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Por Raúl Lotitto
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El comunicado de la Asociación Nacional de Anunciantes (Anda), publicado el viernes 24 de noviembre para denunciar el acuerdo de cartel que urdieran Venevisión y RCTV en la preventa televisiva, resultó algo más que una toma de posición. Aunque si hubiera sido sólo eso ya era suficiente: es sabido que los gremios publicitarios unas veces por timidez, otras por complicidad casi nunca alzan la voz para reclamar nada; e incluso los dirigentes menos lúcidos entre anunciantes, publicistas y medios, abrazan todavía el infausto principio de que "los trapos sucios se lavan en casa".
Pero Anda esta vez se desmarcó de manera fundamental y ojalá que inaugurando un nuevo y necesario estilo produjo un llamado a la ética comercial, un alerta imprescindible para que todos los actores del mercado sean conscientes de lo que está en juego (más aún en los momentos que vive Venezuela) y defiendan la libre competencia con el máximo de sus fuerzas. El gremio de los anunciantes abogó sin eufemismos por reglas claras e igualitarias, libre convenimiento, confidencialidad, relaciones justas, criterios sanos, igualdad de condiciones, diversificación de medios, beneficios mutuos. En todo caso, Anda no estuvo sola en la pelea. Si bien no contó para nada con la Federación de Agencias Publicitarias (Fevap) cuyo activo silencio merecería un editorial aparte, tanto por sus motivaciones como por sus consecuencias, fue el presidente de la junta directiva de la Corporación Televen quien la ayudó a impulsarse. Ocurrió en la inauguración del nuevo edificio de su canal (48 horas antes del remitido famoso) cuando don Omar Camero reaccionó en su discurso contra "la cartelización de la preventa" de la cual se suponía víctima propiciatoria con toda la gente del negocio oyéndole y un Hugo Chávez más que atento como invitado de honor. Quizá fue el "empujón" que la Asociación de Anunciantes necesitaba. Pero lo cierto es que Anda hizo más de lo que muchos suponían y reivindicó principios comerciales clave de la empresa privada en un mundo plural, democrático y abierto. Principios tan obvios que se obligan a aplaudirlos hasta las televisoras que engendraron este lío, a las cuales ningún rating puede darles patente de corso. Pero, a la vez, Anda logró también la emblemática tarea de reivindicarse a sí misma. Algo que le hacía falta: ponerse a valer desmintiendo el repetido sortilegio que condenaba al gremio hasta ayer (y a veces no sin razón) bajo la descalificadora afirmación de que "Anda no representa a nadie". ¿Se podría decir hoy lo mismo? Muy difícil. La publicación del remitido sacó a la luz ideas, principios y ánimos de una junta directiva que parece dispuesta no sólo a "representar" a los anunciantes, sino también a defender su derecho a serlo. Y eso es lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo a la publicidad venezolana. Raúl Lotitto |