La responsabilidad empresarial vinculada al tema ambiental suma cada vez más voluntades. Ya no es vista como un deber ineludible, sino como una oportunidad de crecimiento

 

GERENCIA 

 

Ambiente de negocios

  

Desde la filantropía de la década de los 80 hasta las tecnologías limpias de los años 90, la responsabilidad social de las empresas vinculada al problema ambiental avanzó a pasos agigantados y el tema tiene ahora un foco mucho más complejo. Ganar o perder dinero en los negocios está ligado hoy al tema ecológico de muchas más formas que las identificadas años atrás.

Mariela Núñez de Urbaneja, gerente de relaciones externas de Procter & Gamble de Venezuela, asegura que las empresas sólo pueden sobrevivir con una "operación sustentable". Es decir, "asegurando una mejor calidad de vida para todos ahora y en las generaciones venideras", concepto que va en línea con la declaración de propósitos de la compañía, que "busca mejorar la vida de sus consumidores".

Y recuerda: "En los años 90 surgieron los conceptos de las tecnologías limpias y la ecoeficiencia y el debate sobre cómo las empresas podían impactar el ambiente. Procter decide entonces dedicar un departamento al tema ambiental, visto como una oportunidad de negocio: menos desperdicios, reciclar materiales, evitar multas". Y como ejemplo menciona la para entonces nueva planta de Barquisimeto, donde "se comenzó a reciclar el agua, lo cual se hace hasta hoy".

La compañía ha trabajado el tema con asociaciones como Fedecámaras, Conindustria y Asoquim, y desde hace 13 años sus empleados han sembrado árboles en el cortafuegos del Ávila.

Para Urbaneja –presidenta de la Asociación para la Defensa del Ambiente y la Naturaleza–, entre las amenazas y oportunidades en el medio ambiente del país destaca el problema de los desechos sólidos en los cerros de Caracas. "Es difícil bajar la basura y por ello la lanzan a las quebradas con consecuencias como las que vemos en temporadas de lluvias". En lo positivo, habla de un proyecto en Brasil "que se puede extrapolar al país para educar, por ejemplo, a los recogelatas, metodizar su trabajo e insertarlos de manera formal en la recolección de desechos reciclables".

 

Energía saludable

A pesar de que cada día con más fuerza, las empresas venezolanas se preocupan por idear programas vinculados con la ecología, sin duda, la industria de mayor proactividad en el cuidado ambiental es la petrolera, cuyas actividades son percibidas como de alto impacto al entorno, lo cual la ha llevado a ser extremadamente rigurosa al respecto.

Tras su reestructuración –luego del paro petrolero de 2002–, Petróleos de Venezuela detalla en su página web que la empresa "pone especial énfasis en los procesos de recuperación, prevención y conscientización ambiental. Sus actividades están dirigidas a la recuperación de cuencas hidrográficas, la disposición final de desechos sólidos y aguas servidas, el saneamiento del entorno y la eliminación progresiva de los pasivos".

Y es que desde siempre Pdvsa se ha encargado de gerenciar la restauración de zonas que pudieran presentar problemas por operaciones petroleras.  Se trabaja la revegetación de bosques y conservación de suelos, así como en el manejo de las plantas en los corredores de servicio de oleoductos, gasoductos y líneas de distribución de electricidad.

También trata desechos orgánicos biodegradables con tecnología de Intevep y mantiene –desde 2002– un convenio con el Ministerio del Ambiente para abordar la conscientización y la prevención. Como programa bandera, destaca el mantenimiento del cortafuegos del cerro Ávila por Pdvsa, junto con Fundarbol.

Las empresas petroleras privadas hacen lo propio. En los últimos años han evolucionado en un concepto que migró de donaciones a la inversión en programas sociales en las comunidades donde operan.

La edición 2005 de PETROGUÍA analiza el tema y destaca que "la generación de productos y servicios debe estar acompañada por la eficacia en la utilización de los recursos, apego a la ética, así como la práctica diaria de normas de seguridad y el cumplimiento de las más exigentes normativas ambientales". Bajo este contexto, esta industria, cuyas empresas se ubican en lugares apartados, ha contribuido con comunidades necesitadas.

Desde el inicio de la apertura petrolera en los tempranos años 90 hasta hoy, la estrategia del sector en materia de responsabilidad social se ha afinado, con un foco especial sobre el tema ambiental (ver recuadro Petróleo en Ambiente). El tema, de hecho, ya pasó de las empresas al área formativa. Dentro del programa internacional de gerencia del negocio de los hidrocarburos del IESA destaca el ítem Energía y Medio Ambiente.

