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Mayo 2001
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Secretos del sumario
La crisis de liquidez en Distribuidora Al Galope hizo correr a banqueros, pero especialmente a Carlos Sultán, quien se vio abligado a cerrar su cadena de tiendas ¡No puede ser Carlos Sultán, líder de las empresas en problemas --encabeza su holding Distribuidora Al Galope-- negociaba con ellos cuando el caso saltó al público gracias a una nota del diario El Nacional. Una espesa ola de rumores ganó la calle. Dependiendo de su proximidad con una u otra parte, los mentideros señalaban indistintamente a ambos --Sultán o los bancos (y particularmente el Venezuela)-- como fuente interesada en haber colado la noticia al periódico. Pero fue realmente Sultán quien informó al mercado cuando puso en el aire una atrevida cuña anunciando el cierre (ver nota "El salvador del sultán"). Así decretó la muerte de 30 tiendas ¡No puede ser, de las cuales algunas se transformarán en Graffiti, para sumar así un centenar de tiendas en todo el país de distintas categorías y tamaños (ver recuadro "Una por una"). En medio de las negociaciones, mientras los presidentes y directivos de primera línea de los bancos se llamaban a cerrado silencio, un vocero oficioso reveló a PRODUCTO que la situación era "muy difícil, pero con letras mayúsculas". Los banqueros infieren un mal manejo del negocio, con todo en una sola caja y Graffiti como big brother. Sospechan incluso que la expansión internacional hacia Miami con Asia Directo (un supermayorista que abre en pocos días, donde Sultán es socio de comerciantes orientales) habría engullido demasiado dinero. Por eso --hasta el cierre de esta nota-- querían refinanciar, pero dudaban en darle a Sultán el dinero fresco que pedía a gritos: 20 mil millones para afrontar tranquilo los próximos meses. Los bancos apenas ofrecían la mitad. Y no todos, porque el Provincial, por ejemplo, se negaría a poner más plata, aunque el comerciante dice tener garantías por 120 millardos, el doble de lo que adeuda. En todo caso, al mismo tiempo que se escriben estas líneas, Sultán pidió al Banco Industrial 10 mil millones para encontrar una salida. El problema tiene implicancias sociales, sociológicas, económicas y políticas. Tantas que el gobierno, y en particular --dicen-- el propio presidente y el ministro Luis Miquilena, también se preocuparon. Sultán habría sido un consecuente animador económico de la campaña política de Hugo Chávez, y su tarea como creador de trabajo es bien vista en Miraflores: Distribuidora Al Galope sumaba 10 mil 353 empleos directos (3 mil en No Puede Ser, donde ya hubo unos 600 despidos) y más de 5 mil indirectos. Pero una interesante contradicción es que ¡No Puede Ser se fundó hace un año y medio con la promesa básica de vender mercancía nacional en el mismo estilo y competencia de su gemela Graffiti, que ofrece mayoría de productos fabricados en Asia a precios irrisorios y que por su estrategia no solo atentó contra importadores rivales sino que levantó protestas en la industria local (ver "Amores y desamores"). Para aplacar esos ánimos, los hermanos Carlos y Simón Sultán idearon su propia competencia, en un peligroso juego de políticas opuestas: inundar el país de productos importados y alentar a la vez la sustitución de importaciones. Lo segundo también le gustó al gobierno. Quizá creyó como Sultán que la fórmula que había servido a Graffiti para alzarse en poco tiempo con un aura de éxito incontenible --apoyándose en una publicidad muy agresiva y de excelente creatividad-- iba a ser igualmente útil a ¡No Puede Ser. Craso error. Ahora, paradójicamente, la iliquidez impacta a uno de los generadores de efectivo más notables de los últimos años. ¿Y los medios? No se han alarmado todavía: el empresario está al día con sus principales apoyos en la conquista del mercado. En todo caso, desde el centro de la tormenta, Sultán habló con PRODUCTO. Sus respuestas --junto a la de otras varias fuentes consultadas-- conforman la compleja y completa investigación que sigue. Inicio de un caso que traerá cola. |
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