Diciembre 2002
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Pdvsa apuesta a los megaproyectos

La industria petrolera nacional se encuentra varada, limitada en los recursos financieros para llevar adelante un plan de negocios, restringida por los acuerdos de reducción de producción y agobiada por un Fisco voraz que demanda cada vez mayores ingresos

El sector petrolero ha apostado todo el futuro al desarrollo de los megaproyectos de gas natural en la Plataforma Deltana, donde el factor determinante será la participación del capital privado internacional. El marco legal permite ciento por ciento de inversión privada en los proyectos de gas natural, lo cual sin duda es un factor atractivo en la evaluación que hacen las empresas. Sin embargo, la decisión final depende de otros factores.

Por más de ocho décadas, el verdadero negocio ha sido extraer petróleo, tanto para las transnacionales como para la industria nacionalizada. El pilar fundamental ha sido la enorme base de recursos en hidrocarburos, la mayor en todo el hemisferio occidental, pero su máximo desarrollo es demasiado costoso para que pueda ser acometido sin auxilio financiero.

Venezuela tiene muchas necesidades, además de la inversión petrolera. Cada vez es mayor la competencia entre los entes del estado, incluida Petróleos de Venezuela, por la repartición de los dineros públicos. La realidad plenamente comprobada es que el ingreso por exportaciones petroleras ya no le alcanza al país, aunque el precio del barril sea elevado. El meollo del problema está en el volumen producido, porque la inversión petrolera cuando es alta para producir más petróleo arrastra la economía hacia el crecimiento, pero cuando es baja la recesión no se hace esperar.

Compás de espera

Podría afirmarse que la industria petrolera venezolana se quedó varada y el único remolcador que encontró fueron los megaproyectos; pero ellos vienen sin prisa. Para producir 3 millones de barriles diarios y mantener en buenas condiciones la infraestructura que requiere para almacenar, movilizar y comercializar el petróleo y sus productos, Venezuela necesita alrededor de 5.000 millones de dólares al año. Crecer más allá de ese volumen, requiere inversiones que el país sencillamente no tiene. Un cálculo conservador advierte que se requieren 2 mil dólares por cada barril de petróleo adicional.

El plan de mediano plazo de Pdvsa 2002-2007 estima inversiones de 41.000 millones de dólares, de los cuales la nación aportaría 55 por ciento, el resto tendrá que provenir de los socios, de las nuevas inversiones y del financiamiento externo. Las tres opciones son casi imposibles, bajo el actual entorno.

Para Luis Eduardo Paúl, representante del sector petrolero privado en el directorio de Fedecámaras, ex presidente de la Cámara Petrolera y presidente de Otepi, “todavía se sienten los efectos de los proyectos de la apertura petrolera, que han continuado y muchas empresas nacionales se han beneficiado con los contratos. No hay que olvidar que en los últimos seis años estos proyectos han inyectado inversiones por el orden de los 20.000 millones de dólares, beneficiando a muchas empresas, especialmente de la construcción e ingeniería”.

Sin embargo, a su juicio, “ese ciclo de inversión está terminando y no ha sido renovado en una proporción importante. Pdvsa está invirtiendo cantidades muy pequeñas, con excepción del área de gas, especialmente en Anaco”.

Invertir en petróleo

Cada año será más difícil para Venezuela hacer las inversiones que le son vitales para mantenerse como un importante exportador de petróleo. Las cifras preliminares de los organismos del Estado revelan un fuerte deterioro de las cuentas fiscales, una caída del ingreso petrolero, presión sobre la tasa de cambio y las tasas de interés, y fuga masiva de capitales.

La presunta disminución del gasto fiscal y el incremento de los impuestos y otras medidas de gran impacto social como la devaluación de la moneda, no han compensado la caída del ingreso petrolero. Asimismo, la secuela de los sucesos políticos de abril ha puesto lejos las metas de financiamiento interno y externo.

La recesión económica, el resurgimiento de las presiones inflacionarias, el incremento de los niveles de pobreza y de presión social, han propiciado la promesa de una nueva agenda económico-social, en la que pocos creen. Dentro de esta nueva agenda se ubican los megaproyectos, tanto de la industria petrolera como los de infraestructura y electricidad, es decir, contar con una masa gigantesca de dinero en el marco de un presupuesto nacional súper deficitario.

Implicaciones petroleras

La realidad nacional limita la capacidad de ejecución de cualquier versión del plan de negocios de Pdvsa. También limita seriamente su capacidad de endeudamiento, porque la empresa está muy asociada al riesgo país. Los recursos que pertenecían a la petrolera estatal depositados en el Fondo para la Inversión y la Estabilización Macroeconómica (FIEM) fueron entregados a medias.

Por otra parte, la recesión en la actividad económica ha desatado una lucha a muerte por el empleo en las áreas operacionales, bajando la productividad y creando un clima permanentemente conflictivo.

Con respecto al sector conexo, hay la promesa de aplicar lineamientos para atar los megaproyectos de la Plataforma Deltana a la compra de bienes, equipos y servicios de origen nacional. Sin embargo, esto no es un paliativo para las 800 empresas privadas que sobreviven a los recortes de producción petrolera.

Para Luis Eduardo Paúl “la situación de las empresas es mala, porque durante los últimos cuatro años ha habido una enorme incertidumbre y una situación de aumento constante de los costos. Poca actividad que, en su conjunto, ha afectado especialmente al sector de suministro de bienes.

En su opinión, la situación macroeconómica ha afectado la competitividad de las empresas y las ha puesto en una situación severa para mantener su actividad. Aun cuando Pdvsa ha dado señales de que va hacia un aumento de producción, la actividad no se recupera fácilmente. “Hay pocos proyectos nuevos y poco flujo de inversión por parte de Pdvsa. Hay incertidumbre en torno a la capacidad real de inversión de Pdvsa, vistas las necesidades fiscales del Gobierno”.

Varios estudios realizados por técnicos de la estatal petrolera advierten que hay que revisar la estrategia impuesta por las decisiones de la OPEP, de obtener mayores precios sacrificando volúmenes. Sin embargo, esta no fue una idea comprada en el alto gobierno, donde se considera que el Estado no podría resistir una caída del precio del barril de petróleo por debajo de los 20 dólares. Así que no queda otro camino que aferrarse a la OPEP, donde los miembros que sí están en capacidad de producir más, lo hacen sin el menor remordimiento. Venezuela podrá tímidamente incrementar el número de taladros y producir algunos barriles por encima de su cuota, pero recuperar el millón de barriles de la capacidad de producción que se ha perdido en los últimos cuatro años, requerirá un viraje de 180 grados en la política petrolera y su marco legal.

Mery Mogollón



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