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El mercado venezolano de juguetes, que desde principios de la década de los 90 se nutre prácticamente de productos importados, ha comenzado a repuntar. De hecho, al cierre de diciembre de 2004 el sector podría facturar unos 80 millones de dólares, un crecimiento de más de 30 por ciento con respecto al año pasado Vea Además: |
Negocio en juego Diciembre es, sin duda, sinónimo de juguetes. No en vano, 70 por ciento de las ganancias de este mercado depende de la temporada navideña, sobre la cual hoy cifran sus esperanzas los jugueteros en Venezuela, luego de haber sufrido fuertes caídas en sus ventas durante los últimos dos años, primero debido al paro de 2002 y, luego, por el control de cambio impuesto por el Gobierno en 2003. Rodolfo del Moral, presidente de la Cámara Venezolana de Juguetes, Deportes y Recreación (Cavefaj), estima que a fines de diciembre el mercado local de juguetes podría facturar nuevamente los 80 millones de dólares que movilizó en 2002, un repunte de 33 por ciento sobre los 60 millones de dólares comercializados en 2003 (ver tabla Cifras en Juego). Al igual que en otros sectores como el automotor la reactivación se relaciona con el crecimiento de la economía local, la disminución de la incertidumbre política tras las recientes elecciones y, por supuesto, la mayor liquidez que comienza a sentirse en la calle por el pago de las utilidades. Por otra parte, en agosto pasado, el ministerio de Producción y Comercio aprobó finalmente la entrega de divisas para algunos códigos de juguetes que no se fabrican en el país y para algunos rubros cuya existencia era insuficiente para satisfacer la demanda, como algunas muñecas y aparatos de radio control. Y aunque la mayoría de los importadores no tuvo tiempo para hacer pedidos con “dólares baratos”, para esta Navidad no se esperan aumentos superiores a 20 por ciento, ya que el precio del dólar libre bajó en comparación con los primeros meses del año (al cierre de esta edición el dólar se cotizaba a 2.523 bolívares). La presidenta ejecutiva de Cavefaj, Elizabeth Rama, explica que el porcentaje de aumento en los precios de juguetes (muy bajo en comparación con 2003, en el cual algunos productos sufrieron un incremento de hasta 60 por ciento) se debe a que este año “hubo incrementos en costos de producción y de importación de algunos insumos”. Avi Kreisel, director del Grupo Kreisel, incluso se atreve a adelantar que “para el próximo día del niño (celebrado en julio) los compradores encontrarán precios mucho más solidarios, gracias al acceso a los dólares de Cadivi”. Claro, que todo dependerá de la posibilidad de una nueva devaluación del bolívar o de que se dispare la inflación. Proyecto en cola Pero no todo es color de rosa. El mercado nacional de juguetes se nutre en 80 por ciento de bienes importados y apenas 20 por ciento corresponde a producción local, según datos de la cámara. Y si bien sustituir la venta de juguetes del exterior por nacionales no parece factible en un mundo globalizado, donde la publicidad, la televisión e internet marcan tendencias de consumo hasta en los niños, Del Moral asegura que “lograr que las ventas de juguetes nacionales lleguen a representar 60 por ciento del mercado es una meta que, con políticas acertadas, podría concretar en unos cinco años” (ver recuadro Cuando Comenzó la Crisis). El presidente de la cámara que reúne a fabricantes, importadores y vendedores al detal destaca que “desde que entró en vigencia la restricción cambiaria (a comienzos de 2003), se otorgaron dólares preferenciales para la importación de materia prima. Pero es aún más necesario que el Estado compre juguetes de fabricación nacional para sus empleados y, a la vez, financie esa producción”. En 2002, la Cámara de Juguetes presentó ante el Ministerio de Producción y Comercio un proyecto (aún vigente) cuyo principal objetivo era recuperar en 20 por ciento la capacidad operativa de 20 empresas locales, para generar 5 mil empleos directos y 15 mil indirectos. La asociación tomó como base los postulados principales del decreto 1.892 de Compras Gubernamentales (firmado en julio de ese mismo año), pues “la idea era que el Estado nos diera un adelanto para la fabricación de 3 millones de juguetes, que luego serían vendidos a sus trabajadores. Al final, los ministerios sólo pagarían la diferencia sobre el costo”, explica del Moral. No obstante, todavía Cavefaj no ha obtenido respuesta, pero “recientemente la viceministra de Industria, Aimé Betancourt, avisó que nos llamaría luego de que se evaluaran las posibilidades de darle luz verde a nuestras reiteradas peticiones”, agrega. El empresario recuerda que “Venezuela es un país petrolero, que cuenta con las condiciones para desarrollar esta gran industria aguas abajo e impulsar la producción de plástico y juguetes. Una buena manera sería que Pdvsa adquiriera en el exterior los costosos moldes de resinas de plástico (PVC) y luego los facilitara a las pequeñas y medianas empresas fabricantes de juguetes, a fin de garantizar incluso la colocación local del petróleo como materia prima”. Kreisel, que también es director de la Cámara, señala a su vez que “Venezuela no debe sentirse acomplejada porque sus juguetes sean casi todos importados, ya que para los países pequeños es muy difícil competir con un gran fabricante como China por ejemplo, que aprovecha las millones de unidades que producen al año y la economía de escala para satisfacer cerca de 90 por ciento de la demanda mundial a menor costo”. ¿Juguetero o de juguete? El gremio de los jugueteros manifiesta estar preocupado por unas importaciones de juguetes que hizo CVG Internacional en los últimos dos años desde Panamá y Miami, alegando que “atentan contra los fabricantes nacionales y las empresas importadoras radicadas en el país”. La inquietud es comprensible porque, entre otras cosas, se estima que un poco más de la mitad de las ventas en Venezuela son institucionales o corporativas, mientras que cerca de 45 por ciento se realiza en comercios tradicionales. Según Kreisel, esta tendencia se debe a que los organismos del Estado y las empresas privadas concentran la mayor parte de la fuerza laboral del país con dinero suficiente para responder a las tradicionales cartas al Niño Jesús. En un documento que Cavefaj envió en octubre pasado al presidente Hugo Chávez, se le informó acerca de las “irregularidades” relacionadas con la CVG, “que podrían dejar en entredicho la transparencia y diligencia de la contratación estatal”. Sin embargo, en la carta también se reconoce el impacto positivo que lograron en diciembre de 2003 las ventas que concretaron pequeñas y medianas empresas afiliadas a la cámara para programas sociales del Ejecutivo, a través de Pdvsa Gas, el Ministerio de Producción y la gobernación de Nueva Esparta, específicamente. Según cifras de Cavefaj, el año pasado las ventas de juguetes venezolanos representaron casi 30 por ciento del mercado. Sharay Angulo
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