Abril 2002
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Los más aptos

Los gerentes de Pdvsa son esos tipos de flux que están orgullosos de la empresa para la que trabajan. Les gusta laborar allí porque llena muchas expectativas: tienen futuro, amplias posibilidades de crecimiento y proyectos interesantes para desarrollar. Además, al entrar les hacen un plan de vida, donde identifican cualidades y debilidades para ubicarlos donde debe estar profesionalmente dentro de la industria, para ir escalando posiciones y finalmente jubilarse, lo cual pueden hacer a los 60 años de edad. Por eso es normal encontrar en la industria gente que tiene entre 20 y 30 años en nómina. El potencial ejecutivo de la empresa estatal es reclutado al poco tiempo de egresar de la universidad. La profesión más común es la de ingenieros mecánicos, por ser los más versátiles, ya que pueden trabajar en producción y refinación. Le siguen los ingenieros químicos.

Entran a la empresa con unos 25 años de edad y son ranqueados para optar a la nómina menor, pero muy cercano a la mayor. De ahí comienza una carrera planificada. Ricardo Espina, consultor mayor de Desarrollo Comercial del CIED (Pdvsa), define al gerente petrolero como “una persona que ha pasado por diversas etapas dentro de la empresa; ha tenido diferentes posiciones sometidas a circunstancias muy complejas; recibido un entrenamiento para reforzarlo en aquellas competencias en las que a lo mejor es débil, y que ha superado estos procesos hasta llegar a una posición gerencial”.

Marisol Pulgar, de Desarrollo Gerencial del CIED, destaca que este proceso continuo de adiestramiento permite al gerente adquirir todas las habilidades y destrezas para tener la visión de lo que tiene que hacer y tomar las decisiones correctas en un negocio de este tipo. “Esto nos ha llevado ha evidentes indicadores a escala mundial”, es decir, un ejecutivo de la industria está de igual a igual con sus colegas del primer mundo.


Parra en la silla eléctrica

Gastón Parra Luzardo es un profesor de economía. Estaba, hasta hace poco, antes de que el presidente Chávez lo llamara para ocupar la más importante silla de Pdvsa, en la tranquilidad del Banco Central de Venezuela con un cartel pegado en la puerta que lo identificaba como primer vicepresidente, cargo al que ascendió luego de ser miembro, desde 1995, del Consejo Asesor del instituto emisor y por su vinculación con Diego Luis Castellano (presidente del BCV) y Domingo Maza Zavala. Se inició en la carrera docente en la Universidad del Zulia, donde dictó clases durante más de 30 años, hasta que sus pasos lo llevaron a la UCV (1976), en donde dirigió el curso de postgrado de Economía y Administración de Hidrocarburos.

Sus inquietudes no se limitaban a la actividad docente, también se dedicó a escribir artículos, libros y dictar conferencias, en los que cuestiona la conducción de la industria petrolera nacional con una fuerte posición “nacionalista”. Sus criterios coincidieron con el de otros profesores, casi todos ellos con innegables tendencias izquierdistas, como Francisco Mieres, Carlos Mendoza Potellá, Domingo Maza Zavala, y más recientemente, con el ex financista Luis Vallenilla (ex presidente de Cavendes, ¿recuerdan?). Hasta tal punto coincidieron, que formaron un grupo denominado Fundapatria, desde donde se dirigían saetas en contra de profesionales vinculados al petróleo, como Alberto Quirós Corradi, Luis Giusti, Humberto Calderón Berti, Andrés Sosa Pietri y otros a los que le acusaban de “antipatriotas y privatizadores” por apoyar la apertura petrolera. Pero, hasta ese momento, su ejercicio de la teoría y la crítica no pasaba de ser tinta y palabras. Las ideas del profesor Gastón Parra empiezan a tomar cuerpo en acciones concretas cuando toma el poder el actual presidente Hugo Chávez Frías. De hecho, lo escogen para ser miembro de la Asamblea Nacional Constituyente en 1999 y luego aparece como corredactor de la polémica Ley de Hidrocarburos en la que se suscitaron enfrentamientos con el general Guaicaipuro Lameda, para ese entonces presidente de Pdvsa. Lameda demostró en Pdvsa lo mismo que lo había hecho lucir en la Ocepre, su capacidad gerencial y su rápida incorporación a la cultura organizacional, hasta tal punto, que defendió a capa y espada la adscripción del sector gasífero a Pdvsa ante las evidentes intenciones del MEM de quedarse con esa gran tajada. Esto no formaba parte del libreto escrito en Miraflores y tampoco de lo que pensaba Fundapatria y el titular del Ministerio de Energía. La misión había que cumplirla: tomar Pdvsa para el Gobierno y someterla a los designios del MEM. El despido de Lameda le abre la puerta a Gastón Parra para cumplir con el plan que no se había podido concretar con Mandini, Ciavaldini ni Lameda. Tal vez, el profesor de economía pensó que su repentino nombramiento a la presidencia de la empresa más importante del país sería un broche de oro en la culminación de su carrera, especialmente con el prestigio y el sueldo que allí se gana. Tal vez, Gastón Parra creyó que había llegado la oportunidad para llevar a cabo las teorías que tanto tiempo habían fermentado en su cerebro. Pero el destino juega con la suerte de los hombres, ahora como intelectual de izquierda, le toca transformarse en un patrono que despide a un personal valioso por no coincidir con sus ideas ni sus acciones. Debe cerrar los ojos ante el término meritocracia, que tanto en la Universidad del Zulia como en la UCV es una escalera obligada por la que les toca transitar a los profesores para subir de escalafón, luego de aceptar a unos directores que brincaron sobre colegas con mayor currículum. Le toca imponer, como lo dijo en cadena televisiva el vicepresidente Diosdado Cabello, la autoridad.Autoritarismo que paró al país durante varios días y ocasionó un clima de caos de consecuencias impredecibles.

S. L.


Imagen en gotas

¿Cómo se ha visto afectada la imagen de Pdvsa a raíz del impasse entre el Gobierno y los gerentes de la petrolera? Un experto en el tema, que prefiere reservar su identidad, señala que hay que establecer una diferencia entre la problemática operativa de la corporación y la marca Pdvsa como tal. Una marca, dice la fuente, se caracteriza porque identifica a una compañía, producto o servicio, crea diferenciación, construye lealtad y genera confianza entre los diferentes públicos. “Pdvsa ha hecho eso por su marca. Tan es así, que hay todo un país movilizándose por esos postulados”, dice.

