Abril 2003
Macroeconomía
Entre controles y restricciones

Los optimistas son pocos; sin embargo algunos signos resultan esperanzadores para los pocos . En tanto, el gobierno maneja una “gerencia de crisis”.

La maltrecha economía venezolana no traía perspectivas muy alentadoras desde mediados de 2002, pero fueron precisos dos meses de huelga general para que se sintieran completamente sus flaquezas. Para completar el panorama bastó la declaración de lucha contra “empresarios golpistas” amprendida por el Presidente Chávez. Todo esto deja a su paso un panorama desolador para un 2003 cuyas predicciones distan mucho de hacerlo parecer “bonito”.

La singularidad de la crisis venezolana en esta ocasión está en que, por esta vez, no es producida por las vicisitudes del mercado petrolero internacional, sino por una situación de orden interno que genera altos niveles de conflictividad e inestabilidad social, política e institucional, lo que constituye un condicionante fundamental para el desempeño de la economía.

La “revolución bonita” de Chávez ha desaprovechado los altos precios del petroleo para cancelar deudas y tomar la medidas precisas para estabilizar la economía del país. El FIEM vuelve a convertirse en una vulgar promesa incumplida de ahorros intocables, el control de cambio es un arma política que castiga o premia de acuerdo a su compromiso con el gobierno, los excedentes petroleros solo son utilizados para crear más gasto mientras se incumplen commpromisos de pago con gobiernos locales, empleados públicos, sector salud, entre otros.

Economistas y analistas en sus respectivos informes llegan a la conclusión de que después de un año de profunda contracción como lo fue el 2002, y la prolongada interrupción del normal desenvolvimiento de las actividades económicas ha debilitado considerablemente la fortaleza financiera de las empresas del sector privado y de las familias.

En pocas palabras, a la histórica fragilidad de la economía local, que deriva de su carácter monoproductor, se le agrega una mayor sensibilidad a choque políticos que condicionan el diseño y ejecución acciones económicas que crean nuevas condiciones desfavorables a la inversión privada.

La estratégica huelga petrolera

El paro petrolero fue un ingrediente determinante para generar efectos semejantes a una de las peores crisis del mercado petrolero internacional de los últimos 20 años. No en vano el valor real de las exportaciones petroleras se redujo en unos 2.200 millones de dólares.

Francisco Vivancos, economista y profesor de la UCV y UCAB, señala que las pérdidas del negocio petrolero se remontan al año 2001 (como consecuencia de la política de recortes petroleros de la OPEP), agravada hoy por una crisis que tiene sus raíces en la participación de la industria en el paro cívico, devenido en paro petrolero.

En estos tres últimos años se dejaron de exportar unos 6.200 millones de dólares en términos reales. En contraste con el año 2000, este año tan sólo se exportará 66 por ciento; es decir, 9.500 millones de dólares menos.

Las secuelas de esta situación derivan en una reducción en el valor de las exportaciones, lo cual merma dramáticamente la capacidad tributaria de la industria petrolera, el mayor contribuyente del país. Adicionalmente se atrofió la capacidad de PDVSA de distribuir dividendos al gobierno, que es su único accionista.

De este modo, estima Vivancos, los ingresos fiscales de origen petrolero caerán en 45 por ciento de lo que fueron en 2001 y 3.500 millones de dólares menos que los ya reducidos ingresos de 2002, como consecuencia de una serie de eventos que deterioran la industria como: la caída en las ventas externas e internas de petróleo y sus derivados, la elevación de los costos de producción y distribución, pago de las importaciones de gasolina (que además, se vende en el mercado interno a precios por debajo de los internacionales), la caída en la productividad y la imposibilidad de acceder a los mercados de capitales.

Efecto sobre las industrias

Por su lado los analistas de la Unidad de Investigación Económica del Banco Mercantil, en su primer informe trimestral de año 2003 determinaron que el paro petrolero también perjudicó a los sectores no ligados a este sector. Concluyen que se afecta negativamente la evolución de las exportaciones cuando se generaron interrupciones en la provisión de insumos fundamentales de producción. Así, la estimación ronda los 3.700 millones de dólares; lo que representa una contracción de más de 25 por ciento si se tienen en cuenta los niveles que se habían alcanzado en este rubro durante el 2000 y el 2001.

Destaca que el deterioro se produce a pesar de que se supone una depreciación significativa real del tipo de cambio desde que se abandonó el régimen de bandas en febrero de 2002; lo cual refleja la debilidad estructural del aparato productivo interno para reaccionar ante los estímulos generados por la política cambiaria.

