Aló presidente

Por Raúl Lotitto

 

No ayudan para nada a Hugo Chávez Frías los conceptos que emitió el domingo 22 de octubre, durante su programa Aló Presidente, sobre el caricaturista de El Nacional, Pedro León Zapata, y el editor del diario El Universal, Andrés Mata Osorio, a quien -además- ha atacado varias veces duramente en las últimas semanas.

Burlarse del doctor Mata por su manera de hablar arrastrando la erre (herencia de su educación en Princeton y Chicago University) o atacar a Zapata poniendo en duda la independencia de su creatividad, no solo es ofensivo, inmerecido e injusto, sino además innecesario. Un exceso que al primero que daña –desgraciadamente– es al propio Presidente, a la majestad de su cargo, al espíritu de tolerancia que debe animar siempre a la democracia (sea representativa o participativa) y a la tarea de construcción de una nueva nación en la cual está empeñado Hugo Chávez como jefe de un gobierno elegido por la mayoría del país.

Un país generoso, de espíritu abierto, enemigo del chauvinismo y la xenofobia, respetuoso de todas las ideologías, las religiones, las razas y las formas de pensar y de hablar del mundo entero. Un país que cultiva el humor tanto como el pluralismo y que tiene la suerte, entre otras suertes, de ser la cuna de Mata y de Zapata: venezolanos universales que –como todos en este bendito país– quisieran que la máxima fortaleza del Presidente no fuese la burla o la diatriba, sino defender y animar con el ejemplo el derecho de cada quien a pensar y expresarse libremente. Plomo va y plomo viene. Eso es bueno. Es sanísimo. Pero en un marco fundamental de respeto, tolerancia y equilibrio. Leyes del juego con las que nadie pierde. O mejor, con las que todos ganamos.

Raúl Lotitto
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