Octubre 2003
Energía
Orimulsión bajo tierra

La eliminación de Bitor, filial de Pdvsa encargada de producir y comercializar el combustible cuya tecnología es ciento por ciento venezolana, deja una gran incertidumbre sobre el cumplimiento de los contratos de suministro, lo que causaría un daño patrimonial al país

La decisión del Ministerio de Energía y Minas de eliminar la empresa Bitúmenes del Orinoco (Bitor) y anexar la producción y comercialización de la Orimulsión a Pdvsa Oriente, tiene muy preocupada a la comunidad energética nacional e internacional. "Venezuela está expuesta a ser demandada por incumplimiento de contratos de suministro del combustible", alertaron Edgar Paredes y Saúl Guerrero, dirigentes de Gente del Petróleo.

Según Paredes, el Gobierno prefiere dejar bajo tierra el bitumen de la Faja del Orinoco --que contiene 1,2 billones de barriles de crudos pesados y extrapesados, y bitumen-- antes de admitir el error de despedir más de 90 por ciento de los cuadros de Bitor. Esta falta de personal imposibilita una gestión eficiente y la ejecución de los planes de expansión --a partir de finales del 2004-- que elevarían la producción actual de 6,17 millones de toneladas anuales de Orimulsión a 18 millones de toneladas en el 2006. Dicha expansión está dirigida a cubrir los nuevos contratos en Canadá, Corea, Italia, Tailandia, Singapur y China.

De hecho, el embajador de Italia en Venezuela, Gerardo Carante, se reunió con el vicepresidente, José Vicente Rangel, el 9 de septiembre pasado. En esa oportunidad, el diplomático expuso las graves consecuencias para su país por una posible suspensión del suministro del combustible, pues ya se realizaron en las instalaciones eléctricas las modificaciones para adecuarlas al uso de Orimulsión.

Carante refirió que Italia, la cual compra cerca de 150 millones de dólares al año de Orimulsión, demandaría a Pdvsa por incumplimiento de compromisos adquiridos, lo que incluye la construcción de un módulo de producción en Morichal, estado Monagas, con una inversión de 330 millones de dólares.

Por otra parte, en mayo pasado estuvieron en Venezuela el presidente y un directivo de la empresa eléctrica New Bronswick, de Canadá, para finiquitar el contrato de suministro de 2 millones de toneladas anuales a partir del 2004, destinadas a alimentar la planta de generación térmica de Coleson Cove, transformada a Orimulsión.

Los ejecutivos canadienses se devolvieron a su país sin respuesta. Se supo que en septiembre vino de nuevo la representación a Venezuela para que se les dieran una explicación en torno a este contrato por un valor de 750 millones de dólares, pero Pdvsa y el MEM se mantienen herméticos sobre los resultados de estas negociaciones.

Vendedor contradictorio

En sus giras y ruedas de prensa previas al paro cívico nacional de diciembre-febrero pasados, el presidente Hugo Chávez Frías se convirtió en un promotor de ventas de Orimulsión en los países que visitaba, exaltando las bondades de este combustible, ciento por ciento venezolano.

“Pero las indicaciones de asesores energéticos del Gobierno --quienes han manifestado sus reservas sobre la Orimulsión-- han inducido el cambio de opinión en el presidente Chávez, para quien --en su particular doble discurso-- ahora el energético no es importante”, según señaló Saúl Guerrero, gerente de comercio y suministro de Bitor hasta diciembre pasado.

A su juicio, la razón esgrimida por el ministro de Energía y Minas, Rafael Ramírez, de falta de rentabilidad en el negocio no es cierta, porque el año pasado Bitor registró ventas por 200 millones de dólares y reportó ganancias de 60 millones de dólares. Admitió que para introducir el producto en el mercado, la Orimulsión fue vendida con descuentos, pero en los nuevos contratos el precio de venta de la tonelada métrica es más elevado, lo cual fue aceptado por los clientes.

Guerrero señaló que las perspectivas del negocio permitían el pago de la regalía --impuesto de explotación-- de 16,6 por ciento, a lo que se añade que las inversiones en los nuevos módulos de producción las asumen terceros.

Por su parte, Paredes consideró grave que secretos comerciales sean tratados públicamente por las autoridades energéticas venezolanas, lo que pone en riesgo los mercados seguros y por ser asegurados.

Bitor acusó en sus primeros años el peso contable de gastos de capital y de desarrollo tecnológico al evolucionar el producto desde Orimulsión 100 a Orimulsión 400, para poder cumplir con los requerimientos ambientales de los clientes.

Combustible nuevo

Vale destacar que en la década de los años 80, cuando el mundo energético conoció la Orimulsión --mezcla de bitumen de la Faja del Orinoco, agua y un surfactante-- en el mercado no había entrado un combustible totalmente nuevo en los últimos 25 años. Introducir el producto no fue fácil porque competía con el carbón.

