FIERAS DEL CONSUMO

Chamo, ponte un aro

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Fieras del consumo

Tatuajes y piercing son la contraseña adolescente que los papás y las mamás admiten, siempre que sean camuflables en el futuro

Tiene 16 años. Mientras Manuel Pereira, de la tienda Segundo Acto (Sambil Caracas), le trabaja un tatuaje desde el tobillo hasta la rodilla, no hace mueca de dolor. La mamá espera sentada. Su expresión es de "qué se va a hacer". A dos metros de esa escena, a una chica de edad ídem le colocan su segundo piercing en el ombligo. Parece que le va a dar un ataque, pero aguanta. Al final, toda roja y tensa, susurra: "No duele nada". El negocio del tatuaje y del piercing alcanza en Estados Unidos e Inglaterra unos 250 millones de dólares, incluyendo otras técnicas de modificación del cuerpo (branding o quemado tipo marca de ganado, y cutting con escalpelo).

En Caracas el movimiento es muy variable: mientras a veces hay colas para "modificarse el cuerpo", hay días más flojos. El costo de los piercing va de 26 mil a 45 mil bolívares, dependiendo del tipo de aro. Tatuajes, parten de 15 mil bolívares, y casi no hay límite: "La espalda o el cuerpo entero cuesta como 3 millones de bolívares", comenta Gregory Marrero, de la tienda Chell, donde sólo se hacen los tatuajes diseñados por Vladimir 2000.

Según Pereira, 70 por ciento del público es adolescente. Y de acuerdo con la experiencia de Marrero, 75 por ciento de la clientela que se tatúa es femenina. Ambos coinciden en la labor de "dar pausa" que realizan con los padres y los adolescentes. "A los padres uno les explica la higiene del proceso. A los muchachos, los orienta. Si por ellos fuera, se pintarían de tal forma, que en vez de mejorar su apariencia terminarían malográndose", cierra Marrero.

Lo que hay que saber

  • Marrero y Pereira son acuciosos con el aspecto sanitario. Además de regalar las agujas (más que nada es un ritual, porque una aguja de línea o de relleno solo dura para uno o dos tatuajes), esterilizan todo el equipo con ultrasonido, presión de más de 100 libras y temperaturas de 360 grados. "No haces nada botando la aguja si no cuidas los tubos", acota Pereira.

  • Marrero recomienda sólo los piercing de acero quirúrgico para la lengua. Los de titanio y nobio se destiñen muy rápido. Y los de plástico y acrílico, además de perder el color al poco tiempo, no se pueden esterilizar. De paso, se rompen fácilmente si se muerde duro.

  • Antes de entrar al quirófano lo mejor es despojarse de los piercing. Algunos equipos de emergencia (como el defribilador cardíaco) pueden causar "achicharramiento" eléctrico en el cuerpo del paciente por la transmisión de corriente hacia los aritos de metal.

  • El intercambio de anillos sólo puede hacerse después de que la perforación haya cicatrizado con el aro original. Hay que usar un lubricante a base de agua.
  • Inútil tratar de persuadir a un adolescente determinado a tatuarse. Y aunque la intención es exhibir (cuestión de gregarismo), lo mejor es inducirlos a dibujarse en algún sitio disimulable con la ropa.
  • Los padres del piercing contemporáneo, Doug Malloy, Jim Ward y Fakir y Alan Oversby, revelan las motivaciones para la modificación del cuerpo: estética, placer sensual, grabar un evento especial de la vida, compromiso en una relación, emblema de posesión o castidad, o símbolo de algún "reconcomio". En ese mismo orden.
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