La máxima categoría  del automovilismo es uno de los negocios deportivos más rentables del mundo, con ingresos de más  de 2 millardos de dólares al año. Aun así, 2005 podría ser una de sus últimas temporadas, pues varias escuderías amenazan con crear su propio campeonato

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La Fórmula 1 es, sin duda, una de las principales vitrinas para el mercadeo deportivo mundial. Cada carrera es vista por 200 millones de personas, mientras que otros 2 mil millones dicen conocer el evento. De hecho, es la tercera competencia deportiva con más audiencia, después del Mundial de Fútbol y las Olimpíadas. Las carreras, que se realizan en casi 20 países con pilotos de una docena de nacionalidades, se transmiten en prácticamente todos los idiomas.

Además de ser la disciplina más costosa del mundo –por la tecnología que requiere–, es uno de los eventos deportivos que más dinero genera: se estima que cada temporada mueve más de 2 millardos de dólares, en un negocio que incluye transmisiones de las carreras, aportes por patrocinio y publicidad –las tabacaleras inyectan más de 250 millones de dólares a las escuderías (ver recuadro: Echan humo)– y venta de mercancía y souvenirs de los diferentes equipos y pilotos, que se convierten en imagen de grandes marcas globales. Sólo por derechos de televisión, a la F1 ingresan más de 800 millones de dólares.

De lejos, la archiconocida Ferrari es la escudería que más factura (debido al éxito del piloto alemán Michael Schumacher, que posee el récord mundial de siete campeonatos ganados). La compañía requiere de un presupuesto cercano a los 400 millones de dólares, cubierto en buena parte por sus patrocinantes.

El principal, Marlboro, desembolsa más de 75 millones de dólares anuales por aparecer en el monoplaza; la telefónica inglesa Vodafone aporta otros 75 millones; la petrolera anglo holandesa Shell unos 33 millones; Bridgestone Firestone, 15 millones, mientras que otros 24 anunciantes aportan más de 80 millones de dólares para tener presencia en el bólido rojo de Italia.

Pero la Fórmula 1 da para mucho más. El impacto comercial en las ciudades sede de las carreras se calcula en unos 170 millones de dólares. Son tres días (entre pruebas, pole y el Gran Premio) en los cuales los comercios viven una súbita bonanza. Y para muestra el Gran Premio de Malasia, que incrementó en 240 por ciento el número de turistas al país.

Alemania, por su parte, recibe más de 100 mil visitantes durante cada uno de los dos grandes premios que realiza al año, lo que implica ingresos por 115 millones de dólares.

El Gran Premio de Mónaco le inyecta a la economía local alrededor de 75 millones de dólares, de los cuales más de 80 por ciento corresponde al ingreso de divisas y ventas en restaurantes, boutiques, renta de autos y servicios de transporte. Varias pequeñas y medianas empresas en ese país sobreviven todo el año gracias a la facturación captada por la competencia.

No obstante, el principal negocio del automovilismo mundial está en manos del británico Bernie Ecclestone, propietario de los derechos de la franquicia Fórmula 1. El empresario negocia los contratos de transmisión por televisión, la publicidad en la pista, el ingreso de nuevas escuderías y los circuitos de las carreras. Su negocio lo ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo. De hecho, según la revista Forbes, Ecclestone posee una fortuna valorada en 3.700 millones de dólares.

 

Nueva etapa

A pesar de tanta bonanza, el éxito de Schumacher, heptacampeón mundial, parece haber eclipsado el interés de los espectadores, quienes se muestran cansados de que el piloto alemán obtenga invariablemente el título. Sin embargo, este año el automovilismo pareciera haber entrado en un nuevo ciclo. Ni Schumacher ni Ferrari han tenido un buen inicio y, para el cierre de esta nota, el español Fernando Alonso lideraba la clasificación de pilotos, con 16 puntos (producto del tercer lugar en Australia y el primer lugar en Malasia), mientras tanto su escudería, Renault, se mantenía en el tope de constructores, con 26 puntos.

Una de las principales esperanzas para los amantes de la Fórmula 1 en Latinoamérica es el colombiano Pablo Montoya, que pasó de la escudería BMW-Williams a McLaren Mercedes. Antes de 2005, Montoya –que inicia su quinta temporada– poseía cuatro grandes premios, 23 podios, 11 poles y los campeonatos de Fórmula Cart y 3000.

Pero más allá del desempeño deportivo y del éxito en los patrocinios, la Fórmula 1 podría desaparecer en los próximos años. Las escuderías se quejan cada vez con más fuerza de la "injusta repartición" de ingresos por derechos de transmisión de las carreras por TV que posee Ecclestone hasta el año 2110. Los equipos exigen desembolsos de al menos 400 millones, de los 800 millones de dólares que generan las transmisiones, en vez de 27 por ciento que reciben actualmente (216 millones).

En medio de la disputa, los principales constructores (Ferrari, Mercedes, BMW, Renault y Ford) crearon el grupo GPWC (Grand Prix World Championship) y amenazaron con crear un campeonato paralelo. Ecclestone intenta convencerlos con la promesa de mejorar las condiciones comerciales, pero guarda una carta bajo la manga: asegura tener un trato con Ferrari –que prevé nuevos beneficios para la escudería italiana– con el cual convencería a las demás de no abandonar la categoría.

 

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Echan humo

Debido a regulaciones de la industria tabacalera y a la Ley sobre Patrocinio y Publicidad de Tabacaleras del Reino Unido –donde tienen sede la mayoría de las escuderías–, la Fórmula 1 tendrá que abandonar la publicidad de cigarrillos a partir del próximo año.

Un golpe nada fácil de asimilar: las cigarreras son los principales anunciantes en este deporte, con desembolsos de más de 250 millones de dólares. Marlboro aporta entre 75 y 100 millones a Ferrari (que en años anteriores se llamó Ferrari Marlboro Team); Renault patrocina a la japonesa Mild Seven, mientras que Jordan mantiene un contrato con Gallaher (Benson & Hedge). Caso aparte es el de la escudería BAR Honda,que sólo conservará el logo de Lucky Strike –y unos 30 millones de dólares de patrocinio– hasta este año, luego de que Honda adquiriera las acciones de la escudería (45 por ciento) en manos de British American Tobacco. La solución para los equipos pareciera ser sustituir los anuncios de cigarrillos por bebidas alcohólicas, como hará –a partir del próximo mes de agosto– McLaren Mercedes, que pierde 30 millones de dólares aportados por West, por menos de 4 millones de dólares de Diageo y Johnnie Walker Black Label.

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