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Perfil 25 a 31 años
Posmoadultos
Los jóvenes profesionales trabajan más de ocho horas diarias para pagarse sus fines de semana y configuran una generación de contradictorios adultos jóvenes: trabajo y rumba el mismo día, adultos y adolescentes en el mismo cuerpo
Invariablemente, entre jueves y domingo a las tres de la mañana, en algún local cosmopolita suena un celular (o varios) que un ejecutivo bilingüe, una comunicadora social con posgrado o un profesional con un grupo a su cargo se apresta a contestar discretamente. Del otro lado de la bocina una madre pregunta nerviosa: "¿Y a qué hora piensas tú llegar a la casa?"
Gracias al avance de la posmodernidad como esquema cultural que niega las ideas estructurales de lo contemporáneo --como el progreso y la racionalidad-- y otorga la certeza de la incertidumbre, los adultos tempranos pueden convivir con sus padres, mientras dejan de asumirse como adolescentes tardíos. Según la encuesta de PRODUCTO, el dinero que no se gasta en el hogar se va en bares de jueves a domingo, en ahorro y en artículos de cuidado personal. Así, los locales en los centros comerciales son los grandes focos de socialización y el lugar común "ver y dejarse ver" toma una importancia capital en la generación de seres solos que buscan definirse por los sitios donde rumbean y las marcas que los visten.
Altamente mediados por la saturación de los medios de comunicación, los representantes de este perfil saben perfectamente las bogas de Estados Unidos y Europa pero desconocen lo que ocurre en el centro de la capital donde viven. Sin embargo, funcionan como epítomes de consumo para las generaciones menores que quieren parecérseles. Por esa razón, los canales de su preferencia, como Discovery Channel, Sony Entertainment y MTV, marcan las modas y determinan el perfil sociocultural de esta etapa que se lee por códigos foráneos. La encuesta de Quantum para PRODUCTO sugiere que casi 53 por ciento de los encuestados entre 25 y 35 años se mantiene a sí mismo, el resto invierte su sueldo en ayudar con los gastos de su familia o en ahorrarlo mientras vive en el hogar de sus padres. Entre los estratos A y C+ --que, según el estudio Pulso Sociodemográfico 2004 de Datos Information Resources, son 260 mil hogares-- se agudiza la tendencia de hijos que viven con su familia aún después de graduados.
El psicólogo Pedro Rodríguez aclara que las generaciones actuales perciben como mucho más difícil la promesa de ascenso social que tuvieron sus ancestros. "Muchos adultos jóvenes se sienten frustrados porque sus aspiraciones de adquirir casa propia y hacer una vida aparte de sus padres son muy lejanas. Creen que es más fácil tomar sus maletas y comenzar en otro lado del mundo" (ver recuadro Fuera del nido).
El problema de los profesionales no independientes es una tendencia global que se desarrolla a partir de las libertades que los "baby boomer" dieron a sus hijos. En comparación con las generaciones anteriores, los padres de quienes nacieron en los años 70 --cuando la institución familiar cambió con el incremento de los divorcios y la revolución femenina, que permitió el acceso de las mujeres al mercado laboral-- son más abiertos, por lo cual, los hijos terminan quedándose en el hogar al culminar la universidad, pues sus progenitores --con cierto grado de lástima y a veces de culpabilidad-- mantienen la billetera abierta para que puedan continuar soñando a manos llenas con el momento en que dejarán la casa y, por ende, las reglas de quienes aún los sustentan.
Rodríguez alude a las implicaciones psicológicas que trae el paso a la adultez que, al postergase cada vez más, implica un cambio de roles para reconfigurar arreglos en el entorno familiar. Ya no hay un adolescente en casa, sino una persona económicamente productiva que comienza a cuestionar desde el centro del hogar los sistemas de los padres. "Y éstos tienen que evolucionar hacia el conocimiento de que sus hijos son prácticamente adultos y no técnicamente adolescentes".
Carlos Rivas, psicólogo desde la rama evolutiva, señala que en esta edad las identificaciones al ideal se rompen, ya no son verticales sino horizontales, con grupos similares a intereses particulares. Así, las noveles generaciones se identifican más con los esquemas de grupos que los rodean --real o virtual (gracias a internet)-- que con los ideales de los mayores.
Rivas explica que los años 90 marcaron un gigantesco punto de inflexión, por la difusión de internet. Con el avance de los medios masivos (fax, televisión por cable e internet, entre otros), los venezolanos comenzaron a exponerse a multiplicidad de discursos sociales y a una gran variedad de formas de asumir y entender el mundo. "Entonces comenzamos a albergar un montón de discursos incongruentes, en los cuales los medios son dispositivos de saturación social", explica el especialista, parafraseando al filósofo canadiense Kenneth J. Gergen.
Explica Rivas: "Las generaciones anteriores estaban protegidas por la sensación de que existía un modo de ser. Había guiones preestablecidos: nacer, crecer, estudiar, tener un varoncito, luego una hembrita, acumular cierto patrimonio y luego morir como un abuelo feliz". Pero el "yo posmoderno" de los eternos adolescentes, donde cada uno tiene una "identidad especial", no siente necesidad de ser así y se incomoda al ser juzgado por los esquemas racionales de los padres.
Michelle Roche
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