Mayo 2002
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La cultura de los otros

El arroz muy cocido y ligeramente pegado es una cosa que comparten las cocinas de Japón y Corea. Eso los diferencia del arroz que se come en enormes territorios y en pequeños países con millones de personas que desde hace siglos tienen al arroz como elemento fundamental de su alimentación. China, India y el resto del sureste asiático; Italia y España; Brasil y Venezuela, son ejemplo de esas culturas y de esas diferencias.

Japón y Corea además de eso comparten ahora el campeonato mundial de fútbol, y por ello la sociedad planetaria frente al televisor y viajando, los mira, compara, disfruta, saborea y trata de comprender. Cosa que no es fácil. Están muy lejos, poseen idiomas y religiones diferentes, y poco los conocemos. Así como en América Latina el público suele llamar "chino" a un japonés, y "japonés" a un coreano, la incapacidad en estas latitudes para diferenciar las enormes singularidades o las sutiles diferencias del sureste asiático es comprensible. Si los miramos de lejos, Japón y Corea se parecen. Si nos aproximamos a ellos, son tan iguales en la mesa como México y Perú, cosa que le parecerá lógico a un asiático y un disparate a un latinoamericano. Como la pasión por el fútbol nos aproxima a Corea-Japón como nunca antes, resulta interesante y oportuno hacer esta lectura sobre la cultura de los otros.

La comida japonesa no sigue un orden establecido estricto, como ocurre en otras culturas culinarias. La secuencia de la mayoría de las cocinas heredadas del Mediterráneo de: entrada, plato principal de pescado o carne, postres, y digestivos, no se cumple. En la cocina japonesa la sopa puede aparecer como segundo plato, o en cualquier momento. Los postres son escasos. Los japoneses toman dulces y pasteles en cualquier momento del día. Los lácteos no forman parte de este arte culinario, y por tanto, no hay quesos (de allí que es una barbaridad hacer sushi con queso Filadelfia), ni mantequilla, ni leche.

Basada en el color y la frescura de los elementos, la cocina japonesa cuida con enorme celo el sabor de cada plato. Cada estación del año representa un pescado, una verdura, una fruta, y a su vez cada producto alimenticio representa una estación y por lo tanto clima y estado de ánimo. De esta manera, las setas representan el otoño y los brotes de bambú la primavera.

Por geografía y necesidad, la japonesa es cocina vegetariana, ligera. Por costo y enorme población en territorio pequeño, escasa y cara. Rodeada de mar por todas partes, sus frutos se comen crudos, cocidos, asados, secos y en salsa, o como base de sopas. No hay pescados que los japoneses no coman, y ello incluye desde un peligroso pez globo venenoso, hasta los delfines y ballenas, cosas que levantan resquemor en Occidente. Su enorme costo y escasez obliga a que la preparación visual de los platos resulte fundamental. Se come "con los ojos" porque no se pueden cometer excesos en el plato.

Los estilos culinarios más comunes son sushi, sashimi, tempura y yakitori. El Sushi son pequeñas preparaciones rectangulares o redondas de arroz cocido con algas, ligados con una mezcla de vinagre, sal, azúcar y ají-no-moto, sobre las que se monta desde lonjas de pescado hasta champiñones. Sashimi es pescado crudo, generalmente en filetes, que se acompaña con salsa de soja y salsa de rábano picante. Tempura es un plato único, compuesto por dedos de pescados, mariscos, verduras y hortalizas, rebozados y freidos en aceite, producto introducido en la mesa japonesa por los navegantes portugueses en el siglo XVI. Y finalmente Yakitori son pinchos de pollo y verduras, adobados con salsas y asados en parrilla, sumergidos en adobo y asados por segunda vez.

La cocina de Corea se semeja mucho a la japonesa y a la China. Pero para los conocedores del abanico de sabores del arte culinario asiático carece de la delicadeza y sutileza de la japonesa, y de la variedad que caracteriza a la de China. Los viajeros al tercer día de comer "a lo coreano" se quejan de la monotonía y de la calidad de los productos, que no siempre es de primera. La de Corea es una cocina muy condimentada, cargada de ajo y de picante. Para aromatizar sus platos se utiliza mucho el sésamo, las cebollas verdes y el jengibre. El Kim Chee, condimento que se utiliza para todo, se elabora con repollo chino en vinagre, rábano blanco, pepino u otra verdura, sal, pimienta, anchoas y cayena.

Platos estrellas: un "cocido real" llamado Shinsonro. Consiste en un caldo de res con algas, mariscos, huevos duros y verduras, que se cuecen en la mesa. El Bulgogi, que es un plato de lonjas finas de carne adobadas con salsa picante y asadas en la mesa sobre brasas de carbón. Baste la descripción de estos dos, para advertir la enorme distancia que en la mesa separa a Corea de Japón.

PERISCOPIO

- Detalles que hacen la diferencia

Seleccionar alimentos frescos y de buena calidad es muy importante en cualquier tipo de cocina, pero hace la sustancia y diferenciación de la japonesa. No es un lujo o un capricho, sino una necesidad. Por esto:

- La mayor parte de los alimentos se cocina muy poco, rápidamente. Por ello los vegetales viejos y la carne dura no tienen tiempo de ablandarse.

- La mayoría de las salsas están diseñadas para resaltar los sabores, no para ocultarlos.

- Muchos pescados y mariscos se comen crudos.

- Con los palillos, el comensal toma un solo bocado a la vez. Y eso deja cada bocado bajo atención concentrada y percepción inmediata de cualquier falla, cosa que no ocurre cuando se come con cuchara y tenedor.

Mientras que en todas las cocinas se corta, pica, rebana y muele, en las cocinas de Corea y Japón eso es un arte. La destreza exigida no es gratuita ni un alarde, tiene sentido. Como se corta y filetea especialmente lo crudo, es vital para el sabor y para la apariencia del plato. Adicionalmente, se requieren cortes pequeños, regulares, homogéneos, para poder cocinar rápido estructuras moleculares diferentes, y muy rápido estructuras del mismo origen con fuego intenso. Finalmente, la técnica del rebanado ayuda a la presentación del plato y permite que los alimentos sean tomados con palillos y sean del tamaño justo de un bocado. Los asiáticos no suelen terminar sus comidas con un postre. Tampoco con un trago, sino con dos o más si están contentos. Japón es un mercado experto en whiskys, y Corea territorio donde además de cerveza, se sabe mucho de coñac. El vino occidental es una extravagancia cara, y el sake un licor de arroz que a ellos les encanta. Advierta que dije a ellos. Hasta ahora conozco a cientos de occidentales que deliran por tener en la mesa a una geisha, y a ninguno que cambie su whisky o vino por sake. Ese es el envidiable valor de la cultura de los otros.




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