El interés de los empresarios asiáticos por hacer negocios en Venezuela es cada día más fuerte. Petróleo, minería, petroquímica , agro, textil y, recientemente, telecomunicaciones, son los sectores de mayor movimiento. Los chinos proponen a sus socios criollos intercambiar obras por crudo, mientras estudian utilizar a Venezuela como puente para ingresar al mercado andino

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No es cuento chino. La tan anunciada llegada de los inversionistas del dragón asiático a Venezuela es un hecho. Tan sólo en noviembre pasado, el Consejo Nacional de Promoción de Inversiones (Conapri) atendió a 30 representantes de compañías interesadas en el país, justo cuando las inversiones chinas –sólo a través de convenios bilaterales– cerraban (de 1997 a 2004) en 1.300 millones de dólares, según la oficina comercial de la embajada de ese país en Caracas.

El último desembarque fue a fines de enero, con la visita del vicepresidente de Gobierno, Zeng Qinghong, quien llegó a Caracas acompañado por representantes de unas 15 empresas. Todos –asegura el vicepresidente del Banco de Comercio Exterior (Bancoex), Luis Goia– “vinieron a Venezuela con una línea clara: vender, comprar o invertir”.

Y las expectativas de negocio no sólo son mantener la mirada en los sectores tradicionales (petróleo, gas), sino desarrollar la industria petroquímica aguas adentro e identificar nuevos nichos como telecomunicaciones, construcción, industria textil y agronegocios, comenta la presidenta de la Cámara Binacional Venezolana China de Comercio, Industria y Turismo (Cavenchi), Mimi Mock de Fung.

Y aunque China no figura todavía en la lista de los principales inversionistas de Venezuela emitida por la Superintendencia de Inversiones Extranjeras, estará entre los 10 primeros en los próximos 10 años, al menos así lo prevén y la directora ejecutiva de Conapri, Mercedes Briceño.

Así que atrás parecen haber quedado las pequeñas quincallas y los restaurantes chinos, pues ahora los empresarios de ese país se enfocan en otras áreas de negocio (los primeros en llegar, hace ya décadas, se dedicaron a los sectores de servicios y comercio, con abastos, supermercados, tintorerías y restaurantes –sólo en Caracas hay 400– o a la venta de juguetes, antigüedades y otros artículos).

Por el momento, la nueva oleada empresarial –que participó en un seminario económico para captar oportunidades de negocio– se reunió con los directivos de Conapri y con empresarios locales (representantes de 115 compañías). Algunos de ellos comentaron a PRODUCTO que, aunque la mayor atención se centró en áreas tradicionales como petróleo, gas, petroquímica y minería, el encuentro permitió hacer contactos y explorar posibles alianzas estratégicas con los chinos para ampliar su negocio o para exportar e ingresar al mercado asiático, de 1.300 millones de habitantes.

"Lograr una pequeña tajada de esa torta representaría un excelente negocio para cualquier empresario venezolano", asegura Nurvis Cedeño, presidenta de K-K.O, empresa local que comercializa granos de cacao. Cedeño no descarta aliarse en un futuro cercano con algún inversionista chino para incrementar su producción y expandir su mercado dentro y fuera del país. Según la empresaria, en China –que no produce cacao– "la demanda de este producto es elevada".

Según cifras de la oficina de inteligencia comercial de Bancoex, entre 1999 y 2003 China importó 93 millones de kilos de cacao, equivalentes a 115 millones de dólares. Sólo en 2003, compró 15 millones de kilos (28 millones de dólares) y en 2002 importó 9 millones de kilos (13 millones de dólares).

Pero no sólo el cacao es un producto para exportar, también las maquinarias y materiales eléctricos; metales comunes y sus manufacturas; productos químicos; plásticos, caucho, materias textiles; calzado y hasta pasta de madera podrían ser vendidos a China.

