La lección de la no elección

Por Raúl Lotitto

 

Dicen que la suspensión de las elecciones es un triunfo de la sociedad civil. Cierto. Sobre todo porque implica la reafirmación de la conciencia cívica y el espíritu democrático: atributos que Venezuela practica en firme desde la caída de Marcos Pérez Jiménez, y que a partir de ahora debe estar pensando en internalizar para siempre. Aún huérfano de líderes y cuasi desarmado en materia de andamiaje político, el país intuyó la conveniencia de reafirmar esos valores y reivindicarlos en el momento justo, confirmando a la vez una clave: le dio vida a la independencia de los poderes del Estado, a despecho de la peligrosa tendencia que se advierte por un modelo anárquico-autoritario, donde el caudillismo y la dedocracia pretenden imponerse sobre las instituciones.

Pero lo importante de la suspensión de los comicios no radica tanto en sus consecuencias puramente electorales –no obstante que el mayor beneficiario de la prórroga pudiera ser Arias– sino en que es la primera vez que Hugo Chávez pierde una batalla desde que asumió el gobierno. Ocurrió lo que nunca: le dijeron que no. ¿Cómo influirá esto en la conducta futura del Presidente? ¿Y en la del futuro Presidente? ¿Y como influirá dentro de la propia sociedad civil, luego de haber pasado esta prueba de fuego?

No es tan fácil responder las dos primeras preguntas, como acertar con la tercera. Seguramente, la sociedad civil vigorizará sus actuales instrumentos de lucha y empezará a reorganizar otras instancias que había perdido. Lo necesita, para revitalizar el genuino concepto de la política, que se apoya en la ideología para buscar el bien común.

Apostará a fortalecer aún más a los medios de comunicación, cuya credibilidad creció y crecerá todavía mucho, impulsando a los canalizadores de opinión más independientes, analíticos y combativos. Es determinante el rol que medios y periodistas están jugando en Venezuela. Un rol que, curiosamente, creció a pesar de la carencia de una oposición política estructurada.

Lejos de su tradicional y hermética acción como voceros, los medios masivos empezaron a ejercer un periodismo más interpretativo y opinático (amén de mejorar sensiblemente la faena informativa). Es lo que los ha revitalizado. Amén de los insólitos ataques de Hugo Chávez, que tuvieron el efecto paradójico. Cuanto más los denostó, más ayudó a consolidarlos. Del mismo modo en que ocurrió dentro de la Iglesia Católica, la discusión social, económica y política podría empezar a crecer en gremios, clubes, asociaciones e instituciones que antes se mantenían al margen por principio (o por la mezcla de temor y asco que inspiraba la siniestra partidocracia) pero que ahora pueden pasar a ser centros de participación.

Finalmente, este espaldarazo formidable que se ha dado a sí misma la sociedad civil puede seguir generando nuevos movimientos y partidos políticos en Venezuela, e incluso hacer que los viejos –si vencen el miedo, la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser– se atrevan a renacer debidamente depurados y oxigenados.

Raúl Lotitto
lotitto@infoline.wtfe.com