Ostentación de pocos

 

 

Snobismo y cultura son dos polos del mismo consumidor que se viste, acicala, escribe, transporta, arma su casa y experimenta el mundo con los productos más onerosos del mercado, porque son símbolo de estatus. Y a pesar de que sus compradores siempre representan una élite de la población, la industria del lujo mueve hoy 400 billones de dólares anuales en el mundo

 

El consumo de artículos y servicios suntuarios en Venezuela prospera de forma inédita desde 2001. Aunque el período estuvo marcado por la desestabilización política y una fuerte crisis económica, las marcas de prestigio continuaban con números esperanzadores. Importadores de estos productos coinciden en que la etapa inicial del control de cambio (2002-2003) fue perjudicial para la industria, pero representó una oportunidad, pues cuando los venezolanos tuvieron restricciones al cambio de divisas y pocos ingresos para gastar en viajes, se volcaron al mercado interno y adquirieron lo que tradicionalmente compraban extramuros.

La industria del lujo es difícil de analizar. En primer lugar porque su target meta (AB plus) crece en categorías como cosméticos, vehículos y joyas para incluir al estrato C plus. Por el contrario, en el mercado de viajes de lujo, donde se imponen las experiencias hechas a la medida del cliente, sólo aquellos con fuerte poder adquisitivo pueden pagarse semejante comodidad. Apenas un millón de venezolanos (4 por ciento de la población) pertenecen a estos tres estratos que, según el estudio Pulso Demográfico de Datos Information Resources, equivale a 260 mil hogares.

En segundo lugar, los productos de prestigio son difíciles de cuantificar, pues justamente es un mercado para pocos y sus marcas son costosas, ya que más allá de vender calidad, venden estilos de vida. Nicolás Herpin, en su libro Sociología del Consumo, señala que "en los sectores económicos de lujo, el triunfo (de una marca) depende menos del uso de las nuevas tecnologías y de la gestión de la mano de obra, que de la actitud de cada creador para interpretar los valores sociales de una clientela solvente, es decir, la porción más rica de la población".

Se asume que los productos de prestigio no se adquieren con frecuencia, ya que son costosos y que su compra involucra un proceso concienzudo de decisión. No obstante, según investigadores internacionales, la exclusividad y a veces escasez de estos artículos satisfacen las necesidades psicosociales del público que busca en ellos la sensación de singularidad. Por si fuera poco, es un mercado altamente sensible a la moda, pero busca marcas de reconocimiento histórico, por lo que sus consumidores prefieren firmas de larga data que se mantengan en constante evolución.

Las tendencias que rigen la demanda de productos de oropel en Venezuela son coherentes con las del resto del mundo, con la particularidad de sus consumidores son altamente sensibles a los cambios de la moda. Datamonitor, empresa de investigación de tendencias globales en mercadeo, señala que hoy la complejidad de los estilos de vida, mediada por la feminización de la sociedad –más mujeres en el trabajo y más hombres ocupados en labores del hogar– así como la necesidad de más adultos de mantenerse jóvenes –los niños quieren crecer más rápido y los adultos temen envejecer–, hace que las marcas ofrezcan diversas líneas de productos enfocadas más en las necesidades específicas de cada mentalidad.

Michelle Roche

 

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Orbe de lujo

Según cifras del Concejo de Mercadeo de Lujo –organización que aglutina a ejecutivos de bienes suntuarios dirigidos a clientes internacionales, con base en Nueva York– el mercado de bienes de prestigio asciende a 400 billones de dólares en el mundo y se espera que en 2010 llegue a un trillón de dólares al año. Los servicios de prestigio (de viajes, financieros, etcétera), no son todavía cuantificables. El segmento de la industria de lujo que más traerá cambios en los años venideros es el de los cosméticos. En los otros renglones se observa la proliferación de marcas "paraguas", que abarcan diferentes artículos.

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