Sostiene que el conflicto podría impactar en el mediano o largo plazo. Actualmente, la marca Pdvsa “está demostrando que ha sido tan bien construida y posicionada, que puede resistir los embates de una coyuntura operativa sin perder su valor. Si se hiciera una investigación, diría que los venezolanos sentimos la marca mucho más cercana”.

Manifiesta que el discurso del Ejecutivo criticando la actuación de la alta gerencia no ha permeado en la imagen de la empresa, la cual es sólida, comprometida con la comunidad, apegada a valores éticos y arraigada a una fuerte cultura corporativa. “El tener una marca fuerte deja una reserva de buena voluntad para fallas o errores ocasionales. En estos momentos Pdvsa cede parte de su reserva para que un gobierno y una gerencia se enfrenten teniéndola a ella de por medio”, explica.

Sin embargo, la situación tiene un límite. La imagen, indica, sí se verá afectada si se producen resultados distintos a los que la industria está acostumbrada como consecuencia del cambio de una gerencia con conocimiento y know how, por otra sin el conocimiento y la experiencia requerida. Por último no deja lugar a dudas acerca de que el éxito de la marca Pdvsa es el resultado de una gerencia sana y eficiente. “No puede haber una marca exitosa con una gerencia incapaz por detrás”.


Pantalla dividida

Por primera vez en la historia de las cadenas gubernamentales en televisión, la pantalla se divide en dos. Esto ocurrió en la cadena número 13, del martes 9 de abril, cuando intervenía la ministra del Trabajo, María Cristina Iglesia, luego de 12 emisiones gubernamentales que se repetían cada 15 minutos para interrumpir la cobertura noticiosa de los acontecimientos relativos al paro convocado por la CTV y respaldado por Fedecámaras y grupos de la sociedad civil.

La interrupción de la programación de las televisoras privadas por las constantes cadenas ordenadas por el presidente Hugo Chávez (que aceptó públicamente que lo llamaran Hugo “Cadenas” Chávez), que sumaron un total de 222 minutos y obligaron a la Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA) a suspender los anuncios publicitarios pautados para ese día, lo que significa una merma considerable en la inversión publicitaria (que María Teresa Almarza, presidenta de ANDA, calcula en más de 2 millones de dólares en un día), molestó a los ejecutivos de las televisoras, quienes decidieron acatar las cadenas, pero dividieron la pantalla en dos: por un lado aparecían los mensajes oficialistas y por el otro se veían imágenes de diferente índole, desde tomas en Pdvsa hasta videoclips en el caso de Puma TV.

Además, en la parte baja de la pantalla, se leía un mensaje permanente con el siguiente texto: “Consideramos que la transmisión en cadena es expresión de un abuso de poder y de una extralimitación de funciones por parte del Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, funciones claramente delimitadas por el artículo 192 de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones y su reglamento. Con esta abusiva intervención se viola el sagrado derecho a la información del pueblo de Venezuela y se altera al mismo tiempo el indispensable equilibrio y pluralismo político necesario en toda democracia. Libertad, equilibrio y pluralismo garantizados por los artículos segundo, 57 y 58 de la Constitución Bolivariana de Venezuela y por el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, ley vigente en Venezuela y de aplicación constitucional en virtud del artículo 23 de la Constitución”.

El Gobierno se mostró sorprendido por esa acción de las televisoras privadas, y el vicepresidente Diosdado Cabello criticó la interpretación que hacen los medios televisivos sobre la Ley de Telecomunicaciones, al argumentar que las cadenas no necesariamente tienen que mostrar al Presidente y a sus ministros para que sean legales, sino que lo importante es el origen, que sean ordenadas por el Presidente o sus ministros. Justificó las reiteradas cadenas con el argumento de “mostrar la verdad” y dijo que analizarán la “censura” que conlleva esta división de la pantalla ante un mensaje del Gobierno. Sin embargo, al día siguiente, el miércoles 10, hasta la 1:00 pm (al cierre de esta edición) el Gobierno se sumergía en el silencio, sin volver a utilizar las cadenas.

Por otra parte, la OEA criticó “la aplicación abusiva” de las cadenas a través de un comunicado de la Relatoría para la Libertad de Expresión.n


La pérdida de la cultura organizacional

El cambio violento de la cultura organizacional no solo tiene que ver con lo que acontece en Pdvsa, sino que afecta a cualquier institución que se ha desarrollado mediante normas y conductas específicas y transparentes, que repentinamente sufren un cambio brusco proveniente de fuerzas externas.

La revista PRODUCTO consulta a varios especialistas en temas gerenciales y de recursos humanos para analizar los posibles impactos que generan estos cambios violentos en los paradigmas empresariales.

De ganadoras a perdedoras

Lo más preciado en una empresa, que normalmente se adquiere a través de muchos años de establecer normas de conducta y de defender sus valores, es su cultura organizacional. La cultura es lo que da a la empresa su solidez y fortaleza para sobrevivir en momentos de crisis.

La pérdida de esa cultura transforma a las empresas de ganadoras a perdedoras, de productivas a improductivas, de competitivas a empresas signadas por la mediocridad. Cuando se rompe la cultura por razones violentas, como podría ser el caso de Pdvsa, la empresa queda a la deriva, siendo presa fácil de las aves de rapiña que pelearán entre sí para ver a quién le toca la mejor parte. Tenemos ejemplos de cambios culturales hacia lo positivo, pero tenemos muchos más de cambios que han causado la destrucción de las organizaciones y que en muchos casos han causado su cierre definitivo. Igual sucede con la meritocracia. Las empresas bien administradas, que deben competir en un mercado globalizado, usan como uno de sus baluartes para defender sus valores corporativos a la meritocracia, que no es otra cosa sino reconocer el mérito a cada uno de sus trabajadores, reconocimiento que lleva a los mejores a ocupar los cargos de dirección de las empresas después de años de aprendizaje y crecimiento constante de la organización. Y no solo sucede con los cargos gerenciales, sino con los cargos técnicos, reconociéndole al mejor técnico sus aptitudes y habilidades para asignarle cada vez proyectos de mayor envergadura y responsabilidad. Y eso se gana, no se regala. Es por ello que cuando una empresa que ha venido siendo administrada con una política abierta de competencia sana entre sus empleados pierde súbitamente esa manera de reconocer a sus empleados por lo que realmente valen, surge una desmotivación que no hace otra cosa sino destruir su competitividad. Si la razón para surgir en cualquier organización es a partir de relaciones, compadrazgos y favores, nse pierde totalmente el afán de ser mejor, de superarse, de esforzarse por ser un mejor profesional. Es por ello, que si no hay reconocimiento al mérito individual lo que se promueve es la mediocridad.

