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Las finanzas públicas y la materia presupuestaria son una verdadera incógnita en la Venezuela post referendo. Pero para el coordinador de la comisión Consenso País de la Coordinadora Democrática, el escenario petrolero y el nivel de reservas internacionales auguran una recuperación en el corto plazo |
ENTREVISTA Diego Bautista Urbaneja, el hombre del consenso El volumen de trabajo ha sido intenso para Diego Bautista Urbaneja. Sus giras por distintas ciudades del país y los contactos con organizaciones sociales y económicas lo remiten a una experiencia política, desarrollada en los años 90, bajo el paraguas de la organización Factor Democrático, que reunió a un grupo de intelectuales y políticos que abogaban por un cambio en la dirección del Gobierno. "Hemos aprendido de la experiencia colectiva", señala el coordinador de la Comisión Consenso País de la Coordinadora Democrática. Hoy "en Venezuela hay una conexión entre lo que hay que hacer y la política". La diferencia que podría allanar el camino para reconstruir el país. ¿Quiénes participaron en la elaboración del Plan Consenso País? No es fácil hacer esa cuantificación. Si te reúnes con los dirigentes de la Federación Campesina, ¿con cuánta gente te estás reuniendo?, ¿con 10 o 15 personas que están sentados alrededor de la mesa, o con lo que permea de ahí para abajo? Lo mismo podría decirse cuando se trata de la CTV, Conindustria o cualquier otro gremio. Me resultaría más fácil decirte con cuántos expertos me reuní: alrededor de 90. ¿No se dejó por fuera a personalidades que podrían identificarse con el pasado? ¿Tienes en mente a alguien en particular? Digo, para ubicarme en el contexto de tu pregunta. ¿Se dejó de consultar a expertos por razones ideológicas o políticas? No, no se pensó que si se consultaba a fulanito nos podría "rayar". Consultamos a las personas que, en todo caso, parecían pertinentes, sin que mediara la discriminación. De hecho, se habló con la dirigencia de los partidos políticos, aún de los más tradicionales, y algo similar ocurrió con organizaciones sociales muy vinculadas al pasado que refieres, como la Confederación Nacional de Trabajadores, por ejemplo. En el plan se debaten materias variadas y complejas escuelas integrales, empleo, descentralización, petróleo, estructura institucional, ¿no cabría el refrán que reza "el que mucho abarca poco aprieta"? No, porque estamos hablando del Estado venezolano en pleno y su funcionamiento. No te puedes concentrar en dos o tres prioridades, como empleo o seguridad. También te debes ocupar de lo demás. El plan es denso, rico en contenido, pero está bastante acotado. El plan propone un fondo de 125 millardos de bolívares para activar mil pequeñas y medianas empresas que representan 25 por ciento de los establecimientos que cerraron entre 1998 y el 2002. ¿Por qué no se cuantificaron otras metas, un número de viviendas, por ejemplo? De hecho fue así, al menos en materia de vivienda, pero en otros casos resultaba inoportuno o difícil. Para las escuelas integrales advertimos, luego de hablar con Leonardo Carvajal, que hacía falta un plazo entre seis y ocho años para que la cobertura fuera integral. Mostrar una cifra en el corto plazo depende de muchas variables, disponibilidad fiscal y presupuestaria, entre otras. Y en ese terreno hay una gran incógnita sobre lo que podríamos encontrar en las finanzas públicas. Pero los economistas con los que hemos trabajado han dicho que no hace falta un ajuste. El escenario petrolero y el nivel de reservas internacionales auguran una recuperación en el corto plazo. En medio de la nada, cualquier cifra habría marcado un horizonte; ¿no pecaron de pudorosos? Antes que buscar una cifra nos concentramos en el trabajo cualitativo. Miguel Rodríguez dice que hace falta una reforma de la Ley del Mercado de Capitales que permita a los trabajadores convertirse en propietarios de las grandes empresas. Ese es un tema que no se toca en el proyecto. Ese tipo de reforma es de tal profundidad, que tiene que ser objeto de consensos de segunda generación. Hay algunos elementos que se perfilan en el documento que apuntan en ese sentido, como la nueva relación entre los ciudadanos y la riqueza petrolera. ¿Por qué si se anuncia un consenso para el sector hidrocarburos no ocurre igual con la empresa privada? Son temas que necesitan, como dije, consensos de segunda generación. El debate sobre la participación de los venezolanos en la estructura del capital de Pdvsa ha estado en el tapete y ha sido planteada en varias oportunidades. Lo que se sugiere es darle continuidad al debate. No creo que en un plan como éste se discuta cuál debe ser la estructura accionaria de las empresas. Es algo que debe dejarse a la vida económica y al debate nacional. ¿No se atrevería a calificar la sugerencia de Rodríguez? No soy dado a ese tipo de travesuras. La construcción de consensos en materias clave, como la creación de fondos de pensiones, fracasó. En las reuniones ¿la CTV, por ejemplo, no advirtió las consecuencias de ese fracaso? Ese proceso, que era muy laborioso y plagado de desconfianza, fue interrumpido por el actual Gobierno. Los supuestos que permitirían aplicar los acuerdos, como la reactivación económica, no se materializaron y, entre una cosa y otra, tenemos un limbo de cinco años. Hay una urgencia en adelantar discusiones mucho más serias y consistentes para poner en pie una verdadera negociación tripartita sobre la seguridad social, mediante un diseño bien cuantificado y sustentable en el tiempo ¿Por qué ahora sí? Porque hay un aprendizaje colectivo y la certeza de que es necesario. Actualmente hay una voluntad política mucho más clara. Has dicho que las finanzas públicas son una incógnita y voceros calificados sostienen que este Gobierno es inauditable ¿El plan se va a construir sobre las ruinas de Venezuela? En Venezuela hay mucha ruina institucional y elevados niveles de desempleo e inseguridad que hay que recuperar. Partimos de esa realidad, pero existe un compromiso muy claro, especialmente entre los factores económicos, para enviar señales positivas al país. El sistema judicial, por ejemplo, está absolutamente destruido y necesitamos construir un estado de derecho. La idea es crear círculos virtuosos a partir de señales muy claras que permitan construir confianza. ¿Cómo ha transformado tu vida esta experiencia? Mi actividad en la comisión corresponde mucho a mi preparación y a lo que sé hacer. He estudiado economía política, ciencias políticas e historia. Lo que ha cambiado es la intensidad del trabajo que, en el área política, ha sido muy fuerte. Pero no diría que me ha cambiado la vida. ¿Qué dirías de las experiencias e intercambios que has tenido con algunos sectores del país? En Venezuela las organizaciones económicas y sociales manejan información y han hecho análisis más allá de lo que parece o se sabe. Lo que ocurre es que los lugares donde hay claridad no han tenido acceso al poder. ¿Por qué piensas que ese obstáculo puede superarse? Porque después de estos cinco años espero que no se repita la experiencia de ceguera y sordera que caracterizó a Venezuela en los años 90. Si las élites venezolanas políticas, económicas y sindicales no aprendieron la lección de los años 90 y de lo que ha pasado en estos últimos cinco años; si no están determinadas a que se establezca entre lo que se sabe que hay que hacer y las decisiones políticas, nuevamente viviremos una pesadilla similar a la que estamos viviendo o una equivalente. Hugo Prieto
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