Amor a primera vista

La fascinación entre China y Venezuela –que no es reciente– tiene varias explicaciones. La principal es que el dragón asiático busca hoy nuevos mercados y proveedores y, en ese sentido, América Latina luce como una fuente indispensable de materia prima y alimentos, entre otros. La reciente gira del presidente chino, Hu Jintao, por algunos países de la región prueba el interés de los chinos por la región. Jintao recorrió las capitales de Brasil, Argentina, Chile y Cuba, en las que prometió inversiones por más de 70 mil millones de dólares para la próxima década.

El norte está claro: la República Popular China desea convertirse en la primera potencia del mundo y al ritmo que va, no tardará en conseguirlo. "Los chinos son pragmáticos, se ubican donde identifican oportunidades", señala Edgar Piña, presidente de Glassven, primera empresa venezolana del sector industrial en iniciar operaciones en China (ver recuadro: Un venezolano en China).

Además, la nación asiática no sólo tiene músculo financiero para lograr sus metas –en los últimos 10 años ha mantenido un crecimiento económico de 10 por ciento–, sino paciencia, que no duda en demostrar cuando se trata de negocios.

Otra de las razones que mantiene anclada a China en suelo criollo –explica la presidenta de Cavenchi– es que la Comunidad Andina es un mercado apetecible para el dragón asiático, que no dudará en utilizar a Venezuela como puente para ingresar en él.

Y si a estos motivos comerciales se suma el "enamoramiento" del presidente Hugo Chávez por China –enmarcado dentro de su política de migrar a nuevos mercados y abandonar los tradicionales–, el juego está cantado. "Nos alejaremos cada vez más de Estados Unidos, nuestro principal socio y comprador", señala el economista Omar Fernández Russo, quien aclara que la crítica no es contra la decisión de diversificar relaciones comerciales, la cual califica de positiva. "El problema –dice– es abandonar el mercado más grande del mundo y el principal comprador de petróleo del país". Con esa estrategia, el Gobierno "lo que está buscando es un nuevo amo o cordón de dependencia".

Según el Banco Mundial, Estados Unidos –con 290 millones de habitantes– acapara 36,4 por ciento de la producción mundial (América Latina y el Caribe, con más de 500 millones de habitantes, apenas alcanzan una cuota de 4,6 por ciento). Además, es el principal inversionista en Venezuela. En 2004, según la SIEX –que no registra inversiones en los sectores petróleo, seguros, gas y minería–, colocó más de 173 millones de dólares en el país (poco más de 35 por ciento del total de inversiones extranjeras en Venezuela), seguido de Suiza, con 157 millones (31 por ciento), y Francia, con 50 millones (10,2 por ciento).

Negocios como arroz

En 1997, durante el segundo gobierno de Rafael Caldera y en plena apertura petrolera, China National Petroleum Corporation (CNPC) fue la primera empresa asiática en instalarse en Venezuela. Actualmente coopera en el campo de la orimulsión.

Tres años después, en 2000 –seducida por el sector telecomunicaciones–, ingresó por el sector privado Huawei Technologies, que en diciembre de 2004 se hizo con un contrato de 6,9 millones de dólares para la repotenciación de la red interurbana de fibra óptica de Cantv. En 2001, los gobiernos de Venezuela y China crearon la compañía Sinovesa, para la construcción de un módulo de orimulsión que debería estar listo a finales de este año.

En 2004, también resultado de acuerdos binacionales, se instaló en Barquisimeto Yankuang Group Corporation, responsable de la rehabilitación de los 240 kilómetros de vía férrea de los tramos Puerto Cabello-Barquisimeto (de 137 kilómetros) y Yaritagua-Acarigua (de 67 km), del Sistema Ferroviario Centro Occidental. El proyecto –que incluye un sistema de señalización y comunicaciones, suministro de electricidad, obras complementarias y la dotación de nuevo material rodante– requiere una inversión de más de 340 millones de dólares, 80 por ciento corre por cuenta de los asiáticos, a través del Eximbank, y 20 por ciento lo cubre el Estado venezolano.

China también participará en la construcción de una red de telecomunicaciones en Venezuela, valorada en 250 millones de dólares, y tiene planes de desarrollar unas 100 mil viviendas y ejecutar cuatro tramos del sistema ferroviario nacional.