Miguel Antonetti Gerente general Korn/Ferry International (líder mundial en asesoría en capital humano y búsqueda de talento ejecutivo)

Un daño difícil de reparar

Esta llamada meritocracia, o sea el ascenso a los puestos de dirección de la estatal petrolera no es nada diferente a lo que se aplica a cualquier otra empresa importante donde se quiere asegurar la buena conducción. Cualquier empresa que ignora este precepto corre el grave riesgo del deterioro de su capacidad productiva y competitiva.

En el caso de Pdvsa es totalmente inaceptable el nombramiento de una junta directiva mayoritariamente de corte político. En la dirección de esta empresa deben estar, en su mayoría, las personas más capaces y que mayor mérito tienen por su larga carrera y experiencia

en los diversos aspectos del manejo de una industria como la petrolera, nque es demasiado compleja para no ser manejada por las personas más calificadas. El daño que se le puede hacer a la empresa más importante del país será de difícil reparación, con pérdida de la reputación comercial y crediticia de Pdvsa en el exterior y riesgo de menor interés en inversiones en el sector petrolero del país. Ya la pérdida de potencial de producción con la disminución de actividades de perforación y reparación de pozos y el endeudamiento forzoso de Pdvsa a fin de poder pagar dividendos irreales al accionista, son dos factores que han contribuido en forma importante al deterioro de Pdvsa. Es vital para el país detener este proceso de deterioro, so pena de afectar gravemente la economía de la nación y perder finalmente una empresa que hasta ahora ha sido el orgullo de todos los venezolanos.

Rafael Alfonzo
Presidente de Cedice y de la Cámara de Comercio de Caracas

Cualquier modelo es mejor que la politización

Cuando se plantea el problema en términos de “meritocracia contra politización”, se restringe el alcance de la discusión, considerando que meritocracia es solo un modelo organizacional entre los tantos que hay, y no necesariamente el mejor, por cuanto induce a rigideces a una corporación que al convertirse de petrolera en energética, requiere del máximo de flexibilidad y agilidad posible. El planteamiento debería ser solamente NO A LA POLITIZACION, sin tener que incorporarle las vulnerabilidades asociadas a un modelo particular: cualquier modelo es mejor que la politización. Ahora, si el tema se asocia a si el accionista tiene derechos estatutarios y los trabajadores tienen derechos culturales, entonces la discusión pasa a otros planos en los cuales nadie gana. La solución pasa, como casi siempre, por la negociación y el entendimiento mutuo, sin inflexibilidades. Ya la meritocracia se rompió en Pdvsa. La petrolera estatal ya no puede volver a ser lo que era hace un mes. Se pasó al campo político. De la ruptura podría salir algo bueno, con una empresa energética con nueva cultura organizacional, producto del choque de paradigmas entre lo que cree el Gobierno y los empleados.

Benjamin Tripier, socio ejecutivo
de la firma de consultores gerenciales Nueva Tecnología de

Pdvsa, la primera empresa del país y de América Latina, y la segunda petrolera más importante del mundo, vive una crisis inusitada: los gerentes rechazaron la nueva junta directiva designada por los accionistas (el Gobierno) el pasado mes de febrero --la cuarta en tres años-- al considerar que se lesionaba su meritocracia, esquema institucional que ha permitido hasta ahora que asciendan los más preparados a los cargos superiores; sin embargo, sus líderes fueron despedidos directamente por el presidente Hugo Chávez, durante la transmisión encadenada de su programa Aló, Presidente. Las repercusiones fueron inmediatas: paralización de la infraestructura petrolera y administrativa, y un paro convocado por la CTV y respaldado por Fedecámaras. ¿Qué pasará si efectivamente la política gubernamental penetra Pdvsa, derrumba la meritocracia y la selección de los gerentes responda en el futuro a presiones y preferencias partidistas? Producto aborda en este informe lo ocurrido en Pdvsa (hasta el cierre de esta edición), hechos que no tienen precedente en el país, y sus posibles consecuencias

Por primera vez en los 26 años de Petróleos de Venezuela, un grupo de sus disciplinados gerentes decidió protestar públicamente contra órdenes superiores y sus líderes fueron despedidos. Esta rebelión histórica comenzó el pasado 25 de febrero con la publicación de un comunicado de rechazo --firmado por 44 miembros de la nómina mayor de la empresa-- contra la cuarta junta directiva nombrada por el gobierno del presidente Hugo Chávez en solo tres años. Las consecuencias hacen tambalear a la primera industria del país, responsable de generar 80 por ciento de las divisas que recibe Venezuela.

Los gerentes consideran una bofetada el nombramiento de 5 directivos: Alfredo Riera, Argenis Rodríguez, Félix Rodríguez, Luis Dávila y Jesús Villanueva que, según los esquemas corporativos, no tienen los méritos suficientes ni el training apropiado para dirigir la industria petrolera nacional, especialmente si se considera que “brincaron” varios escalones para llegar allí, en desmedro de otros gerentes a quienes les “correspondía” sentarse en las butacas de la dirección, por haber cumplido con los pasos necesarios.

Estas designaciones son consideradas como uno de los intentos de politización más atrevidos en la historia de la industria petrolera. Juan Fernández, gerente de Control Financiero de Pdvsa y uno de los ejecutivos rebeldes despedidos, explicó a PRODUCTO que la motivación para esta protesta es que esos 5 nuevos directivos, aunque tienen una carrera y una trayectoria en la empresa, son de menor nivel. “Hay un número significativo de profesionales con méritos suficientes para ocupar esas posiciones. Entonces, lo que sucedió fue una reacción que se refleja en el lema salvaguardemos a Pdvsa en el cual este grupo de 34 o 44 (gerentes rebeldes) hace un alerta de que estamos nuevamente saltándonos la meritocracia y que eso tiene un riesgo importantísimo de politización de Pdvsa, porque no sería el mérito lo que llevaría a la gente de la industria a manejar el negocio”.

