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Con Chávez manda el pueblo |
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| El candidato-presidente piensa reforzar su imagen en el propio punto de venta
El eslogan con el que se defiende el candidato y actual presidente, "Con Chávez manda el pueblo", incita, según Juan Barreto, uno de los estrategas de la campaña, a que la gente se pregunte "¿Y con quién mandaría el otro?". El mismo Barreto responde: "Con los defensores del proyecto neoliberal". Aunque enfatiza que Arias Cárdenas necesita de la figura de Chávez como punto referencial para elaborar su mensaje propagandístico, la comunicación política de este último también tiende a entrar en contrapunteo con las alusiones a su principal contrincante. Su eslogan es un ejemplo. La simbología política de la campaña está edificada en torno al personaje. Al igual que en el caso de Arias, pero por razones diferentes, el símbolo es el candidato: "Chávez está sembrado en el imaginario general. Es una marca y ya ha sido adquirida por la gente. En esa línea, calcula que el presupuesto publicitario gravitará en torno a 1 millardo de bolívares. Básicamente destinados a convocatorias de prensa para los actos de calle. También ametrallará con avisos en vallas, jingles en radio y una cuña de televisión durante la recta final.Según los cálculos de Barreto, en los últimos 14 meses el Presidente-candidato ha sumado un contacto directo con 2 millones de personas. Al aplicar un factor multiplicador, la cifra se ubica en unos 5 millones de venezolanos: "Por eso a lo que vamos es a una intensa campaña de giras. Vamos a tocar 2 y 3 veces las grandes y medianas ciudades del país con más de 100 recorridos". En cambio, dice, "Arias no ha podido tomar la calle. No tiene fuerza de masa porque la gente no cree en él. Y apela a la penetración mediática. Antes del inicio oficial de la campaña, gastó más de 2 millardos de bolívares en medios (cosa que el comando de Arias refuta, ver pag. 28), de acuerdo con nuestras mediciones diarias. Y va a tener que seguir saturando los medios para compensar esta debilidad, lo que es contraproducente". Conceptúa que la fuerza del contacto personal de Chávez con la masa decanta en una relación que los medios de comunicación no pueden sustituir: "éstos permiten la construcción de una relación informativa blanda, mientras que las emociones fuertes las transmite este contacto cara a cara", concluye.
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