 

Transparencia

Uno de los casos más interesantes de reciclaje venezolano es la industria del vidrio. En Venezuela, la multinacional norteamericana Owens Illinois posee una experiencia de 15 años en el incentivo de esta cultura. Incluso creó una dirección de reciclaje, al frente de Maricarmen Polanco.

"Es un programa ecoeducativo que va mucho más allá de comprar botellas. Es asesorar a comunidades, escuelas y gobiernos locales. Y su difusión va acompañada con la participación, para conscientizar a la gente sobre su responsabilidad", explica. Según Polanco, en Venezuela Owens recolecta 100 mil toneladas anuales de vidrio para reciclar, cifra que supera a la de otros países donde se aplica el mismo programa y que se acerca a la de algunas naciones desarrolladas. También promueve la creación de microempresas para la recolección de vidrio, a las que brinda asesoría. Actualmente existen unas 30. Polanco explica que antes llegaron a ser 70, pero que las mayores absorbieron a las más pequeñas, por lo cual, aunque hay una menor cantidad de microempresas, el resultado es similar.

De hecho, 85 por ciento del vidrio recolectado por Owens Illinois proviene de este canal. El resto llega gracias a programas comunitarios de recolección en escuelas, parroquias y asociaciones de vecinos, instancias en las cuales Polanco no valora tanto la cantidad del material reunido como la educación en materia de responsabilidad con el ambiente.

La propuesta de la multinacional hacia un futuro inmediato tiene metas claras: "Nos interesa mucho llegar a acuerdos con gobiernos municipales, pues son los encargados de recolectar la basura", subraya.

 

Carlos Roa

 

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Petróleo en ambiente

Los programas de responsabilidad social desarrollados por las petroleras privadas en Venezuela se expanden permanentemente. En ellos cada día tiene mayor protagonismo el problema ambiental. Algunos de los más relevantes son:

- Reforestación en el Ávila por Exxon Mobil.

- Vargas más allá de la tragedia, por BP.

- Programas para la conservación ambiental, por ChevronTexaco.

- Educación bilingüe para las comunidades Warao sobre salud y ambiente, por ConocoPhillips.

- Contribución con la preservación de Canaima y el río Uracoa, por Mitsubishi Corporation.

- Talleres de capacitación ambiental para diversos públicos, por Petrobras.

- Estudio de la biodiversidad del lago de Maracaibo, por Shell.

- Programas ambientales de uso sustentable de los recursos pesqueros por Statoil.

Fuente: PETROGUÍA 2005

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Producto verde

Las gestiones ecológicas empresariales –no sólo de Venezuela sino de otros países de América Latina– toman auge a raíz de la publicación del Libro Verde sobre responsabilidad social de la Comunidad Europea, entre cuyos principios se incluye el medio ambiente y la eficiencia ecológica como línea estratégica para las corporaciones y, en consecuencia, para el continente. Este enfoque se ha convertido en parte de la agenda global y Venezuela no escapa de ese debate. Bajo este contexto, dos de las empresas venezolanas que se destacan por sus programas de responsabilidad social enfocados al tema ambiental son Polar, que a través de su fundación ejecuta la Gestión Integral de Agua para Caracas y la siembra de bambú en Yaracuy (ver PRODUCTO 249, informe de portada), y Bigott, cuya fundación promueve el Plan de Convivencia en Armonía, para crear conciencia entre los fumadores sobre el respeto a la comunidad y el medio ambiente.

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Kyoto a la vista

El controversial Protocolo de Kyoto –al cual Estados Unidos no quiere adherirse– fue ratificado por Venezuela y publicado en Gaceta Oficial (número 38.081) del 7 de diciembre de 2004. Con él, el país se compromete a iniciar esfuerzos desde este año para reducir emisiones de CO2. Carmen Cancela, experta tributaria y socia de Espiñeira, Sheldon y Asociados, anuncia una nueva arista en la relación empresa-ambiente: la impositiva. En la Comunidad Europea se estudia la creación de tributos para las emisiones de gases contaminantes que superen la cuota asignada a cada país por el protocolo. Dentro de la misma temática, pero de manera inversa, se incentivaría al empresariado para que invierta en conservación ambiental a través de rebajas en impuestos. Cancela considera que esta propuesta sería viable en Venezuela, por lo que la presentó ante las autoridades tributarias nacionales. También considera que, desde este punto de vista, habrá otro aliciente para que las naciones se apeguen a la normativa de Kyoto: "Los países que sean más eficientes en su política ambiental atraerán más inversiones, mientras que las grandes multinacionales tenderán a dar la espalda a naciones que no sean eficaces ante este problema".

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