Viajeros a Estados Unidos Tortura frecuente por negocios
Con los nuevos controles en los aeropuertos norteamericanos, se necesita mucho más tiempo para programar las conexiones
Bienvenidos a Atlanta, dice la asistente de vuelo, pero el mensaje parece más bien una frase aprendida. No ha terminado el desembarque, cuando un funcionario revisa al pie del avión cada uno de los pasaportes. Primera verificación y, por ende, la primera de las colas.
En inmigración las cosas se complican. Además de presentar los documentos y contestar algunas preguntas de rutina, todo pasajero que necesite visa para entrar en Estados Unidos debe colorar sus dedos índices en una placa que lee las huellas dactilares, mientras una cámara digital toma una fotografía de su rostro.
Este nuevo control es tal vez el menos engorroso. "Todo fluye igual de rápido, la toma de las huellas y la fotografía es cosa de unos cuantos segundos", afirma un venezolano residente en Washington. "Dura apenas unos segundos, la tragedia viene después", confirma otro venezolano que acaba de regresar de Atlanta. "Los que tienen conexiones justas pueden olvidarse de ellas".
Luego de inmigración, cada pasajero debe recoger sus maletas y someterlas a una nueva inspección. Otra cola más. Con o sin conexión, hay que pasar por un tercer punto, en el que se revisa el equipaje de mano, mientras el pasajero, sin chaqueta, se sube a una máquina que verifica los zapatos.
Las nuevas medidas forman parte de un polémico plan, el US-Visit, (implantado en 115 aeropuertos y 14 puertos marítimos de EE UU) con el que el gobierno de George Bush trata de reforzar la seguridad en un país que permanece desde diciembre en alerta naranja. Para sus detractores, incluyendo el Gobierno de Brasil, la toma de las huellas dactilares atenta contra las libertades individuales. Para otros, congestionaría los puntos de inmigración.
Viajeros frecuentes
Y existe un segundo plan. A pesar de que ninguno de los entrevistados por PRODUCTO lo conocía, los anuncios ya se dieron. Lo ideó la Oficina de Seguridad del Transporte con el fin de analizar los antecedentes de los pasajeros y clasificarlos según su nivel de peligrosidad.
Se solicitará nombre, dirección, teléfono, fecha de nacimiento e itinerario de viaje, información que se cruzará con bases de datos. Terminado el cotejo, los pasajeros serán fichados con un código numérico y un color: el rojo implica que no puede pasar, el amarillo que debe someterse a un control adicional y el verde que el control será de rutina.
Las autoridades han anticipado que quienes viajen por negocios tendrán facilidades si colaboran dando voluntariamente información personal, pero todavía parece que no existe trato preferencial para los viajeros frecuentes.
Regresar tiene los mismos inconvenientes. En Washington, el equipaje pasa por un estricto control de rayos equis y, si se encuentra algo sospechoso, las maletas son abiertas y verificadas con rigurosidad. En los registros de salida se obliga a los pasajeros a quitarse chaquetas y a descalzarse, mientras se revisa los bolsos de mano y se repite el proceso de las huellas digitales.
Pero estas medidas no son nada comparadas con la agonía de un venezolano que tenga planes de viajar y su pasaporte haya vencido. El consulado de Estados Unidos ya advirtió que los pasaportes temporales de una hoja no son válidos para entrar en territorio norteamericano ni para solicitar visas. Y en Venezuela hace ya muchos meses que no hay material.
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