Según la presidenta de Cavenchi, "el Gobierno chino designó a China Railway Engineering Corporation; estableció un consorcio binacional con Orinoco Energy Resources –empresa que Mock representa– y definió dos propuestas para su ejecución: el financiamiento de 85 por ciento o de 100 por ciento de los costos a cambio de petróleo". La inversión para esos proyectos supera los 6 mil millones de dólares.

Otra empresa diva, Shandouy Gold Group, trabaja en la rehabilitación de la mina de oro Mina Sosa Méndez, en Puerto Ordaz.

Perfil chino

Cuando se trata de hacer negocios –apunta el vicepresidente de Bancoex–, los inversionistas chinos tienen una característica particular: "Estudian las zonas y visualizan las potencialidades para instalarse o establecer una red comercial".
Oswaldo Amare, presidente de Health Care –compañía venezolana que compite en el mercado de cuidado personal–, describe otros detalles: "Los chinos tienen una visión de negocio distinta a la nuestra, son más capitalistas, pero se trata de un capitalismo de Estado, con planes definidos. Saben lo que van hacer y actúan por sectores. Cuando se trata de establecer asociaciones, lo hacen en áreas en las que son competitivos, a diferencia de los venezolanos, que somos toderos".

Además, a los inversionistas chinos les preocupa que se respeten los acuerdos. El cumplimiento, expresado en hechos, al igual que la palabra, es determinante en la cultura oriental y, por ende, en la atracción y permanencia de nuevos socios. En cualquier tipo de relación comercial exigen transparencia, responsabilidad y garantías.

"Es una razón de Estado, la nueva política económica y comercial se centra en explorar nuevos mercados, aliados comerciales no tradicionales y direccionar los flujos de inversiones a continentes, y los chinos tienen deseo, voluntad y capital", destaca Goia.

Los empresarios locales, por su parte, esperan que los acuerdos con los chinos se traduzcan en planes concretos para la diversificación de sus negocios, la capacitación, transferencia tecnológica y la posibilidad de ingresar a un mercado con 1.300 millones de habitantes.

Lamking González

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En cifras

La colonia china en Venezuela sobrepasa las 120 mil personas, según el presidente de la Federación China en el país.

En 2004, el intercambio comercial entre la nación asiática y Venezuela fue de 661 millones de dólares, según el Banco de Comercio Exterior.

En 2003 alcanzó 341 millones de dólares; en 2002 fue de 287 millones y en 2001 de 436 millones.

Los principales rubros de exportación de Venezuela a China son hortalizas, tejidos, máquinas de acondicionamiento, lámparas,tubos eléctricos, artículos de grifería, juguetes, bombas y calentadores eléctricos.

Los principales productos de importación son hierro, acero y sus manufacturas, así como aluminio y sus manufacturas, cobre, partes y accesorios de vehículos, cuero, aceites de petróleo, fibras ópticas, artículos de grifería y aparatos de telefonía.Actualmente, Glassven tiene tres plantas en Venezuela, una en La Victoria y dos en Barquisimeto. La capacidad de producción anual es de 40 mil toneladas y todos sus productos cuentan con las certificaciones internacionales ISO 9000, 2001, Kosher y Halal. Mucho antes de ingresar a China, la compañía exportaba a
Centroamérica, el Caribe, Europa y el Medio Oriente.

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Tres décadas de relaciones

A la par del resto de los países latinoamericanos, las relaciones entre China y Venezuela comenzaron en 1974. El comercio entre los dos países se inauguró con 1,4 millones de dólares. Pero no fue sino hasta finales de 1981 cuando se hicieron mayores acercamientos entre las dos repúblicas, con la visita del entonces presidente Luis Herrera Campins, el primer jefe de Estado de la región en llegar a China continental. Cuatro años después, se firmaron varios tratados de intercambio cultural, tecnológico y de hidrocarburos.

La segunda presidencia de Rafael Caldera marcó el primer repunte de inversiones chinas en Venezuela, cuando –además de acuerdos para la explotación petrolera y de orimulsión– se firmó uno para el mantenimiento del consulado de Venezuela en Hong Kong, que pasó a ser parte oficial de la República Popular de China en 1997.

