En la industria editorial local existen dos grandes grupos de consumidores: los que compran textos escolares y los que leen por placer; entre ambos suman unas 10 millones de personas

 

CONSUMO

Venezuela en letras

 

En Venezuela no hay estudios sistemáticos que definan los perfiles del consumidor de libros. Grave para una industria cuya tasa de rotación de inventarios es muy baja: se calcula en 24 meses, es decir, que una primera edición se agota cada dos años (lo que se tardaba en España en los años 70). Aun así, existen dos informes de mercado elaborados por el Centro Nacional del Libro (Cenal): Estudio del comportamiento lector realizado en padres compradores de libros escolares, que se llevó a cabo en la I Feria del Libro Escolar en 2003, y el Estudio de consumo del libro en el contexto de otros consumos culturales, de la I Feria del Libro Argentino de Caracas en 2004. Ambos hablan de dos grandes mercados editoriales: el de los lectores en formación, que buscan textos escolares –unas 7 millones de personas– y el de lectores autónomos, que leen por razones académicas, laborales o por placer, y que representa cerca de 3 millones de personas.

 

Mi papá también lee

Según el estudio sobre el consumidor de textos escolares, el perfil general de este mercado está compuesto por personas entre 30 y 39 años (53 por ciento), la mayoría son mujeres (64 por ciento), sus ingresos mensuales no superan los 500 mil bolívares (más de 75 por ciento), son universitarios (44 por ciento), casi todos trabajan (70 por ciento) y tienen hijos en edad escolar (más de 84 por ciento). En general, son padres con 1 o 2 niños (casi 60 por ciento).

Los resultados de la encuesta diferencian siete grupos. El más numeroso –más de 22 por ciento– es el de las "supermadres lectoras", que, con bajos ingresos, son sostén de familia (ver recuadro Consumidores de Textos). Luego figuran los "padres lectores" (19 por ciento), obreros en empresas privadas y cuyo ingreso familiar es de hasta 3 millones de bolívares mensuales. Con 16 por ciento, destacan las "madres enfocadas lectoras", de entre 30 y 34 años, con un hijo en edad escolar; los "abuelos jóvenes lectores" (11 por ciento) y los adultos lectores (10 por ciento).

De acuerdo con el estudio, en Venezuela la lectura es un hábito que se transmite más eficazmente de padres a hijos que en las escuelas, por lo que las estrategias de mercadeo editorial deberían enfocarse en las "familias de lectores", para aprovechar el canal del libro escolar para el de interés general y reforzar el posicionamiento del libro como un bien de consumo familiar.

Si se proyectan estas familias de lectores a la población nacional, según edad y nivel socioeconómico, el grupo de "padres lectores" representa 1,2 millones de personas, el de "abuelos jóvenes lectores" más de 76.890 personas y los "adultos lectores" más de 27.250, para un total de unos 1,3 millones de consumidores de textos escolares, quienes, a su vez, son formadores de potenciales lectores.

 

Lectores con poder

El segundo estudio ubica el libro en el contexto de otros consumos culturales e identifica cinco grupos: "Lectores premium" (casi 46 por ciento): adultos aficionados a la lectura y a la música (ver recuadro Tipos de Lectores). Con 24 por ciento, figuran los "lectores ocasionales", más aficionados a la TV que a la lectura, seguido de los "lectores gold" (más de 17 por ciento), adultos que leen y escuchan música. Después están los "lectores cool" (más de 10 por ciento), estudiantes que leen por placer, y por último, las "lectoras por default" (2,5 por ciento).

En este estudio se concluye que el lector autónomo suele leer por placer. Como consumidor, tiende a equilibrar el tiempo de lectura con la TV o con visitas a centros comerciales, familiares y amigos. La mayoría es adulto y lector por una tradición que tiende a reproducir en nuevas generaciones.

 

Los editores

Cifras de la Agencia Venezolana de ISBN (International Standard Book Number) señalan que entre 1985 y 2004 predominan los editores de libros de interés general, lo que es una tendencia latinoamericana. Los datos de 2003 muestran una reducción de la cantidad de títulos en 2.064 (7,9 por ciento menos respecto del período anterior), tendencia que se mantuvo en 2004 y que parece apuntar hacia la búsqueda de economías de escala entre los editores. El tiraje promedio se ubicó en 6.786 ejemplares y el más frecuente fue de mil ejemplares.