En una carta enviada el 4 de marzo, los gerentes rebeldes le piden la renuncia a estos cinco directivos, porque “no están listos para tener el liderazgo indispensable que les permitiría dirigir a colaboradores más capacitados que ellos y tener las competencias de dirección y negocios para manejar una empresa de la magnitud y características de Pdvsa y las competencias relacionales necesarias para tomar de manera ponderada decisiones sobre la organización”.

Los gerentes rebeldes dicen que una sociedad mercantil como Pdvsa debe operar de manera eficiente, autónoma e independiente de los vaivenes políticos para ser eficiente. Mientras que el Gobierno señala que el nombramiento es legítimo, despide a los líderes del movimiento e inicia una confrontación que ocasiona un caos en el país.

Según los estatutos vigentes de Pdvsa, Titulo IV, Capítulo I, cláusula décima séptima, el presidente de la República designará mediante decreto a los miembros del directorio de la empresa estatal compuesta por 11 --presidente, vicepresidentes y directores--. En esa normativa la única especificación que se hace tiene que ver con el nombramiento de uno de los directivos que deberá hacerse con arreglo a lo dispuesto en la Ley sobre Representación de los Trabajadores en los Institutos Autónomos, Empresas y Organismos de Desarrollo Económico del Estado. Sobre esto hay diferencias de opiniones, si bien es cierto que el Ejecutivo tiene facultades para nombrar a los miembros de la directiva de Pdvsa, los empleados aseguran que esto debe hacerse con los “elegibles” dentro de la industria, esto es, escogiéndolos de los que están en el escalafón más alto en la industria.

A propósito, el ex presidente de Pdvsa, Guaicaipuro Lameda, cuando estaba en el ejercicio del cargo dijo que existe un concepto moderno en la nueva Ley Orgánica de la Administración Pública que busca superar causas estructurales de ineficacia en el sector público, entre las cuales destaca las relaciones entre los diferentes niveles de gobierno (central y descentralizado), limitando los niveles superiores a su tarea fundamental de generar y coordinar políticas públicas.

“En este sentido --dice Lameda-- percibo que al hablar de gobernabilidad de la actividad productiva y comercial estamos confrontando dos estrategias: dividir para gobernar frente a fortalecer para agregar valor. Esta es una confrontación del ejercicio de poder ante la reconocida facultad para conocer, comprender y controlar, frente a la posibilidad de fortalecer para crecer en un ambiente de confianza, honestidad y respeto institucional.”

También el ejecutivo argumentó a su favor que no es la primera vez que se saltan méritos para los ascensos en Pdvsa y que no se entiende este acto de indisciplina de la nómina mayor de la industria. Esto en parte también lo reconoce Juan Fernández, cuando señala que “nuevamente” se saltan posiciones por razones que van más allá del mérito. Pero explicó que esta “violación tan nefasta” de la meritocracia implica un ingrediente muy político, “porque en las juntas anteriores había cierto balance entre el personal, tanto de los que toman las decisiones de negocios en una actividad tan compleja como esta, como los que venían del sector externo. Había un contrapeso de ese ejercicio para que el negocio funcionara”.

Janet Kelly, profesora de economía política e investigadora del IESA, coincide con Fernández en este punto. Destacó a PRODUCTO que los elementos políticos siempre han estado presentes en la historia de la empresa, posiblemente “nadie ha hecho lo que hizo Hugo Chávez, nadie llegó tan lejos...”.

La violación de la meritocracia fue exagerada, como explicó a PRODUCTO Alfredo Gómez, asesor de Aspectos Regulatorios y Entornos de Pdvsa Gas. Algunos de los cinco directivos protestados ascendieron de 3 a 5 grupos en tres años (ver recuadro Qué es la meritocracia). Esto no es normal, porque para subir de uno a otro se necesitan al menos de dos años, lo que implica que en solo tres cubrieron una carrera que se hace entre 6 y 15 años. Indicó que esto no se logra a menos que seas un súper genio o que te ayuden desde el poder. Por su parte, según Pablo Medina, el presidente Chávez se saltó ocho grupos gerenciales al designar a Argenis Rodríguez como director de Pdvsa. “Un récord sin antecedentes en los 25 años de funcionamiento de la petrolera estatal”.

Alberto Quirós Corradi dice al respecto que resulta poco transparente que el Gobierno haya publicado unas notas de vida (currículum) de los empleados seleccionados para integrar la junta directiva de Pdvsa, sin publicar también una mejor hoja de vida de los que no nombraron. Se pregunta el experto petrolero: “¿Cómo se justifica la salida de tres gerentes, que ya estaban en la junta directiva, 6 o 7 años antes de que les correspondiera su jubilación? Nos referimos a Karl Mazeica, Vincenzo Paglione y Eduardo Praselj. Y qué decir de las hojas de vida de los 20 o 30 gerentes que tienen mayores méritos y han ocupado posiciones muy superiores a las que pueden exhibir los nombrados. Por último, ¿cómo pueden prometer defender la meritocracia quienes son una consecuencia de su violación?”.

En la polémica también interviene Andrés Sosa Pietri, ex presidente de Pdvsa, que en unas declaraciones al diario El Nacional dice lo siguiente: “Los actuales directivos son empleados a los cuales les faltaban cuatro y cinco niveles de la escala que está legalmente establecida en Pdvsa. Tenían que esperar más tiempo dentro de su carrera profesional en la industria para ingresar a esa junta directiva. Esta acción destruye la ilusión de que se les reconozca por su excelencia. Es tan chocante para los trabajadores de la industria petrolera que se violen esas escalas, como molesta el uniforme militar que se coloca el Presidente ante los generales de división, ya que en realidad frente a ellos él es un teniente coronel, que fue elegido como hombre civil presidente de la República y de allí que ahora sea su comandante en jefe”.

Ni la primera ni la última

Tampoco esta es la primera vez que en este Gobierno se viola la meritocracia. El segundo presidente de Pdvsa durante este régimen, Héctor Ciavaldini, estaba ranqueado con el número 27, grado que corresponde a la nómina mayor, mas no a la ejecutiva que va del 30 al 42. Fue destituido al poco tiempo de ser nombrado por el presidente Chávez. Andrés Sosa Pietri dice que Ciavaldini es lo más gris que ha pasado por Pdvsa y su salida fue lo mejor que pudo haber ocurrido.

