En Venezuela, el catolicismo mantiene una posición de honor sobre otras manifestaciones religiosas. Pero en los últimos años, movimientos como el evangélico han ganado terreno gracias a sus estrategias de mercadeo. Los analistas coinciden en que hoy existe una alta demanda espiritual –tanto, que el despliegue mediático del entierro del Papa Juan Pablo II superó los registros del ataque a las Torres Gemelas–, demanda que se convierte en una oportunidad para captar mercado

José Colmenares sólo asiste a la iglesia el domingo de ramos, jueves y viernes santos, y a la misa de Gallo, los 24 de diciembre. Desde hace tres años toma flores de Bach para mantenerse equilibrado. Recientemente, un amigo le sugirió probar con una "técnica de sanación física y espiritual llamada Reiki". Y lo hizo. De niño le apasionan las lecturas sobre el confucionismo. Colmenares es la viva muestra del sincretismo religioso criollo y la confirmación de que él, al igual que muchos venezolanos, está en una constante búsqueda espiritual.

Según especialistas en el tema religioso, hoy 90 por ciento de la población venezolana –más de 20 millones de personas– es católica (bautizada), pero si se cuenta a los católicos militantes, la cifra se reduce a 60 por ciento. Fenómeno que explica el jesuita José Virtuoso, del Centro Gumilla: "En Venezuela el catolicismo tiene un componente de identidad y de pertenencia exclusiva a la Iglesia: se es católico dentro de la Iglesia, pero no fuera".

Sobre la cantidad de católicos activos, el presidente del Consejo Evangélico de Venezuela, pastor Samuel Olson, sostiene que la cifra podría ser 15 por ciento de los bautizados y estima que 2 millones de personas pertenecen al movimiento que representa. "Hemos crecido en los últimos tres años de 7 a 10 por ciento, porque somos más entregados, más apasionados, mientras que la Iglesia Católica es muy sacramental".

Y aunque las cifras bajen cuando se toma en cuenta a los verdaderos practicantes, en Venezuela el cristianismo y los movimientos espirituales, contrario a lo que muchas personas piensan, no han pasado de moda. Algunos se hacen de un considerable pool de seguidores y además logran fama y respeto incluso entre sus compañeros de culto, como el actor y conductor Carlos Fraga, uno de los primeros promotores de la autoayuda en el país, quien tiene una página web, dicta conferencias en todo el país y escribe una columna en la revista Dominical, de Últimas Noticias. O el astrólogo Hermes, que tiene un programa en Venevisión (ver recuadro Divinas facultades).

"El detalle está en que en el camino van apareciendo expresiones que capitalizan y hacen del dolor y la crisis ajena un negocio", dijo una fuente, refiriéndose al movimiento Oración Fuerte al Espíritu Santo. "Sólo en 2004, esa gente pautó más de un millardo de bolívares en televisión (ver Insomnio religioso), dinero que obtienen del diezmo que le piden a sus seguidores y de la venta de los artículos religiosos".

El caso es que todos los movimientos espirituales, aunque les cueste reconocer y todavía más utilizar los términos marketing o promoción, tienen varios años ejecutando avanzadas para captar adeptos: desde el uso de promotores, pasando por el mercadeo directo y la publicidad boca a boca, hasta los medios de comunicación (radio, prensa y televisión), internet y el merchandising.

Ya lo expresaron el padre Carlos Zancajo, capellán de la Universidad Metropolitana y Javier Barrios, coordinador del Instituto Radiofónico Fe y Alegría: el primer gran comunicador fue Jesús. "Fue radiofónico, sus parábolas llegaban a pueblos distantes. Incluso podemos llamarlo radiobemba", dicen.

Ese mismo poder de arrastre –coinciden– lo tuvo el Papa Juan Pablo II. No en vano lo llamaron el huracán polaco. Su sepelio congregó a cerca de 2 millones de personas en la Plaza de San Pedro, 1,6 millones observaron el evento a través de pantallas gigantes en las cercanías y al menos 2 millardos de personas lo siguieron por televisión.

"Pero más allá de las competencias por mantener o sumar fieles, dinámica legítima en cualquier mercado –y el religioso no es la excepción–, la consolidación y aparición de nuevas expresiones debe interpretarse como una señal de alerta", expresa Zancajo. Por lo pronto, todas las manifestaciones, particularmente la Iglesia Católica, buscan recuperar espacios perdidos, aumentar su portafolio de medios de comunicación y apoyarse en la figura de los laicos. Aunque ahora también despliegan campañas publicitarias, se ayudan con material POP, diseñan nuevas formas de comunicación como el envío de mensajes de textos, servicios de consultoría vía telefónica y, en casos concretos, la musicalización del Evangelio para conectarse con los jóvenes.

Otras expresiones –coinciden los expertos– seguirán sus planes de mercadeo directo o con la toma de espacios públicos, prácticas de anglicanos y evangélicos. Bajo este contexto, la lección aprendida es que las organizaciones religiosas por muy verticales que sean, tienen que evolucionar y ajustarse a los cambios.

Lamking González Lum

El huracán polaco

La cobertura periodística de las exequias del Papa Juan Pablo II triplicó el trabajo que hizo la prensa sobre los atentados terroristas del 11de septiembre en Estados Unidos. Global Language Monitor, firma que analiza las noticias aparecidas en la Red, encontró 45 mil notas sobre el Papa dos días después de su muerte. En internet se citó su fallecimiento en 4,4 millones de ocasiones. Según la medidora, la palabra "histórico" asociada a "pontificado" se encontró 2 millones de veces, mientras que el adjetivo "conservador" apareció en medio millón de ocasiones. "Adorado" y "amado" estaban relacionadas con Juan Pablo II en 450 mil oportunidades. La cifra registrada multiplica por más de 10 las 3.500 publicadas con ocasión de las elecciones estadounidenses y supera por mucho las historias sobre la muerte del ex presidente Ronald Reagan.

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