Ello motivó reveses en Inglaterra y Estados Unidos, mercados donde no pudo penetrar el carburante, aunque se ganó en los años 90 la pelea a los británicos en la Comunidad Europea para que ésta impusiera al producto un impuesto del petróleo más caro que el del bitumen.

Las ventajas de ser líquido y estable en los sitios de almacenamiento, además de su alto rendimiento calorífico, llamaron la atención de países empeñados en utilizar fuentes de energía competitivas en el sector eléctrico, que representa 20 por ciento del consumo mundial de energía.

Pero de ser competidora del carbón, la Orimulsión ahora es solicitada para sustituir el residual fuel oil y el gas natural en plantas termoeléctricas de empresas en Asia y Europa que quieren ahorrar costos de producción. Esto implica que al club de los competidores del carbón se han sumado los de petróleo y gas, entre ellos miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

A Guerrero no le resulta descabellado que el Gobierno --el cual no oculta su tendencia proárabe-- esté cediendo ante sus socios en la OPEP para dejar de lado la producción de Orimulsión. Vale recordar que los árabes lograron en 1986 incluir los crudos pesados en la cuota de producción de Venezuela en la OPEP, quedando pendiente el bitumen de la Faja del Orinoco.

Rafael Quiroz, analista petrolero que está con el proyecto político del presidente Chávez, lamentó que "en la industria petrolera se geste una campaña para aniquilar el mejor descubrimiento científico venezolano jamás conocido en el mundo de los hidrocarburos". Instó a las autoridades energéticas a suspender la medida, porque la Orimulsión está entre los proyectos de mayor rentabilidad de Pdvsa, con ganancias de 30 por ciento, y por el atractivo de sus proyectos de expansión, con tasas de retorno de la inversión de 20 por ciento.

A su juicio, la abundancia de fuentes de energía muy económicas en Venezuela, como la hidroelectricidad y el gas, no ha hecho justificable adaptar las plantas termoeléctricas criollas a Orimulsión, pero en países donde la generación con combustibles tradicionales --carbón y diesel-- es costosa, el combustible venezolano es una buena alternativa y un buen mercado.

Tanto Quiroz como Guerrero coincidieron en que en el sector petrolero internacional la eliminación de Bitor es una mala señal, que puede incidir en las posibilidades de inversión extranjera en los otros segmentos de la industria, como las asociaciones estratégicas en la Faja del Orinoco, a las cuales apuesta la política petrolera del gobierno venezolano.

Ana Díaz

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Arduo trabajo

Imponer el uso de la Orimulsión en el mercado internacional ha sido un arduo trabajo que ahora se quiere desconocer, quizá por la propia ignorancia de quienes están promoviendo que se deje a un lado la fábrica de un producto de factura totalmente venezolana, en favor de exportar otros hidrocarburos a los que consideran tal vez más rentables. Expertos en el tema consideran inaceptable afirmar que este producto no es rentable o útil, ya que se ha ido mejorando su proceso hasta lograr un combustible ventajoso para la industria eléctrica en muchos países, logrando ser un sustituto del carbón aceptado y rentable. Desde mediados de 1999, el producto que se ha comercializado es Orimulsión 400, cuyas características son compatibles con las exigencias ambientales internacionales impuestas en muchos países, lo que ha permitido que el mercado de este combustible se amplíe. Dar a conocer las ventajas de este producto ha generado en muchos lugares la fuerte resistencia de los productores de carbón y de otro tipo de combustibles, que han boicoteado la Orimulsión alegando problemas ambientales, dado que sienten y saben de la fuerte competencia que significa para ellos que se comercialice este combustible. Incluso el gobernador del estado de Florida en Estados Unidos vetó su uso en una planta que ya estaba convertida tecnológicamente para utilizar el combustible, lo que permitió --en largos y controversiales juicios-- demostrar las ventajas de la Orimulsión frente a otros combustibles, lo cual permitió que otros futuros clientes se convencieran y comenzaran a demandar el producto. También se logró que en la Unión Europea se clasificara a la Orimulsión como bitumen natural, libre de impuestos. Además, este es un producto que está fuera de las cuotas de la OPEP y allí también los países miembros del cártel han insistido para que se incluya este producto como parte de la cuota de exportación de Venezuela, limitando así su posibilidad de competir en el mercado petrolero. El daño que se hace con dejar de producir o incrementar su producción no es solo para Venezuela, en cuanto a que deja de percibir nuevos ingresos y se paraliza el desarrollo tecnológico de esta producción y, por ende, de la diversificación de la producción petrolera del país --concepto tan cacareado por todos los gobiernos--, sino de aquellos países clientes que han realizado millonarias inversiones en la conversión de sus plantas eléctricas para la utilización de este producto, que es irreversible en la mayoría de los casos y causa un fuerte daño patrimonial.


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