En la tendencia de producción de títulos según temas, los textos de ciencias sociales ocupan el primer lugar (14.307 libros entre 1985 y 2003), seguidos de ciencias aplicadas y tecnología (10.481) y los de literatura (9.105), lo cual revela que es en (o vinculada a) la universidad donde se edita la mayor cantidad de libros.

El tiraje total para 2003 fue de 13,8 millones de ejemplares (todo un récord), una variación de 75 por ciento con respecto al año anterior, y un incremento de 31,5 por ciento con respecto a 1997 (que fue de poco más de 10,6 millones de ejemplares). Esta tendencia se mantuvo en 2004, con más de 23,7 millones de ejemplares, lo cual llevaría el libro per capita a un índice cercano a uno.

Además, 18 títulos editados en el país generan un tiraje de 9,7 millones. El valor total del tiraje es de más de 45.648 millones de bolívares, casi 14 por ciento del valor del sector y 0,04 por ciento del PIB para 2004. El precio promedio de un libro se calcula en 16.357 de bolívares.

Por otra parte, por primera vez en la historia, los mayores tirajes para 2003 fueron para libros de temas de interés general, que desplazaron a los textos escolares.

Además, datos de Aladi señalan que para 2004 la importación de libros sufrió una reducción cercana a 10 por ciento en comparación con 2003. Esto, aunado al incremento del tiraje local, avalaría la hipótesis de que el mercado local está sustituyendo la importación por la oferta nacional, que el incremento de la categoría "interés general" crece con la demanda de lectores autónomos y que la reducción del número de títulos y el incremento de los tirajes busca precios más competitivos.

Estas cifras explicarían la reiterada apuesta por el autor local que en 2004 realizó el Grupo Editorial Alfa, la editorial Random House Mondadori, (con la colección Debate), las ediciones nacionales del Grupo B, el surgimiento de la Editorial Criteria o el interés del Grupo Santillana por desarrollar una colección dedicada al hecho venezolano. Son, movimientos generados por la creciente demanda de lectores autónomos, por la oportunidad de producir textos a costo local y por la conciencia de la necesidad de afinar el mercadeo para reducir el tiempo de rotación de inventarios. Si eso es así, 2005 puede ser el año que consolide estas tendencias. Habrá que verlo.

 

Carlos Delgado Flores

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 Territorios de la letra

La Red Nacional del Conocimiento sirve para ilustrar cómo están distribuidos geográficamente los lectores venezolanos. Se trata de la infraestructura educativa (escuelas, colegios, universidades e institutos), puntos de venta de libros (librerías y quioscos), bibliotecas, infocentros e infraestructura cultural (teatros, museos y casas de cultura).En Venezuela la red está concentrada en 72 municipios en las áreas urbanas y suburbanas de 10 estados: Distrito Capital, Miranda, Aragua, Carabobo, Lara, Zulia, Táchira, Mérida, Bolívar y Anzoátegui, en los cuales se agrupa cerca de 70 por ciento de la población.

En el país hay un punto de venta de libros por cada 16.776 personas, un infocentro por cada 107.370 personas, una biblioteca pública por cada 35.216 personas, una escuela por cada 860 personas y una infraestructura cultural para 47.838 personas.

Asimismo, se calcula que de cada 50 venezolanos, uno es un autor (si se incluyen a los tesistas universitarios) y hay un editor por cada 38 mil habitantes.

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Consumidores de textos

Según el estudio del Centro Nacional del Libro sobre el comportamiento lector realizado a padres compradores de libros, en Venezuela existen seis grupos:

 

1. Tímidos. Tienen entre 16 y 29 años, sin hijos. No suelen comentar sus lecturas (15 por ciento de la muestra).

 

2. Supermadres lectoras. Tienen entre 30 y 34 años. Son sostén de familia. Cursaron la escuela básica, están desempleadas o trabajan en la economía informal (con ingresos mensuales menores a 250 mil bolívares). Aprendieron a leer con maestros, les gusta comentar sus lecturas y prefieren que sus hijos lean cuentos a textos escolares (más de 22 por ciento).

 

3. Padres lectores. Obreros de empresas privadas, con ingresos familiares entre 1 y 3 millones de bolívares mensuales. Tienen dos hijos. Aprendieron a leer en la escuela, prefieren leer libros generales, mientras que sus niños optan por textos escolares; suelen ayudar a sus hijos con sus tareas (casi 19 por ciento de la muestra).

