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ENTREVISTA Zapata descifrado Juan Carlos Zapata no heredó un periódico, pero en unos años se ve al frente de un grupo editorial sólido, cuya marca, Descifrado, no esté como hasta ahora asociada únicamente a él, sino a un equipo estructurado. "Ya crecimos", asegura el periodista. Tanto, que su sede una diminuta oficina en el Centro Perú, en Chacao le quedó estrecha. Es hora de cambios y mudanzas. Pero Zapata quiere delegar en otros los asuntos de gerencia. Su socio, Javier Marín, con quien comparte la mayoría de las acciones de su empresa, News Press Descifrado Confidencial, se encargará de la presidencia, "para que yo pueda hacer lo que me gusta: periodismo". Nació en Guasdualito, donde a los 10 años hizo su primer intento de publicar un diario: trazó unas cuantas líneas, hizo un titular y distribuyó las copias hechas en papel carbón. "Siempre quise ser periodista y escritor. Y no me equivoqué: me gusta lo que hago", dice Zapata, que ha trabajado en Número, Dinero, y en los diarios El Universal, El Impuso, Reporte y Economía Hoy. Buen conversador, Zapata habla con pausas y se muestra tan sereno que, por momentos, no pareciera ser ese agudo, sagaz e hiperquinético periodista, referencia para muchos de sus colegas. Para todas las respuestas tiene también una anécdota y no siente vergüenza en ventilar sus fracasos. "En 1992 traté de fundar un periódico y salí con las tablas en la cabeza. Creíamos que ya se había estabilizado el país tras el golpe del 4 de febrero, pero vino el de noviembre. Los anunciantes y quienes nos iban a apoyar corrieron; además, era un proyecto costoso, ahí también nos equivocamos". Aquel semanario, El Capital, lo heredó Reporte. Pero la espina de montar un negocio estaba allí, así que poco después "comencé con la carta Descifrado, un proyecto con costos mínimos y mucho más rentable". ¿Por qué Descifrado? "Porque íbamos a descifrar el mundo", contesta con una sonrisa. Descifrado se convirtió en una marca, y una marca asociada directamente a Juan Carlos Zapata. Sí, pero ahora estamos intentado que no continúe asociada a mí sino a un equipo, para que los anunciantes e inversionistas sientan que ya no se trata de un proyecto personal. De hecho, cuando busqué a mi primer socio, Javier Marín, me decía que un proyecto de una sola persona era muy arriesgado. Pero lo convencí y luego fue él quien trabajó por la alianza con Patagon, que nos dio un gran resultado económico, así como desde el punto de vista de marca, porque nos beneficiamos de la identificación Patagon en Venezuela. También conocimos a las puntocom por dentro y descubrimos por qué estaba fracasando ese modelo de negocio. ¿Cómo se sostuvo Descifrado cuando otros modelos comenzaban a fracasar? Porque abrimos la información y al hacerlo se nos acercó todo el mundo de la publicidad. Descifrado en la web tiene anunciantes como Telcel, Polar, Bancoro, BOD y Banco Canarias, entre otros. Además, desde que nacimos como carta semanal, nuestro papel ha sido dar información del sector privado, nuestro fuerte, pero también la que emana de los gobiernos, y eso es una ventaja. No ha sido fácil ahora. Afortunadamente, tenemos buenas relaciones con algunos sectores de este Gobierno, pero muchos se han cerrado. A veces, algún ministro se sienta a conversar, pero más en privado que para suministrar información abierta. Las notas que publica Descifrado son, por lo general, rumores y comentarios. ¿Qué diferencia existe entre un chisme y una información? El chisme es el dato que dispara la búsqueda de algo. En un comienzo me daba el lujo de lanzar datos de fuentes en las que creía, porque por años pulsé su credibilidad. Pero ahora que crecimos, la norma es confirmar todo, porque tiene que haber un control en lo que suministran nuestros dateros. Además, descubrimos un código web, en el que dosificamos el dato y, cuando se agota el paso a paso, terminamos comentando la información. Pero lo descubrimos por azar, recuerda que Descifrado