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La verdadera responsabilidad social empresarial va mucho más allá de la mera filantropía. Implica un compromiso que debe formar parte de los planes de negocio, que comienza por los trabajadores y que incide en la calidad de vida y respeto a los derechos humanos de socios, proveedores, comunidades y países. El camino en Venezuela está trazado, pero todavía falta mucho por recorrer Vea Además: |
Negocio responsable Comenzó en Estados Unidos hace unas cinco décadas, luego de que la sociedad norteamericana comenzara a cuestionar a ciertas empresas por prácticas que se alejaban de la ética. Hoy se ha convertido en un tema de debate no sólo de seminarios y encuentros regionales, sino de los últimos foros globales. Es la responsabilidad social, una tendencia gerencial que va más allá de la eficacia en la producción de bienes para generar rentabilidad y que involucra a las corporaciones en el desarrollo de sus empleados, accionistas, socios comerciales, proveedores y la sociedad. No se trata de meros actos voluntarios de filantropía, aunque así comenzaron las primeras experiencias. La responsabilidad social se entiende hoy como una línea estratégica empresarial para participar en el proceso de desarrollo de los países. Un nuevo enfoque que comenzó con la publicación, en 2001, del Libro Verde sobre Responsabilidad Social de las Empresas de la Comisión Europea, y que se intensificó con el Pacto Mundial de la ONU (The Global Compact), que aboga para que los gerentes adopten principios de derechos humanos, normas laborales y protección al medio ambiente. Bajo este contexto, las empresas se preocupan por insertar en sus planes de negocio “un compromiso que comienza en su público interno en una dimensión laboral basada en principios de justicia social”, explica la socióloga Charo Méndez experta en el tema. Las más vanguardistas acuñan el concepto de "ciudadanía corporativa" para promover derechos humanos y libertades políticas y civiles, ya que, como concluye Méndez, “cada día hay más empresarios conscientes de que no vale la pena crecer alejados de la realidad de su entorno”. Aunque tarde con relación a Europa o a Estados Unidos, en Latinoamérica las empresas están comenzando a asumir su responsabilidad con las comunidades. Y Venezuela comienza a navegar en esta corriente. Las petroleras (Creole y Shell) fueron las primeras en diseñar programas para sus trabajadores, como viviendas, comedores escolares y sistemas de pensiones. Poco después los empresarios privados influenciados por los planes internacionales como los de la Fundación Rockefeller se entusiasmaron con la idea de hacer filantropía. Y estos proyectos se profundizaron a partir de los años 60, de la mano de la Fundación Mendoza y el Dividendo Voluntario para la Comunidad (ver recuadro: Cuando todo Comenzó). ¿Filantropía o compromiso? A pesar de las compensaciones sociales de las administraciones públicas en los últimos 10 años, el crecimiento de los índices de pobreza se ha agudizado. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, 68 por ciento de los venezolanos vive en pobreza (20 por ciento en extrema), cifra que afecta el mapa social del país y dificulta el crecimiento empresarial. Bajo este escenario, muchas empresas venezolanas asumen acciones solidarias (más que proyectos de responsabilidad social) que, a su vez, les reporta beneficios, como el prestigio que otorga la filantropía asociada a una marca. Y si esa relación se mercadea, la empresa gana en imagen y en volumen de transacciones. Pero "la ciudadanía, cada vez más vigilante, no se deja engañar con la publicidad", afirma Antonio Boadas, director de relaciones externas de Procter & Gamble y uno de los promotores del tema de la responsabilidad social en el país. Por eso insiste Boadas las compañías deben difundir cómo obtienen los recursos y cuánto llega realmente a los programas. Por otra parte, a través de la acción social se obtienen deducciones impositivas. Pero, según García, esta no es la razón fundamental para alinearse a campañas responsables. "Los que desarrollan estos proyectos, que se retribuyen en reputación y, en algunos casos, en aumento de las ventas, lo hacen por un compromiso real con el país", afirma. Ethos La responsabilidad social está directamente vinculada a la ética, que implica un compromiso activo para cooperar con terceros. Víctor Guédez, autor del libro Ética Gerencial, señala que la mayoría de los gerentes venezolanos opina que el objetivo principal de una empresa es ofrecer calidad, pero pocos reconocen que deben cumplir también con objetivos sociales, políticos y culturales. "Si las compañías tomaran conciencia de estas premisas, hablaríamos de un liderazgo ético de la empresa con la sociedad", asegura Guédez. "La importancia de la ética en las organizaciones crece tanto como su rol dentro de la sociedad". Las corporaciones generan riqueza, el Estado la distribuye y "la responsabilidad de ambos sectores es disminuir la pobreza y propiciar un crecimiento sustentable", enfatiza el asesor empresarial. El manejo ético asociado con una marca consolida la imagen de la corporación, su sustentabilidad y su gerencia, sentencia Guédez. "La ética actúa entonces como el seguro de vida de las organizaciones, pues permite incrementar la calidad de vida de los seres humanos y, por ende, asegurar su futuro".
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