En síntesis, el análisis vislumbra para este año una reducción en los ingresos de la balanza comercial de unos 2.200 millones de dólares en comparación con el año pasado. Si se hace la comparación respecto a los ingresos registrados en el año 2000, la reducción esperada es de casi 5.800 millones de dólares.

Previsiones 2003

El informe en cuestión estima que la caída en los ingresos corrientes del Gobierno Central le impondría restricciones al nivel de gasto del Gobierno Central, que obligaría a efectuar un ajuste fiscal de importantes magnitudes. “Incluso, si el Ejecutivo, tal como lo planea, lograra obtener financiamiento equivalente al pago de las amortizaciones. Para lograrlo, se necesitaría un recorte en el gasto primario (gasto total excluyendo pagos de intereses) de 7 puntos del PIB, con lo cual se ubicaría en apenas 13 por ciento del PIB, nivel que resultaría el más bajo de la historia estadística del país”.

En consecuencia, los autores del informe temen que “los shocks negativos del año pasado resultaron en una contracción del PIB de 8,9 por ciento y para 2003, se prevé que la economía nuevamente experimente otra fuerte caída, en este caso de 11,3 por ciento (cifra que marcaría record histórico), lo que llevaría al PIB real a niveles de los años 1990/91”.

Por otra parte, esperan que el PIB no petrolero se contraiga en 9,5%, descenso que resultaría mayor al observado durante el año 2002 (-6,5%). La mayor contracción se explicaría por los efectos negativos derivados del paro de diciembre y enero: cierre y liquidación de empresas, inhibición de la inversión privada por expectativas adversas en torno a una creciente conflictividad política y social, y la importante contracción del gasto fiscal y la caída en el ingreso real. Uno de los sectores que se estima resulten más afectados sería el de la construcción, explicado por la caída en el gasto público, igualmente estarían en este grupo, instituciones financieras y seguros, comercio y manufactura.

En relación con la cuenta comercial, el superávit esperado se ubicaría probablemente en niveles satisfactorios, cuatro veces más que el observado en 1998. Sin embargo, nuevamente es indispensable destacar que este resultado se lograría en el agregado de todo el año, observándose los mayores efectos adversos en los primeros meses, ya que posteriormente se espera una recuperación en la producción petrolera. Debido a las menores importaciones y un saldo de renta menos deficitario, el superávit de la cuenta corriente al cierre de este año resultaría en solo 3,2% menor a lo observado en el año 2002.

Sobre las tasas de interés, “estimamos una caída significativa, en parte inducida por la modificación del régimen cambiario, la política monetaria expansiva esperada y las presiones del gobierno para reducir la carga de intereses. Así, la tasa activa podría disminuir en 10 puntos porcentuales para promediar 27,8% en 2003, y la tasa de los depósitos a plazo fijo disminuiría 7 puntos, para ubicarse en promedio en 21,5%”.

Considerando una inflación promedio estimada en alrededor de 38%, las tasas de interés resultarían significativamente negativas; aunque, dado el control de cambios, su incidencia sobre el nivel de ahorro interno podría llegar a ser de bajo impacto por la ausencia de activos alternativos disponibles en el mercado doméstico.

En las primeras tres semanas del año el tipo de cambio, se depreció en 32%, para alcanzar un valor de 1.853 Bs/US$ al 21 de enero. Esto fue acompañado de una caída de 940 millones de dólares en las reservas internacionales, y otra de la liquidez de 6%. Tales acontecimientos presionaron a los funcionarios públicos hasta persuadirlos de que era inevitable la suspensión de la venta de divisas, decisión que se toma a partir del 22 de enero, y la aplicación de un control cambiario a partir del 6 de febrero, con un tipo de cambio único que fue fijado en 1.600 bolívares por dólar para la venta.

Gerardo Chacón Fernández

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Éramos muchos...

Luis Vicente León, director de la firma Datanálisis, señala que “por supuesto el paro general tuvo un impacto negativo, pues la idea de los empresarios fue inducir una crisis mayor como medida de presión, ya que se calculaba que los beneficios serían mayores en el corto plazo si se lograba la salida de la crisis política. Pero lamentablemente el escenario previsto (salida del Presidente) nunca se presentó y la extensión de la huelga por un tiempo mayor al esperado, sólo dejó costos sin beneficios y un agravamiento de la crisis”.