Además, el simple hecho de haber nombrado 4 directorios en tres años, desde el punto de vista gerencial, puede hacer un grave daño a una empresa, ya que la productividad implica continuidad de liderazgo.

El único respiro que ha tenido la industria en este Gobierno fue la gestión del general Guaicaipuro Lameda. Según señaló Juan Fernández, a pesar de que la industria había sido vapuleada por Roberto Mandini --primer presidente de Pdvsa en este régimen-- y Ciavaldini, Lameda trató de rescatar los principios y valores de Pdvsa.

Fernández explica que Lameda logró definir la visión, la misión y los valores de la empresa y “a los 15 meses lo sacaron”. Es interesante que aún hoy muchos gerentes de la industria mantienen conjuntamente con su carnet de identificación una tarjeta que fue distribuida durante la gestión del general donde se lee: “Visión: ser la corporación energética de referencia mundial por excelencia”; “Misión: satisfacer las necesidades de energía de la sociedad, apoyándonos en la excelencia de nuestra gente y tecnologías de vanguardia y creando el máximo valor a la nación”, y “ Valores: dirigimos nuestros negocios con la perspectiva de cumplir nuestra visión y misión fundamentados en integridad, respeto por la gente, equidad, responsabilidad social, seguridad y competitividad”.

Siendo presidente de Pdvsa, el general Guaicaipuro Lameda dijo algo interesante y premonitorio sobre la polémica desatada actualmente, en el pronunciamiento que hizo con motivo de la discusión del anteproyecto de la Ley de Hidrocarburos. “Escuché percepciones acerca de lo que debemos hacer para evitar que Pdvsa pervierta la contribución fiscal, para que no se imponga sobre el Gobierno, para recuperar su control, porque, según se dice, es sumamente poderosa e incontrolable y que se ha ido de las manos de su ministerio de adscripción. En mi opinión estas percepciones no reflejan la realidad de la corporación que hoy me honro en dirigir”.

Lo cierto es que este Gobierno, incluso antes de serlo, ha atacado la imagen y el propio corazón de Pdvsa a través de acciones políticas y escritos firmados por su actual presidente Gastón Parra Luzardo, Francisco Mieres, Mendoza Potelá y Luis Vallenilla (ex presidente de Cavendes), entre otros, que conformaban un grupo denominado Fundapatria, que se oponía a la apertura petrolera y a la relativa autonomía de Pdvsa.

El nombramiento de la actual junta directiva fue la gota que rebasó el vaso --en palabras de Juan Fernández--. Lo que al principio parecía una protesta por evitar unos nombramientos, se ha convertido en una lucha para que Pdvsa sobreviva. Esto incluso se refleja desde el primer comunicado de los gerentes rebeldes. En ese escrito ya se habla de una crisis dentro de Pdvsa como consecuencia del ataque a su institucionalidad. Allí rechazan los constantes atropellos, ofensas, vilipendios e injurias públicas emanadas de los altos funcionarios del Estado, que como muchos recordarán incluyen al propio presidente Hugo Chávez, que viene cuestionando la conducción de Pdvsa desde su campaña electoral. Incluso Chávez se planteó en ese momento vender Citgo y todas las empresas en el exterior porque “no daban resultados”, desconociendo de esta forma la estrategia y el negocio global.

Los empleados en conflicto no pueden ver con buenos ojos que “enemigos históricos de la empresa, por razones de ideología política o por intereses personales”, ocupen posiciones de dirección en la misma. En resumen los gerentes perciben una estrategia para imponerle a la principal empresa estatal del país una ideología que es contradictoria a los objetivos de una sociedad mercantil como lo es Pdvsa.

Pero también hay que tomar en cuenta otros factores que contribuyeron a esta rebelión. En primer lugar los ejecutivos de Pdvsa son, según Janet Kelly, antichavistas naturales, que reaccionan dentro de una convulsionada situación política nacional. Luego están antecedentes exitosos como el triunfo de Fedepetrol sobre Ciavaldini. Otros ingredientes lo constituyen los artículos de prensa escritos por Humberto Calderón Berti y Alberto Quirós, “que casi incitan a la resistencia”, y el apoyo de parte de la sociedad y la oposición. Todo esto “va creando el ambiente y se da una chispa con cierto liderazgo dispuesto a mostrar la cara”, como el caso de Edgar Paredes, vicepresidente de Pequiven.

Revancha y cambio ideológico

Janet Kelly conoce de cerca la historia de la industria petrolera venezolana. Narró para PRODUCTO cómo se tejió una serie de resentimientos que continúa afectando a la empresa. Los primeros comenzaron con la nacionalización, a mediados de los años 70, en una competencia entre los funcionarios que se quedaron en el Ministerio de Energía y Minas y los que pasaron al recién creado holding petrolero estatal y que explican las recientes rencillas.

Los que se quedaron en el MEM ganaban menos y eran considerados los peores profesionales. En estos años circula la especie de que los empleados de Pdvsa son unos arrogantes, que la empresa es la poderosa y el ministerio es el débil, pero eso no era algo que se veía como un problema en el momento, explicó Kelly.

Después vienen los choques entre las filiales que se crearon a imagen y semejanza de las concesionarias extranjeras y heredaron la cultura de esas empresas. Esta rivalidad fue considerada positiva en un principio, porque se pensó que generaría una competencia sana entre ellas. Pero poco a poco se empezó a decir que no lo era, y más cuando el holding quería terminar por romper de una vez por todas los nexos con las empresas del exterior. Kelly recuerda que aún en los años 80 había, por ejemplo, empleados en Maraven que se consideraban “gente Shell”.

“Entonces, desde el directorio de la industria, empiezan a tener la idea de que hay que mover a la gente --entre las filiales-- y romper la cultura separada, esto en la primera etapa. Después había que imponer una cultura Pdvsa”, destacó la académica. Con la apertura y la gestión de Luis Giusti (1994) afloran las rivalidades históricas entre las tres principales filiales u operadoras. Se dice que “Maraven al poder, Lagoven al carajo y Corpoven, haciendo el trabajo”.

