Junio 2002
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Toque francés sacude el bar de la modernidad

No lo habrán advertido los ortodoxos, los prisioneros de la rutina y los amantes fieles por más de 30 años a una sola botella. Pero desde el 1º de abril, con la llegada de los barones franceses del bar, se ha comenzado a escribir un nuevo capítulo en la historia de la mesa, la sobremesa, los festines de entrecasa, el bar y la rumba en Venezuela.

Ahora en todas las estanterías de automercados y en bares, restaurantes, clubes de yates y de golf destaca oronda la botella de Dubonnet, junto a las de los hermanos Chivas, Something Special, el vodka Wyborowa, la ginebra Larios, el ron Habana Club, el whisky irlandés Jameson y sus primos escoceses del Clan Campbell. A estas botellas se sumarán pronto vinos de Australia, la famosa tequila Viuda de Romero y vermouth de fama.

La babel piramidal del bar de la globalidad se ha enriquecido en Venezuela con la llegada del grupo Pernod-Ricard, el líder mundial en aperitivos, cordiales y digestivos, que este año se ha convertido en el tercer coloso planetario de los espirituosos y vinos, tras haber absorbido el portafolio y las operaciones de Seagram.

La llegada de los barones franceses del bar significa más opciones, diversidad de marcas y una nueva visión (Raíces locales, ambiciones mundiales) que ha llevado en menos de 30 años a la tradición francesa del bistro y el bar a convertirse en piloto exitoso en tiempos de tormentas.

Desde 1975 hasta ahora, en una meteórica carrera de fusiones, los franceses construyeron un portafolio que coronaron el año pasado al adquirir una parte de Seagram (la otra parte la adquirió Guinness-UDV).

El hombre en Caracas tras la fusión es Alfonso Alvarado, con 23 años de experiencia internacional en el negocio y que desde hace siete dirigía la Seagram de Venezuela, que desapareció el 31 marzo del 2002. Entretenido ahora en el diseño de la estrategia de las botellas que ya estaban y de las que llegan, apenas le alcanzan los dedos de las manos para contar los países donde conducirá las naves de la flota francesa (Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, las Antillas y cinco países de Centroamérica).

"Cuando usted tenga sed, antojo de un producto local o ganas de beber prestigio, nosotros tenemos la botella", sostiene Alvarado. Para corroborar el alcance de su afirmación despliega el portafolio en el que asoman marcas locales y revela que Pernod Ricard, ese nombre que el consumidor desprevenido supone solo un aperitivo francés, es en la actualidad el tercer suplidor mundial en vodka y whisky escocés, el segundo en coñac y ginebra, y el primero de anises y amaros (los otros colosos mundiales son Guinness-UDV y Allied-Domecq).

Una estrategia de descentralización y una decisión reciente de regresar a su oficio histórico le han dado a los barones franceses del bar desde el bitter Becherovka hasta el vodka polaco Wyborowa (grandes ventas en Estados Unidos, Asia y Brasil, liderazgo en Alemania e Italia), famoso por su sabor intenso y diferenciado de los vodkas nórdicos. Cuando la graduación alcohólica de los 40 a 43 grados típicos de los espirituosos whisky y vodka bajan al vino (11 a 13 grados), aparecen los vinos de Australia. Pertenecen a la Orlando Wyndham, el segundo gran productor de ese país, con la marca Jacob's Creek. Llegarán en el segundo semestre de este año.

¿Cuántas botellas perdieron en Venezuela los enterados en las cosas que pasan en el bar por la desaparición de Seagram? Ninguna. ¿Cuántas ganaron con la llegada de los franceses? Unas 20, que llegarán graneadas. Mientras las cuento, con confesada impaciencia espero a 38 grados, ligeramente reposada, la llegada de la famosa tequila Viuda de Romero. Y a la hora del aperitivo, celebro el impulso que recibirá ahora Dubonnet, un trago de excelencia que también cae muy bien a la hora de la seducción, cuando se perfila la noche en buena compañía. Es un vermouth francés, apreciado por los amantes de la buena mesa. A diferencia de otros tragos similares, no tiene azúcar. Está compuesto por vino blanco aromatizado con quinina, café, cacao y hierbas. De color rojo intenso, además de su reconocimiento gourmet es, por su sustancia y diferencia, trago de enorme atractivo entre las militantes de la liberación femenina.

En el Caribe, cuando le confiaron el bar de un Club Mediterranée, un barman parisino llamado Patrick creó esta fórmula para celebrar la caída del sol: vaso corto, tres hielos, Dubonnet, toque de gin, golpes de Amargo de Angostura, golpes de Curazao, media rodaja de naranja y limón. Una sueca se lo llevó a Oslo, de donde al final lo rescató la añoranza por el sol. Ahora dirige dos restaurantes en California, donde se lo llevó otra turista rubia. Esa es la única contra del Dubonett: entre los hombres crea adicción, como la mía. Y entre las mujeres, suelta el moño.



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