Aclara pues que los dos meses de huelga no son los culpables de la crisis, “sino de su amplificación”, pues la economía ya mostraba indicadores de deterioro antes de la medida de los opositores que perseguía el fin de que saliera el primer mandatario nacional.

Así las cosas, al 30 de noviembre, según cálculos de Datanálisis, el nivel del desempleo era de 18,6% y 16% en datos del Instituto Nacional de Estadísticas, INE. Estas son las cifras más elevadas que se han registrado en la historia del desempleo venezolano, pues representan más de dos millones de personas paradas. Hoy se calcula en xx por ciento.

Igualmente, apunta León, la devaluación acumulada del signo monetario venezolano, antes del paro era 84%. Así el nivel del ingreso real de la población era de más de 4%, y la estimación más conservadora de la caída del PIB apuntaba a un descenso de 6% para el año 2002.

Explica que “tampoco se puede caer en el simplismo de la oposición de decir que la paralización de la economía no tuvo consecuencias graves. El daño mayor del paro se produce cuando se ataca la industria petrolera, el corazón de la economía venezolana y le causan pérdidas de 6,5 millardos de dólares”. Según los cálculos de algunos analistas, la pérdida total del paro se engloba en una cifra de 9 millardos de dólares.


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La mala noticia del control

Para el economista y analista financiero Leonardo Buniak, el control de cambio es una mala noticia que eleva el riego país. Indica que aspectos tales como la política fiscal del gobierno y la reconducción del presupuesto, causan dudas entre los agentes económicos porque se basan en un programa poco creíble y la imposibilidad de que tenga efectos prácticos en su ejecución en el corto plazo. “Luce técnicamente poco probable este año porque no hay ingresos. El impacto y las necesidades de divisas para darle viabilidad a la balanza de pagos en el 2003 están alrededor de 21.000 millones de dólares”.

Explica Buniak que la aplicación del control de cambio fue precipitada por la huelga general y sobre todo por su acatamiento por parte del sector petrolero de la paralización. “Sin embargo, ya existía una situación de fuga de capitales que registraba una salida de sólo en el año 2002 de 8.000 millones de dólares, cuando el tipo de cambio se ubicó hasta en 1.500 bolívares”.

Del mismo modo, la contracción de la productividad fue en junio de 2002 de 9,9 por ciento del PIB, lo que hacía prever problemas de solvencia fiscal con la consiguiente migración a una moneda dura y la reducción de la liquidez del mercado; así las consiguientes presiones sobre el tipo de cambio.

Por su lado, Francisco Vivancos advierte, que dada la duración esperada del control cambiario, el diseño por el que se optó puede acarrear la aparición de transacciones en divisas fuera del ámbito estrictamente regulado por las autoridades cambiarias y los operadores autorizados.

De materializarse ese riesgo, dice, en gran medida derivado de la decisión de imponer un tipo de cambio único y acceso altamente restringido a demandantes de divisas para fines considerados no prioritarios, podría abrirse progresivamente una considerable brecha entre el tipo de cambio oficial y el que termine formándose en el mercado paralelo. Ese diferencial dependerá, entre otras razones, de cuán fuertes sean las restricciones para el acceso a divisas para importaciones de bienes y servicios a las que no se garantice el tipo de cambio oficial.

Como evidencia, recuerda, la experiencia de otros controles cambiarios, incluyendo el más reciente administrado durante el periodo 1994-96, bajo la presencia de un mercado cambiario paralelo operando de manera poco transparente y con innumerables distorsiones, no sólo se amplía rápidamente la brecha entre ambos precios de la divisa, sino que la formación de precios tiende a producirse alrededor del tipo de cambio paralelo y no del oficial, con lo cual el control se hace cada vez más ineficiente con fines anti-inflacionarios.

Vivancos asegura, que el complicado cuadro macroeconómico que se anticipa para el año en curso lamentablemente es una repetición de otras coyunturas sufridas en otros gobiernos en las dos últimas décadas, “aunque con algunas variantes”, acota.

“Durante y después de la aplicación de las medidas generalizadas de control de precios, tasas de interés y tipo de cambio se observaron considerables desajustes en la formación de precios, desequilibrios en el mercado de bienes, de crédito y de mano de obra, que conllevaron a altos costos en el bienestar. En todos los casos se difirieron y agravaron los ajustes estructurales requeridos para dar paso, para un futuro más bien cercano, las inevitables y bruscas correcciones con sus consabidos impactos redistributivos regresivos asociados a los ajustes cambiarios y la aceleración inflacionaria, concluyó.


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