Y es el propio Giusti, quien provenía de Maraven y se le acusa de privilegiar a la gente de esta filial, el que finalmente reestructura de una vez por todas a Pdvsa, fusionando todas sus filiales en 1997. La apertura petrolera fue duramente criticada, incluso por directivos de la industria y actuales miembros del oficialismo. Se dijeron muchas cosas, entre ellas que Giusti pretendía privatizar la empresa estatal. El hecho es que la primera ronda se hace antes de que él sea nombrado presidente de Pdvsa. Arrancó en 1993, con las primeras dos rondas que buscaron asociaciones estratégicas con empresas extranjeras para poder ampliar la capacidad de producción de hidrocarburos. La razón era que Pdvsa no contaba con recursos propios para eso.

Tras ese revuelo, Chávez asume la presidencia en 1998 y nombra a Roberto Mandini presidente de Pdvsa. Pero este hombre, con 39 años en la industria petrolera, no se prestó para un plan de venganza planeado contra “el clan Giusti”, gestado por un grupo de gerentes afectos al Gobierno, encabezado por Héctor Ciavaldini, quien fuera despedido de la industria y la demandó por daños emocionales, antes de ser designado presidente de la petrolera.

“Este fue el hombre con el que el presidente de la República sustituyó a Mandini. Fue la primera bofetada seria que se le dio a la meritocracia petrolera y el inequívoco preludio de cosas por venir. Ciavaldini, quien no había llegado a niveles ejecutivos superiores en la petrolera estatal, demostró con sus torpezas, la razón de su fracaso como empleado de Pdvsa y tuvo que ser removido del cargo”, acotan trabajadores de Pdvsa. Paralelamente, se creó el Frente Revolucionario de Trabajadores Petroleros, un grupo de opinión integrado en su mayoría por cuadros de la gerencia media, y que en reuniones en el Circulo Militar evaluaba los “efectos nocivos a la nación” de la apertura petrolera. En estas reuniones participaban miembros de la directiva del Colegio de Ingenieros (cuyo presidente es hijo de Miquilena), que ahora aspiran a sustituir a todos los gerentes rebeldes de Pdvsa.

Según declaró a El Nacional Pablo Medina, uno de sus principales propulsores era Argenis Rodríguez, quien hoy es uno de los cuestionados directivos de Pdvsa.

A esos encuentros en el Circulo Militar también asistía otro de los recién nombrados directores de la petrolera estatal, Luis Dávila.

Sobre estos temas produjo el FRTP un documento capaz de asustar a cualquier ejecutivo de una empresa moderna al señalar que “o seguimos con la misma estrategia neoliberal, con su estructura organizacional y con sus mismos dirigentes en Pdvsa, o avanzamos con nuestro proyecto revolucionario. No hay más alternativa”.

También causó alarma un artículo firmado por Adán Chávez aparecido en un diario de circulación nacional en el que el hermano del presidente de la República dice “Pdvsa no puede seguir funcionando como una empresa comercial dirigida con una filosofía de dominación, egoísta, elitista y racista, donde las clases populares no tienen cabida... no puede continuar siendo manejada con los viejos criterios privatizadores y antipatrióticos, hecho éste que ha impedido que esta empresa sea todo lo eficiente y productiva que podría ser... Es lógico que (los escuálidos) se opongan a los cambios estructurales que pondrá en práctica la nueva junta directiva... las decisiones tomadas por el Ejecutivo no tendrán marcha atrás... ellas marcan el camino del cambio de dirección definitivo de Pdvsa... el camino justo y necesario para lograr la cristalización de la política petrolera de los nuevos tiempos. El camino de la sociedad colectiva, cooperativista, participativa y humanista”.

Estos “conceptos” emitidos por Adán Chávez son rápidamente examinados por Alberto Quirós Corradi en su columna del diario El Nacional. “Creo que Adán debería tener una conversación con su hermano Hugo y con el general en jefe, para aclarar --de una vez por todas-- si las promociones dentro de una institución, como la Fuerza Armada, se hacen dentro de un sistema que reconoce el mérito “individual” como una variable que influye directamente en la selección de los individuos a ser ascendidos y, de ser eso así, si eso constituye un sistema “egoísta, elitista y racista, donde las clases populares no tienen cabida”, la industria petrolera, así como nuestra Fuerza Armada, puede exhibir apellidos ilustres, y a mucha honra, pero también a mucha honra está la mayoría que procede de “las clases populares” que sí han tenido cabida y que nunca han sido excluidas ni por origen social, ni por religión, ni por raza”. También se extraña Corradi de que una “empresa meramente comercial” no pueda ser “eficiente y productiva” y se pregunta si una empresa petrolera, propiedad de la nación venezolana, debe mantenerse como una empresa comercial o como un apéndice ideológico del gobierno de turno con objetivos distintos a los que son los de una empresa mercantil: producirle ganancias al accionista”.

Otro atentado oficialista a la empresa estatal y que profundizó los temores sobre las intenciones de tomar la industria para un proyecto político es lo que ha sucedido con la Gerencia de Prevención y Control de Pérdidas, mejor conocida como PCP. Según ejecutivos medios de Pdvsa, este despacho, dirigido por el coronel Pérez Isa y destinado a proteger las instalaciones de la empresa petrolera, se ha dedicado a otras funciones: espionaje y amedrentamiento. Según rumores, está conformado por tropas que acompañaron al presidente Chávez en sus intentonas golpistas. Recientemente elaboró un informe que incluye los resultados de una investigación hecha a 70 ejecutivos de la empresa.

Para el ex ministro del MEM y ex presidente de Pdvsa, Humberto Calderón Berti, la intención de Chávez con la industria estuvo clara desde la campaña electoral. “Él siempre ha visto a la industria petrolera como un reducto de gente que no les es afín. Pero resulta que en esta obcecación que tiene de controlar políticamente todas las instituciones, pues le importa un bledo lo que pueda ser la industria petrolera”.

Teme lo peor, porque en estos nombramientos se reúnen dos elementos: “En primer lugar, integrantes de la junta directiva venidos de adentro que les falta la suficiente experiencia para manejar una industria de esta naturaleza, y gente venida de afuera, el propio presidente de Pdvsa, que han mantenido una permanente actitud de objetores de la industria en todos los planes y en todos los programas de gran envergadura que la industria ha desarrollado en los últimos 27 años. Además de sus carencias gerenciales, tienen paralelo a esto una visión trasnochada del mundo y de la industria petrolera”.

