ZULIA

Emplumado embrollo

El contrabando de productos avicolas genera perdidas por millardo y medio de bolivares a la industria nacional

Dos años de lucha gremial no han sido suficientes para enfrentar el contrabando de productos avícolas. Por eso, la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi) toma un segundo aire y, armados de la publicidad, despliegan una campaña dirigida a los consumidores en la que alertan sobre los riesgos a la salud que significa el consumo de los filetes de pechuga que entran al país sin certificaciones sanitarias.

Representantes de Fenavi y la Asociación de Granjeros del Zulia (Agranzu) han señalado que el contrabando de despresados de pollo acusó una reducción de 20 por ciento en la planta laboral del sector que llega hoy a las 450 mil personas. El negocio avícola en Venezuela incluye 1.500 establecimientos productores propiedad de 40 empresas que activan un canal de comercialización de 6.000 microempresas.

En lo que va de año, el contrabando le ha restado a la producción nacional ingresos de 1,5 millardos de bolívares, con el agravante del riesgo que representan para la salud estas importaciones con evidencias contaminantes, pues son portadoras de la bacteria salmonella.

Según Carlos Castellano, productor regional y propietario de la corporación Pimpollo (administradora de la franquicia local Mercapollo), únicamente en campañas de concienciación al consumidor los empresarios han invertido casi 15 millones de bolívares, afincando la estrategia en vallas publicitarias. "En el Zulia manejamos un total de 20 vallas, distribuidas 16 en Maracaibo y el resto en la Costa Oriental del Lago", explicó.

Domingo Francisco, presidente de Fenavi, puso la guinda: "Lo que dejan de pagar los contrabandistas en impuestos lo cancelan los productores en publicidad para contrarrestar los efectos del mercado ilícito".

Más allá de las pérdidas que pueda ocasionarle al inversionista local la penetración al mercado de estos productos aparentemente provenientes de Asia, está el riesgo de que cualquier persona pueda contaminarse e incluso perder la vida al consumirlo. Castellano advierte que esos filetes de pechuga "son gallinas y gallos viejos que pensaban ser vendidos como alimento para mascotas en los países asiáticos, a los cuales no les fue concedido el permiso requerido". De esa manera se decidió su colocación en América y ahora yacen sobre la mesa de muchos restaurantes nacionales, que son los primeros compradores de las piezas, según aclara el empresario. "Del consumidor independiente podemos señalar que está atendiendo a los llamados de advertencia y está dejando de adquirir estos productos que no tienen identificación alguna, son muy duros y están en mal estado", comentaron Francisco y Villasmil. Empresas como Pimpollo, Proave, Avipollo, Broso y Vilva han desenfundado la espada contra el contrabando y los resultados parecen concretarse.

En relación con el comportamiento del mercado tras el lanzamiento de la primera campaña contra los productos ilícitos, los empresarios aseguraron que ha habido buena respuesta por parte de los consumidores. "Es una ilusión pensar que con permitir la entrada de estos pollos se resolverá la situación actual", acotó Francisco. Con cifras en mano, dijo que lo mismo ocurrió con embutidos europeos que tenían costos hasta 40 por ciento por debajo de los productos nacionales y luego de un tiempo sobrepasaron entre 20 y 30 por ciento los valores de los venezolanos.

Tomar datos

En la categoría de filetes de pechuga, las empresas locales perdieron 50 por ciento de market share.

Zulia y Falcón son los estados más afectados por estos productos, que "entran por las islas del Caribe, provienen de Asia y han estado tres años almacenados", según comentaron los empresarios.

El Zulia produce 24 por ciento del pollo de todo el país.

El consumo per cápita anual de pollo del venezolano es de 22 kilos. Venezuela es el segundo país latinoamericano más consumidor después de Argentina. El promedio per cápita en Estados Unidos es de 38 kilos anuales.

Pese a las adversidades, crece el mercado avícola: entre junio y agosto, la producción llegó a 56 millones de kilos mensuales, contra un promedio de 42 millones que se registraban hace dos años.

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