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Perfil 18 a 24 años
Adolescentes en facultades
La entrada a la adultez --que antes ocurría en la etapa de educación superior-- hoy trasciende la vida universitaria, donde lo capital son las grandes expectativas sobre el futuro, con fuertes presiones sociales y familiares en el presente
La realidad contemporánea hace cada vez más difícil categorizar a los seres humanos en perfiles según su edad. La psicología tradicional consideraba que quienes tenían entre 18 y 24 años pertenecían a la postadolescencia, una etapa con dos características muy marcadas: el acceso a la independencia económica y la consolidación de una relación de pareja, generalmente con miras al matrimonio.
Hoy, a esa edad, no hay ni dinero ni pareja. Las características de la sociedad contemporánea extendieron la llamada "adolescencia tardía" --que rondaba los 25 años-- hasta más allá de la concreción de la educación superior. Así, los universitarios y recién graduados de ahora son más parecidos a los bachilleres que a sus propios padres, cuando tenían la misma edad. Las perspectivas cambiaron: los hijos no sienten necesidad de salir de casa hasta mucho después de haberse graduado de la universidad, ni para casarse ni para vivir solos.
Los principales retos de la adolescencia tardía, tal y como se entiende actualmente, incluyen lograr una identidad personal, aumentar la capacidad de intimidad afectiva con una pareja, hallar una separación de las figuras paternas y tomar responsabilidades propias de los adultos. Esto podría traer como consecuencia el incremento de trastornos emocionales, más o menos graves, derivados de las necesidades de independencia y de la toma de responsabilidades. Si se suma el hecho de que la mayoría de los jóvenes toma la decisión de su futuro profesional a los 16 años --un momento evolutivo bajo, según los psicólogos consultados--, se explica la ansiedad característica de estos años.
Según el psicólogo Pedro Rodríguez, durante los primeros años de la carrera los universitarios venezolanos se dividen en dos grupos: los que tienen una idea clara de sus intereses profesionales y los que pasan por un proceso de reubicación dentro o fuera de las instituciones. "Esto no resulta fuera de lo común, pues el mercado potencial de carreras en el país creció significativamente en los últimos 30 años. El aumento en la oferta implica la diversificación de los valores tradicionales con respecto a las carreras profesionales" (ver recuadro Radiografía de vocación).
"Allí entra lo que llamamos en psicología ‘moratoria’, concepto evolutivo que explica los períodos de postergación de ciertas tareas. Eso en el fondo no supone una complicación tan grande como se evalúa en nuestra cultura", explica Rodríguez, que aclara que la moratoria causa angustia, pues en Venezuela el estudio universitario está marcado por algo más que un valor empírico pragmático --la profesión que permitirá la subsistencia: los significados sociales y familiares que se le atribuyen--. "Es frecuente que las familias que llevan un proceso de ascenso social durante las últimas décadas otorguen alto valor al título universitario". Lo que se convierte en otro elemento de presión para el adolescente tardío que, en muchos casos, lo toma con angustia y sufrimiento. "Sentir que se tomó una decisión inconveniente en este ámbito es una vivencia muy fuerte".
En el país existe una sobrevaloración de la educación universitaria en detrimento de la formación tecnológica. Rodríguez sugiere que esta baja valoración se debe a la idealización del significado de la carrera universitaria como garante de ascenso social y estabilidad económica.
El desarrollo sexual también juega un papel primordial en este cuadro, pues en esta etapa los seres humanos ya tienen una idea clara de su sexualidad (especialmente de la preferencia por el tipo de relaciones), y la búsqueda de pareja de por vida --que era capital para otras generaciones-- se convierte en la actualidad en una definición de un "vagabundeo sexual", explica Carlos Rivas, psicólogo de la Universidad Católica Andrés Bello. Esta tendencia es herencia de la posmodernidad, que acabó con las cosmologías tradicionales y desacralizó el cuerpo humano para hacerlo un instrumento más de los discursos estéticos, sociales y culturales. Entonces, "si el cuerpo no está para rendir tributo a la divinidad, es común que se use como un objeto o algo que se ofrece", agrega Rivas parafraseando al filósofo italiano Mario Perniola.
Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud, la edad promedio de iniciación de relaciones sexuales en América es a los 14 años y 50 por ciento de los jóvenes menores de 17 años son sexualmente activos.
Todo esto configura el cariz de los venezolanos entre 18 y 24 años, que por un lado tienen presiones externas de padres y profesores para que evolucionen conforme a convenciones sociales, y por el otro afrontan sus propias cruzadas internas definidas por la necesidad de elaborar su yo independiente para poder relacionarse con los demás afectiva, laboral y socialmente.
Michelle Roche
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RADIOGRAFIA DE VOCACION
Hace tres décadas, los perfiles clásicos de carreras universitarias en Venezuela se limitaban a Derecho, Medicina, Ingeniería y Fuerzas Armadas. El psicólogo Pedro Rodríguez explica que todas tienen todavía valoración importante en la cultura nacional, pero que, con la multiplicidad de ofertas, los jóvenes se confunden y no saben qué escoger, sobre todo porque tomar la decisión a veces podría desilusionar al grupo de amigos o familiar (ver Carrera a la madurez, tomo 2, página 83).
Desde hace un tiempo algunos liceos realizan evaluaciones vocacionales. Aunque los psicólogos no se ponen de acuerdo en cuanto a la eficiencia de estos "tests", los reconocen como desmitificadores de ciertas carreras, pues, debido a las valoraciones sociales de muchas profesiones y a la influencia del grupo en los adolescentes, éstos toman decisiones sobre su futuro laboral que no corresponden a sus verdaderas inquietudes, lo que perturbará justamente esta etapa de su desarrollo.
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