con las costas más bellas de Cuba. ¿Cómo pudo Castro sobrevivir? Privatizando el turismo. Ahí están establecidas las grandes cadenas turísticas del mundo con las mejores garantías para la inversión. Fidel Castro privatizó nada más y nada menos que el aeropuerto José Martí, también la fábrica de tabaco. Lo que está quedando en Cuba de comunismo es el sistema político dictatorial, pero lo demás está entrando al área capitalista. Hay que hacer lo mismo en Vargas. Yo propongo concretamente que se privatice el aeropuerto de Maiquetía. El puerto de La Guaira tiene muchas hectáreas, y puede funcionar en la quinta parte de los terrenos que tiene si lo modernizan y el resto se puede utilizar en centros comerciales, en hoteles, viviendas, en recreación. Yo propongo, responsablemente, que se abra Vargas al capital privado desde Catia La Mar hasta Todasana, que se establezcan allí las grandes empresas del turismo internacional con casinos, con campos de golf, y que se le den todas las garantías, y veremos a Vargas convertido en un emporio turístico a lo largo de 10 años, pudiendo ser de los más importantes del Caribe. Esa tragedia se puede convertir en un milagro, como Europa convirtió en un milagro la destrucción de que fue objeto durante la conflagración mundial. De lo que se trata es de garantizar igualdad de oportunidades para todos, y el que genere más riqueza o más renta, pagará más impuestos, así de simple. Y el que no pague impuestos, preso implacablemente.
Un team triple A Peña considera que hemos dejado pasar la oportunidad de la gran tragedia que conmovió al mundo; a diferencia de Turquía que a los 15 días del terremoto de agosto de 1999 había obtenido créditos blandos de la banca multilateral por 3.000 millones de dólares y 1.500 millones en donaciones de los gobiernos. "¿Y por qué no lo logramos nosotros? Porque se requiere de proyectos, se tiene que tener un portafolio de proyectos, presentarlos a las grandes plazas de inversión del mundo. ¿Dónde están los reales que llegaron? No sé si al final llegaron 20 millones del BID, pero del resto nada, ni un dólar. Porque ellos lo han dicho muy claro: señores, traigan el proyecto. Estas embajadas que tenemos deberían servir de algo. Debería haber portafolios de proyectos en todas las áreas. Las embajadas deberían ser oficinas de negocios para promover agresivamente al país, no lugares para echarse palos. Yo he dicho desde el primer día que se nombre un team triple A con los economistas más competentes y mejor relacionados solamente para una tarea: el financiamiento de la reconstrucción, recurriendo al mercado abierto, a los bilaterales, a los multilaterales. Y luego, otro equipo dedicado a la reconstrucción, haciendo lo que tiene que ver con la parte urbanística, con la infraestructura. Son frentes que no se pueden mezclar. Una cosa es el financiamiento y otra es la reconstrucción en sí. Yo no he visto todavía de alguna gran empresa privada que diga aquí estoy. No van a venir si no hay proyectos, porque nadie invierte su capital sin proyectos. Y que el proyecto tenga una tasa de retorno y que haya condiciones idóneas para que usted exponga su capital.
¿A la Alcaldía Mayor? -En varios círculos políticos se comenta de su candidatura como alcalde mayor del Distrito Metropolitano. ¿Es cierto? -Si no cambiamos el sistema de funcionamiento de los partidos y de los sindicatos, vamos a tener en poco tiempo otra élite política corrupta en el poder. Esa es mi posición de toda la vida y no la voy a cambiar por ningún cargo en el gobierno. Yo he sido coherente en esto de la revolución capitalista. No tengo absolutamente ningún proyecto personal político. No he tomado ninguna decisión sobre lanzarme a la Alcaldía Mayor. El único proyecto que yo tengo es el proyecto de cambio que lidera Hugo Chávez y que quiere la sociedad venezolana. Cuando el Presidente me nombró ministro de la Secretaría de la Presidencia dije que yo iba allí porque él prometía unos cambios por los que yo había luchado toda mi vida y no ponerle el hombro significaría una inconsecuencia conmigo mismo. Pero dije también que si veía que esos cambios no se hacían, yo volvería a las trincheras del periodismo. Soy consecuente con mi pensamiento. Yo siempre he creído que Venezuela necesita urgentemente una revolución capitalista. No he descartado lanzarme como candidato. Y si hay una mayoría de la población que quiere que yo sea alcalde mayor, es probable que tome una decisión, pero tengo que verlo, porque yo no soy partidario de esas tesis soberbias y socarronas de los adecos de que ellos ganaban hasta con el negro Encarnación que era el portero del partido. Eloi Yague |
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