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El target de la Coordinadora Se ha acusado mucho a la oposición de masturbación mediática: dirigir mensajes a los antichavistas, que se regodean con ellos pero no los necesitan, mientras olvidan al verdadero público objetivo. Eso en parte es cierto. Pero, ¿a dónde debería apuntar la propaganda de la Coordinadora? Sin duda a los dos grupos de electores a conquistar en los pocos días que faltan para el referéndum: los ni-ni y abstencionistas, por un lado; y los propios chavistas, por el otro. La alianza opositora ya dio un paso al frente cuando tras permitir, durante años, que Hugo Chávez Frías fuera dueño y señor de la agenda política puso por fin los bueyes delante de la carreta y disparó el Plan Consenso País: un misil largamente esperado entre los que quieren al Presidente fuera de Miraflores. Es que ese documento, más allá de su valor real como proyecto para alcanzar la Venezuela posible, tiene un potente efecto psicológico y puede convertirse en una herramienta de propaganda notable para convencer a los abstencionistas y, sobre todo, a los ni-ni, de la necesidad de lograr un triunfo rotundo el 15 de agosto. Los ni-ni no son como muchos piensan simples indecisos. Es gente que, aunque no comulga para nada con Chávez (pudiendo haberlo hecho alguna vez), tampoco desea regresar a un pasado que decididamente condena. Y tiene temores fundados por cierto de que las agendas ocultas, las apetencias personales y los malabares por debajo de la mesa de algunos dirigentes, den al traste con el verdadero interés nacional de construir un país igualitario, educado, próspero, abierto, feliz. Para ellos es fundamental un proyecto de nación. Lo fue siempre, por sobre el inmediatismo de "acabar con la pesadilla" lo que no logró sino oxigenarla que pregonan quienes, sin querer a Chávez, nunca dijeron en verdad lo que querían. Eso fue y no la natural polarización, derivada de un gobierno pugnaz y retaliativo lo que creó el clima para que, entre los que gritaban Chávez NO y los que respondían Chávez SI, comenzara a crecer como un fantasma el importante grupo de los ni-ni. Sin embargo, bien utilizado comunicacionalmente, el Plan Consenso País es capaz de transformar a los ni-ni en verdaderos sí-sí. El otro espectro de votantes que la oposición está obligada a conquistar es el llamado chavismo blando. Un objetivo clave, no abordado aún con la importancia que merece. Baste saber que una gran parte de los seguidores del Gobierno, que saben por qué quieren a Chávez (afinidades emocionales, culturales y hasta ideológicas) dudarían si se les pregunta para qué les sirve quererlo. ¿Acaso no sufren la amenaza totalitaria, sumada a desempleo, inflación, inseguridad, crisis de salud, falta de vivienda, fábricas cerradas y pobreza en auge? ¿Pueden creer que esos son dolores de parto para una sociedad mejor? Hay que ser muy revolucionario para comprar ese argumento, que ya ni Chávez muy ocupado en atacar a Bush se atreve hoy a venderles. Los chavistas blandos fueron seducidos y abandonados. Están en el umbral justo para ser convencidos. Si los estrategas de comunicación de la Coordinadora no lo advierten, la historia no los absolverá. Raúl Lotitto |
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