Pdvsa quedó desnuda

Varios conocedores de la industria petrolera afirman que la reestructuración que llevó a cabo el último presidente de la industria durante el pasado gobierno de Rafael Caldera, Luis Giusti, tumbó el blindaje antipolitización con el que contaba la empresa. Según explicó Calderón Berti a PRODUCTO, cuando se nacionalizó la industria petrolera en 1976 se tuvo mucho cuidado en mantener a Pdvsa al margen de la política. Para ello “se le dio a la empresa una estructura organizativa y unos estatutos que la asemejan más a una sociedad mercantil privada que a una empresa pública tradicional. Se trató de mantener una clara diferenciación entre las instancias políticas y lo que es la actividad estrictamente de naturaleza empresarial, y por eso es que tanto en la Ley Orgánica de la Administración Central como en las propias leyes de nacionalización y estatutos de Petróleos de Venezuela, al Ministerio de Energía y Minas se le asignan responsabilidades de fijación de política, de control y fiscalización, y cuando el ministro actúa, es en carácter distinto, lo hace como presidente de la asamblea de los accionistas”.

“La diferencia de Pdvsa con otras empresas del Estado es que se maneja a una sociedad mercantil privada, es decir, se ha respetado durante muchos años la meritocracia, el orden jerárquico, salvo ahora, que se nombran a unos directores saltando por encima de decenas de personas que están por delante de ellos”.

Para el ex ministro, nunca sabremos cuánto le costó al país la fusión de Pdvsa motorizada por Giusti. Explicó que “lo lógico hubiese sido mantener la estructura que se le había dado a la industria desde el comienzo, es decir, una empresa matriz que era una especie de amortiguador entre el Estado y la industria propiamente dicha, sin tener responsabilidades de operadora. Hasta 1997 no operaba, era simplemente una empresa matriz con funciones de planificación, de control financiero y de coordinación. Después, con la reestructuración, se eliminaron las filiales y se fusionó todo por actividad”.

Y aquí está el meollo del asunto. Esta junta directiva es operativa. Antes del cambio de Giusti no lo era, porque quienes tomaban las decisiones duras del negocio eran los dirigentes de las filiales, y había una especie de colchón para proteger a la industria de las tentaciones políticas. Quirós Corradi dice al respecto que “durante la gestión de Giusti se pensó que para reducir costos y evitar que en las tres empresas operadoras petroleras se repitieran funciones comunes como exploración, refinación , producción y comercio, lo mejor era crear empresas de carácter funcional. De haberse consolidado esa estructura, la junta directiva hubiese conservado sus características de holding y ente no operativo”. Corradi agrega que las agrupaciones funcionales no se constituyeron en empresas independientes como eran las antiguas filiales operadoras y, en su lugar, se convirtieron en “divisiones” de una sola empresa. “Al hacer esto, los directores de la junta directiva se transformaron, de hecho y de derecho, en operadores. Ahora las divisiones reportan directamente a la junta directiva por las actividades del día a día. Este cambio no vino acompañado de una nueva estructura en la alta dirección de la empresa. Y allí estuvo el error. Se pretendió, entonces y ahora, continuar considerando a los miembros de la junta directiva como si su rol siguiera siendo el de coordinador de un holding, cuando en realidad ahora son responsables por la operación de la empresa”.

Ante esta realidad y para blindar de nuevo a la industria, los gerentes rebeldes fueron más allá que pedir la renuncia de los miembros cuestionados del directorio. Para Juan Fernández “nada hacemos sacando a los cinco directores que son compañeros nuestros; tienen una trayectoria profesional, porque dentro de 6 meses vamos a tener el mismo problema otra vez, tenemos que tratar de encontrar una solución más estructurada”.

Por eso propusieron una nueva estructura del directorio, que implica que la asamblea de accionistas esté adicionalmente representada por otros sectores, o por otros ministerios que tienen que ver con el aspecto económico y financiero del país, “y que quien lleve el negocio, quien maneje los aspectos comerciales, financieros, operativos del negocio, sea conformado por un grupo que lo llamamos comité ejecutivo, que sea puramente salido del seno de la industria y en función a lo méritos que esas personas tengan”, explicó Fernández.

Quirós plantea una solución parecida: que se constituya una junta directiva no operadora como existen en muchas empresas, integrada por gente de afuera que den una visión muy general del entorno, con un presidente de esa junta, y luego por debajo un comité ejecutivo que esté integrado por profesionales de la industria, con gente de adentro. Cualquiera que sean los cambios sugeridos, habrá que reformar los estatutos con el directorio existente. Para eso se necesita voluntad política del Gobierno y el apoyo de toda la sociedad venezolana.

El Gobierno activó la bomba

El Gobierno, lejos de sentarse a analizar las demandas de los empleados y hacer los correctivos necesarios, para evitar entre otras cosas que Pdvsa pueda convertirse en una empresa pública similar a Cadafe, IVSS u otras en las que la politización destruyó toda posibilidad de eficiencia, despidió a los líderes de los empleados de nómina mayor de una forma poco ortodoxa, exponiéndolos al desprecio público en su programa Aló Presidente (encadenado con todas las televisoras y emisoras radiales del país).

Además, allí el primer mandatario reveló públicamente lo que ya sospechaban los empleados de la petrolera y los analistas políticos: la intención del Gobierno de “meter la revolución en la industria petrolera para completar el proceso (?) Bolivariano”. Chávez, además, agradeció a los gerentes rebeldes por haberle allanado el camino en ese proceso.

En sectores políticos y profesionales ligados al sector petrolero se comenta con insistencia que las verdaderas intenciones del Gobierno para el control de Pdvsa en su totalidad son: recabar los mayores recursos posibles para el financiamiento de “planes” gubernamentales, utilización “política internacional” de abastecimiento petrolero (caso Cuba, por ejemplo) a países de posible adscripción al “proceso revolucionario” y colocación de militantes oficialistas en la estructura burocrática de la petrolera estatal para tener “una base mayor de seguidores, lealtad y silencio en las acciones y operaciones internas”. El despido de los dirigentes de la nómina mayor de Pdvsa produjo un paro convocado por la CTV con el respaldo de Fedecámaras y sectores de la sociedad civil; la paralización de la refinería El Palito, y de gran parte de la infraestructura petrolera nacional, incluido el cierre de despachos de combustible al exterior (28 barcos parados en el oriente del país por decisión de la marina mercante) y una serie de sucesos que todavía “están en pleno desarrollo”. Por primera vez en la historia de las “cadenas radiotelevisivas” los ejecutivos de las plantas privadas decidieron dividir la pantalla, transmitiendo también otras imágenes diferentes a las impuestas por el Gobierno.

