El riesgo es pinchar las marcas

Por Raúl Lotitto

 

En la era post-industrial el objetivo de una empresa es construir marca para lograr sólidas relaciones con el consumidor. Por eso, la crisis Firestone-Ford es ya un caso de estudio y en pocos meses –pueden apostarlo– aparecerán potenciales best sellers de la literatura empresarial preguntándose desde sus portadas: ¿qué pasa cuando todo falla?, ¿cómo multinacionales centenarias cayeron en esto?, ¿qué pasó con los controles de calidad?, ¿y con las estrategias de comunicación oportuna y eficiente?, ¿por qué tardaron tanto en tomar medidas?, ¿se hizo lo adecuado?, ¿fue un desastre el disaster plan?

Lo grave del caso es que afecta globalmente –como pocas veces antes– la reputación pública de dos compañías enormes complicadas por ahora en cuatro mercados: Arabia Saudita, Ecuador, Venezuela y nada menos que Estados Unidos. Países, los dos últimos, en los que avanza un verdadero escándalo de opinión pública por la cantidad de personas muertas: 88 víctimas fatales en EEUU y 46 aquí generaron no sólo indeseables noticias en muy importantes medios de comunicación locales y mundiales, sino también una reacción en cadena que involucra desde movimientos de consumidores, hasta juicios penales, pasando por investigaciones en el Congreso Norteamericano y la Asamblea Nacional de Venezuela. El pleito trascendió el mundo de los negocios para entrar en una etapa política de difícil pronóstico.

Nada bueno puede deparar todo esto a Ford Motor Company y a la japonesa Bridgestone/Firestone. De hecho, las acciones de Ford bajaron 18 por ciento en pocas semanas. Al principio, después que se rompió el silencio y tras acusaciones mutuas, ambas compañías pretendieron respaldarse individualmente en sus hasta ahora sólidas marcas, sin pensar quizá que son justamente esas marcas –construidas a todo lo largo del siglo xx– lo que está en juego en este lío.

Al cierre de esta edición Ford parecía haber hallado un camino: responsabilizar sin dudas a Firestone y proponer el cambio gratis de cauchos de la camioneta Explorer por similares de marca Goodyear (que sería el gran ganador). Firestone en cambio insistía en un "programa voluntario y espontáneo (sic) de satisfacción al cliente", y en defender "la calidad de todos nuestros productos", avalados, dicen los comunicados, "por la marca Norven": un sello de calidad hasta hoy indiscutible en Venezuela, que sin embargo enfrenta ahora todas las de perder si la Comisión Venezolana de Normas Industriales (Covenin) sigue dormida y no actúa como debe.

Tener una crisis tan seria por la calidad de los productos no implica un problema sólo de comunicación –claro– pero mucho tiene y tendrá que ver el modo en que Ford y principalmente Firestone (que parece la más afectada) aclaren ante la opinión pública las causas del problema y propongan una solución aceptable, además de responsabilizarse por los daños. Si eso no sucede, al consumidor le costará reponer su confianza... pero a las compañías les costará aún más reponer las pérdidas.

Raúl Lotitto
lotitto@infoline.wtfe.com