es la primera página digital de corte periodístico en Venezuela, y el primer año (1994) fue un fracaso: teníamos accesos de dos o tres personas. Hoy, tenemos 2 mil suscriptores y recibimos unas 800 mil vistas diarias. Y te doy un dato interpretado: con el calentamiento político, llegamos a 2 millones de accesos al día, pero después de las elecciones, las visitas bajaron. ¿Qué pasó?, que la gente se cansó y esa misma apatía que se siente en la calle, se refleja en aquellos que buscan información en la web, en la televisión y en los periódicos. ¿Cómo surge el semanario? ¿No es un proyecto arriesgado en un país con tan bajo índice de lectura y que compite con un medio fuerte como Quinto Día? Siempre quisimos tener nuestro propio medio y cuando vimos ese tráfico en la web, estimamos que teníamos garantizados unos 20 mil lectores. Hoy el tiraje es de 30 mil, con una devolución de 30 por ciento. Tenemos un público cautivo, pero creemos que la vamos a pegar si mejoramos el contenido. Ofrecemos historias, reportajes y personajes, que creo que es lo que hace falta en los semanarios. Además, creamos un banco de firmas y eso es una ventaja. ¿Quién está detrás del proyecto? Nosotros tenemos 40 por ciento, el otro 60 por ciento se reparte en inversionistas particulares. Es un proyecto económico, 700 millones de bolívares para comenzar. Y hoy, con tan sólo ocho números, estamos 20 por ciento por debajo del punto de equilibrio. ¿Qué se requiere para desarrollar un medio periodístico independiente? Trabajar mucho y construir bases sólidas de credibilidad, porque sólo la credibilidad te permite manejarte con independencia ante cualquier fuente. Hay que ser confiable, que el lector te sienta como un aliado y, por último, tener un abanico de historias inéditas con información diferente. ¿Vas a desligarte del ejercicio del periodismo para convertirte en un empresario de medios? No quiero dejar de ser periodista. Con mi socio como presidente de la empresa, quiero dedicarme a la información y despojarme un poco de la parte gerencial, porque además, no estoy hecho para eso. Ya crecimos y en unos cinco años me veo formando parte de un grupo editorial importante. Gracias a Dios, vamos por buen camino. ¿Cuál es tu evaluación sobre el periodismo venezolano en la actual coyuntura política? En cierto modo, todos nos metimos a políticos. Pero el análisis pasa por decir que los editores venezolanos, igual que los de todo el mundo, están y no están con el poder. Algunos medios apoyaron al Presidente cuando era candidato, y cuando ganó, hubo un acercamiento no sólo de los medios, sino de los empresarios. Fue una expresión generalizada y por eso Chávez llegó a una popularidad de 80 por ciento. El periodista, en cambio, es por lo general un profesional del antipoder. Creo también que el periodista entendió a Chávez y Chávez no entendió al periodista ni a su búsqueda de la verdad. ¿Cómo describirías a Venezuela en un futuro cercano? Lo más importante es que la agenda violenta fue derrotada. El escenario electoral le demostró al chavismo que hay un sector mayoritario si creemos en la tesis del fraude, está por encima de 50 por ciento y si creemos en el CNE es de más de 40 por ciento que no está acuerdo con la violencia. Por eso pienso que la salida del país será política: en algún momento van a reconciliarse las dos posiciones, no para ser aliados, sino para sentarse a diseñar el país. Además, Chávez tuvo que ceder su posición contra el capitalismo para ganar aliados. Con Mercal sembró la semilla del capitalismo, también recurrió a empresarios y productores, que si bien nunca comulgaron con el gran capital caraqueño, son ahora sus aliados en redes de distribución y transporte. Por último, tuvo que encontrase con un sector de la tradicional burguesía para bajarle el tono a la confrontación. En fin, se derrotó a la violencia y se garantizó la vigencia del capitalismo, lo que está por verse es si está garantizada la democracia.
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