Venezuela declaró 1996 el Año de Asia y se otorgó prioridad a China. En ese entonces, el intercambio comercial era de 188 millones de dólares (161 millones en la exportación de productos chinos y 27, 66 millones en la importación).

Un año después la Corporación China de Petróleo y Gas Natural invirtió 358 millones de dólares para la explotación de crudo en dos décadas. En 1999, cuando el presidente Hugo Chávez contaba apenas 10 meses en el poder, el volumen de las inversiones chinas casi se había triplicado, para ascender a 400 millones de dólares.

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Al estilo oriental

Paciencia y perseverancia son quizá las dos palabras que mejor se ajustan a los cinco años de trabajo de Huawei Technologies en el país. La empresa proveedora de equipos de comunicaciones y soluciones de red para telecomunicaciones –considerada la más grande en China, con ventas globales de 5.580 millones de dólares– tuvo que ganarse la confianza y credibilidad de un sector acostumbrado a competidores tradicionales. "No fue fácil, pero lo logramos. En cinco años acumulamos experiencia y nos superamos a nosotros mismos", cuenta Xu Jin, presidente de la corporación en Venezuela, que cuenta con más de 30 empleados, de los cuales más de 70 por ciento es de origen venezolano.

Sin menospreciar a sus competidores, Jin insiste en que la diferencia
de Huawei se centra en tres puntos principales: calidad, servicios y costos efectivos. Una propuesta que le permitió ganarse, a fines de 2004, un contrato con Cantv de 6,9 millones de dólares, que se convertiría en su mejor carta de presentación. Los planes inmediatos de la empresa son continuar creciendo en el sector privado, participar en los proyectos del Gobierno para la masificación del uso de tecnologías de la información e inaugurar un centro de adiestramiento para clientes.

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Un venezolano en China

Edgar Piña, presidente de Glassven, empresa venezolana del sector químico (fabrica y exporta silicatos de sodio y silicatos sintéticos y sus derivados), es la primera firma local, al menos del sector industrial, en abrir operaciones en China. Hace dos años, gracias a un joint venture con la compañía Huatai, construyó una planta en la ciudad de Yangzhong, provincia de Jiangsu, que funciona bajo el nombre de Glassven-Yangzhong Silicas and Chemicals J.V.

Con esta fábrica provee no sólo a la nación asiática sino a varios países vecinos y de África, y produce artículos especiales, como Gelsil y Pirosil, para los sectores de pinturas y alimentos, respectivamente. El mercado chino consume entre 150 mil y 200 mil toneladas anuales de silicatos.

"En el proceso de búsqueda de socio y negociación –recuerda con orgullo– transcurrió más de un año. Fue un gran aprendizaje, además del idioma, tuvimos que sortear diferencias culturales.

Los asiáticos no son expresivos, cuando asisten a una reunión, a diferencia de los venezolanos, –que vamos tres–, van 10 o 12, y todos quieren hablar", comenta.

"Nos tocó demostrar que podíamos cumplir con sus requisitos, a pesar de que teníamos la carta de ser una empresa con certificación internacional y varios años de experiencia exportando a otras plazas".

Para Piña, "el Gobierno chino es, en general, muy abierto a recibir las inversiones extranjeras. Es un país muy organizado, cada ciudad tiene manuales de inversión, proyectos por sectores, estudios de factibilidad, datos sobre la zona, información sobre los servicios, recursos disponibles y costos. Esa es la diferencia entre ellos y nosotros: tienen proyectos concretos y nosotros ideas".

Actualmente, Glassven tiene tres plantas en Venezuela, una en La Victoria y dos en Barquisimeto. La capacidad de producción anual es de 40 mil toneladas y todos sus productos cuentan con las certificaciones internacionales ISO 9000, 2001, Kosher y Halal. Mucho antes de ingresar a China, la compañía exportaba a Centroamérica, el Caribe, Europa y el Medio Oriente.

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