Todavía el miércoles 10 de abril el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Rafael Simón Jiménez, trataba de llamar a la mesa de negociaciones, mientras se producía la desobediencia del general de división de la Guardia Nacional Rafael Damiani Bustillos a las instrucciones de Miraflores de desalojar a las personas que protestaban pacíficamente en la sede de Pdvsa-Chuao, calificándola como “locura presidencial”. También algunos directores de Pdvsa enviaban mensajes a los gerentes despedidos para analizar internamente la situación y buscarle una salida honorable. Por su parte, Hugo Hernández Rafalli, presidente de la Cámara Petrolera, hacía esfuerzos por servir de mediador entre los empleados y el Gobierno. Varios diputados oficialistas, que prefirieron mantenerse en el anonimato, dijeron a PRODUCTO que habían intentado convencer en su momento al presidente Chávez para que no despidiera a los empleados rebeldes y los convocara a Miraflores para llegar a un acuerdo, sin embargo, admitieron que otros diputados radicales y miembros del “comando de la revolución” impidieron la negociación, desestimando las consecuencias previsibles.

Para los analistas, los acontecimientos más recientes demuestran claramente que el conflicto surgido en la defensa de la meritocracia destapó el tema de fondo que impacta al país: democracia o autoritarismo.

La vaca lechera

El presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, salió en defensa de los empleados de Pdvsa y del respeto a la meritocracia. Dijo que la crisis de la petrolera se origina en la decisión del Gobierno de designar una junta directiva con objetivos políticos, fracturando además la meritocracia en la alta gerencia de la empresa en el caso de los miembros de la misma seleccionados para integrarla. “Existe la evidencia de que el objetivo del Gobierno es penetrar a Pdvsa y limitar su autonomía. En el corto plazo, ante el paro generalizado, se amenaza con militarizar la empresa, se ofrecen concesiones a los sindicatos y se fuerza a la jubilación de ejecutivos de la empresa, destituyendo a empleados de la nómina mayor, hechos que encienden más los ánimos del personal”.

Carmona hizo referencia a la importancia mundial de Pdvsa, el enclave de Citgo en el mercado de combustibles de EE UU y las asociaciones en Europa, para preguntarse: “¿No basta ello para medir las implicaciones de la politización de Pdvsa y la desconfianza que generaría en socios y países en los cuales opera?

“No se le puede asignar el papel de vaca lechera (no obstante Pdvsa aporta casi el 80% de las divisas del país y el 54% de los ingresos fiscales, así como el 25% del PIB) a la cual hay que ordeñar hasta dejarla exhausta, sino estimular su fortalecimiento, se invierta para expandir su capacidad de producción futura y se promueva nuevos negocios dirigidos a la creación de valor.

Es pues una empresa propiedad de todos los venezolanos, no de gobiernos de turno, que debería aprovechar de negociar acuerdos estratégicos de suministro de mediano plazo, en función de nuestra ventaja geográfica y la inestabilidad en el Medio Oriente”. N


Qué es la meritocracia

El mérito fue un principio de selección emancipador cuando en el siglo XVIII fue opuesto al nepotismo y a las prerrogativas aristocráticas de nacimiento; por ello la meritocracia, basada en la educación masiva y en las oportunidades para ascender socialmente, se ha transformado desde entonces en un modelo aceptable por buena parte del espectro político y empresarial, especialmente en el desarrollo de economías liberales como EE UU, en los que se privilegia el esfuerzo individual y la superación.

“La meritocracia no es solo el análisis independiente e individual de los méritos personales de alguien. Es eso, pero más importante aún, es colocar a todas esas individualidades estudiadas dentro de un sistema que permita jerarquizar sus habilidades”, afirma Alberto Quirós Corradi.

La meritocracia es el esquema que siempre se ha utilizado en Petróleos de Venezuela para decidir con respecto a los ascensos del personal a lo largo de las diferentes columnas jerárquicas de la empresa, al igual que en las milicias existen unos grados o rangos jerárquicos que llegan hasta el número 42. Pero cabe destacar que en Pdvsa no hay malos, los que no sirven se tienen que ir.

Los instrumentos que se utilizan para decidir los ascensos son la evaluación del desempeño y el potencial de cada persona. Con el primero se califica la actuación de los empleados en el logro de los objetivos de la empresa, en forma constante, mediante procesos de cierre anual, y con el segundo se establece la máxima posición que pudiera alcanzar una determinada persona de acuerdo a las competencias, habilidades y evolución que haya venido demostrando durante los ciclos de evaluación previos.

Con estos instrumentos se definen también los aumentos salariales que este año estuvieron entre 6 y 12 por ciento. La puntuación máxima del evaluado es 200, que implica la máxima excelencia y en el que generalmente se ubica no más de 10 por ciento de la nómina.

El proceso de evaluación del desempeño se efectúa anualmente y el de medición del potencial se revisa y actualiza cada tres años. Ambos procesos de medición permiten elaborar lo que se llama el plan de carrera --que incluye el adiestramiento apropiado en los aspectos técnico, gerencial y personal-- para cada empleado de las nóminas mayor y ejecutiva, que son las que comprenden al personal profesional de la empresa. Cada empleado adquiere posiciones y responsabilidades en la organización mediante una escala de grupos o grados que va alcanzando dentro de la misma, todo conforme a su plan de carrera.Para estar en la nómina mayor se debe tener un rango superior o igual a 20 hasta el 29. Mientras que para optar a la nómina ejecutiva se debe ser de 30 para arriba.

Para ascender entre uno y otro rango deben transcurrir al menos 2 años, tiempo que se necesita para que un empleado pueda prepararse para asumir una posición superior. Los excelentes pueden hacerlo en el tiempo mínimo de año y medio. El sistema no es perfecto, como reconocen algunos ejecutivos de la industria petrolera consultados. Pero el esquema ha funcionado, ya que lo que busca es la excelencia y ha logrado que los altos ejecutivos de Pdvsa estén a la par de sus colegas del resto del mundo.





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