 

4. Abuelos jóvenes lectores. Tienen 46 años o más, universitarios, empleados en la administración pública, con cuatro hijos o más. Aprendieron a leer con padres o parientes. Sus hijos cursan educación media, diversificada, técnica y superior. Son lectores de diversidad de géneros y temáticas (11 por ciento de la muestra).

 

5. Adultos lectores. Jóvenes universitarios de 35 a 39 años, empleados en la empresa privada, con ingresos familiares entre 500 mil y un millón de bolívares mensuales. Tienen hijos en edad escolar en colegios privados que prefieren los cuentos. Aprendieron a leer con sus padres y prefieren periódicos y revistas (poco más de 10 por ciento).

 

6. Madres enfocadas lectoras. Tienen entre 30 y 34 años, con un hijo en edad escolar, que estudia en una institución pública. Aprendieron a leer con sus padres. No suelen comentar sus lecturas y ayudan a sus hijos a hacer sus tareas (casi 16 por ciento).

 

7. Padres "ausentes" (lectores distraídos). Tienen entre 30 y 34 años,desempleados, con tres hijos en educación media y diversificada en institutos públicos. Sus hermanos y otros parientes les ayudan con las tareas. Aprendieron a leer en la escuela pero con ayuda de los padres. Son lectores de folletos y revistas (6,3 por ciento).

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Tipos de lectores

El Estudio de consumo del libro en el contexto de otros consumos culturales, de la I Feria del Libro Argentino de Caracas de 2004, (con una muestra de 387 personas) revela cinco grupos de lectores en Venezuela:

 

1. Lectores premium (45,7 por ciento).

Adultos contemporáneos, profesionales, casados, aficionados a la lectura y la música, con edades entre 25 y 44 años; nivel de instrucción universitaria, trabajadores con un ingreso familiar promedio entre 600 mil y 1,2 millones de bolívares.

 

2. Lectores cool (10,3 por ciento).

Estudiantes –entre 15 a 24 años– que observan videos, chatean y leen por placer. Con instrucción secundaria, no trabajan, están solteros y tienen un nivel de ingresos de menos de 300 mil bolívares.

 

3. Lectores ocasionales (24 por ciento).

Solteros de bajos ingresos, menores a 300 mil bolívares. Con educación media incompleta, son aficionados a la TV, y no a la lectura ni internet. No realizan actividades de esparcimiento fuera de casa.

 

4. Lectores gold (17,3 por ciento).

Adultos de entre 55 y 64 años, con ingresos superiores a 1,2 millones de bolívares, universitarios y/o posgrado, probablemente jubilados, que gustan de la lectura, la música, internet y actividades culturales. Divorciados.

 

5. Lectoras por default (2,5 por ciento).

Mujeres casadas, universitarias, sin gustos por internet, cibercafés ni el cine. Tienen entre 35 y 44 años y un ingreso promedio entre 600 mil y 1,2 millones de bolívares.

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Lectores disfuncionales

En Venezuela, 56 por ciento de la población económicamente activa (unas 8 millones de personas) tiene una escolaridad promedio de 7º grado, cinco años menos que el estándar de los países desarrollados y uno más que el promedio latinoamericano.

Esta población está concentrada en los estratos D y E, por debajo de la línea de pobreza, y en ella se concentra la mayoría de los lectores disfuncionales del país: los que leen sólo lo necesario para orientarse. Pueden leer un párrafo largo, pero son incapaces de sintetizar la idea central y expresarla coherentemente.

Bajo este contexto, el Gobierno preparó un programa de ediciones masivas, que comenzó en 2003 con la importación de 25 millones de libros cubanos de la Biblioteca Familiar y que continuó en 2004 con la aparición de la Biblioteca Popular Temática (27 millones de ejemplares), la edición de más de 200 manuales

técnicos del INCE y la importación de 400 millones de bolívares en títulos de ciencias sociales, de Argentina y España, distribuidos por la red de librerías Kuai Mare.

Es difícil caracterizar el tipo de mercado de lectores disfuncionales y, sobre todo, qué producto requieren –que se ubica entre el texto escolar y el de interés general–.

Lo cierto es que se trata de un nicho hasta ahora desatendido tanto por el sector público como por el privado.

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