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Junio 2001
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Graffiti en restricción Sin encontrar aún el camino para solucionar la crisis de iliquidez, Al Galope solicitó un estado de atraso mientras arrecian las posiciones de los bancos y del mismo Sultán contra ellos, especialmente contra Santander y Banesco Después de fallidos intentos de negociación con la banca nacional, (ver PRODUCTO 212) la situación de Distribuidora Al Galope, dueña de Graffiti y las casi extintas tiendas ¡No Puede Ser, se mantiene en una tensa calma. El estado de atraso solicitado por Simón Sultán (hermano de Carlos) ante el Tribunal Noveno de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y Bancario (según lo contempla el Artículo 898 del Código de Comercio) esperaba al cierre de esta edición ser otorgado por la jueza Elba Mejías de González. Las primeras actuaciones del tribunal dan como un hecho que el atraso será otorgado. A partir de allí comienza un lento proceso de un año en el cual Sultán tendrá que convencer a sus acreedores de su potencial para salir de la crisis. Como lo establece el procedimiento legal, la jueza ya había nombrado los síndicos; en este caso tres abogados: Juan Carlos Alvarez, Jaime Riveiro Vicente y Nelson Mogna. También determinó la comisión de vigilancia compuesta por una terna de acreedores: un representante del Grupo Santander, un representante de Inversiones Acuática y otro de Grupo 35 Publicidad. Esto fue considerado un gol a favor de Sultán, pues un comprobado amigo en esa comisión de vigilancia siempre tiene valor estratégico. Sin embargo, la sorpresa vino una semana después, cuando Salvador Bonet, presidente de Grupo 35, declinó formar parte de la comisión aduciendo conflicto de intereses, puesto que su agencia de publicidad también lo es de Unibanca, como se sabe, otro de los acreedores de Al Galope. Un sustituto debe ser convocado por el tribunal para tomar el lugar de Grupo 35. No se descarta que sea un canal de televisión (Ver recuadro "Deuda por pantalla"). Hasta ahora, las cuentas vistas en papel -si se descarta la posibilidad de pasivos ocultos- hablan de una muy probable recuperación de Graffiti, dado que los activos (135,2 millardos de bolívares), superan con creces los pasivos de 83,2 millardos. Pero basta que algún acreedor no confíe en la potencial resurrección de Graffiti y se adelante a pedir la quiebra. Para allanar el camino, Distribuidora Al Galope debe hacer profundos y rápidos cambios en su administración de acuerdo a lo que establezcan los síndicos y los vigilantes acreedores. Adelante, el elefante A pesar de que el Santander secunda a Banesco (si se cuenta también a Unibanca) en los montos de deuda, es al Venezuela que Sultán culpa como principal causante de su "situación de iliquidez intempestiva". La visión de un solo riesgo bancario concentrado -en vez de dos independientes- fue la razón que adujo el Grupo Santander para reducirle a Graffiti el crédito de un solo plumazo. De nada le sirvió a Graffiti haber cancelado 13,2 millardos del total de la deuda con el banco hispano entre la segunda mitad del año 2000 y el primer trimestre de 2001. El incumplimiento de una carta de compromiso de amortizaciones suscrita por Sultán el 22 de diciembre de 2000, fue, en definitiva, lo que prendió la alarma entre los otros diez bancos que también le habían prestado dinero a Graffiti. La queja emitida por Sultán también salpica a Banesco, entidad con la cual Graffiti mantiene una deuda de 6 millardos de bolívares, puesto que en la argumentación ante la jueza afirma que Banesco agravó aún más la situación de iliquidez de Al Galope al "haber utilizado fondos que disponía la empresa en cuentas con Banesco por 381 millones para aplicárselos improcedentemente al pago de un pagaré". El punto es que -según Sultán- tal papel de deuda correspondía a Unibanca y no a Banesco. Una empresa domiciliada en Panamá -a decir de Sultán "filial o relacionada de Banesco"-, denominada Inversiones Kotana, C.A, le adeuda a su vez a Graffiti 2,79 millardos de bolívares en una operación afianzada por Banesco Holdings.
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