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Perfil 32 a 45 años
Adultos de variedades
La historia les dio el nombre de la “generación X”, pues son difíciles de leer y porque representan el factor desconocido en la ecuación de la cotidianidad: sus gustos y sus estilos de vida responden a una multiplicidad de factores
Investigadores norteamericanos y publicistas internacionales se rompen la cabeza tratando de establecer perfiles de las personalidades de la llamada generación X o adultos contemporáneos, para descubrir que no los hay, porque simplemente lo que tienen son estilos de vida.
Quienes hoy tienen entre 32 y 45 años fueron la primera generación que durante su infancia pasó largas horas de entretenimiento frente a la pantalla del televisor, lo que los convirtió en la primera camada de hijos del mercadeo moderno. La televisión fue la tecnología que definió su existencia. Y aunque la revolución de la computación también comenzó en su época, la asumieron con incomodidad, pues no estaban acostumbrados a interactuar con los aparatos tal como sucede en la actualidad.
La mayoría de los programas que veían en la TV eran enlatados importados de Estados Unidos, lo que explica que en ciertos aspectos de su vida crean en "el sueño americano", visible en su capacidad de cambiar rápidamente de trabajo. Para sus padres primaban largas estadías en sus puestos laborales, con la confianza de que el tiempo les aseguraría un retiro acaudalado.
En Venezuela, sujetos a las grandes crisis económicas, comenzaron a anteponer el ahorro a la compra de artículos y le otorgaron mayor importancia al precio que a la marca, tendencia que ha causado grandes dolores de cabeza en la industria publicitaria, enfocada en el fortalecimiento de las marcas.
Por otra parte, en esta generación, el consumo comienza a hacerse desde el hedonismo, para estimular los sentidos y obtener placer. Y aunque no son consumidores fieles a los productos, para ellos destacan las comodidades de los celulares y los placeres sibaritas.
Aunque a esta edad, a diferencia de quienes habrían de seguirles en la llamada generación Net, los consumidores son capaces de identificarse verticalmente con modos de vida, además, prefieren las celebridades, pero como no los definen en todos los espacios de su vida, pueden cambiarlas según sus gustos. Gracias a la oferta cultural de la televisión, los adultos contemporáneos comenzaron a buscar valores propios en la diferencia y en la pluralidad, aderezados por el cinismo de no sentirse comprometidos con ninguna verdad fundamental. Un ejemplo de esta tendencia, según el psicólogo Carlos Rivas, es que para esta generación existen formas menores de lo sagrado en la religión, pues aparece lo alternativo, como el New Age, sin la solidez de un dogma establecido.
Entramado de relaciones
Durante la juventud de quienes hoy tienen entre 32 y 45 años, las tasas de divorcio se duplicaron, así que muchos crecieron en la dicotomía de hogares separados, por lo que son escépticos a las relaciones de pareja. Sus amigos se convirtieron en familias sustitutas.
Hijos de la revolución sexual de la década de los 60 y con mujeres liberadas por el feminismo de la generación anterior, crecieron con un nuevo código de cortejo. El descubrimiento del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) les hizo ser mucho más cautelosos en sus relaciones sexuales. Sin embargo, con ellos aumentó el vagabundeo en la vida sexual y afectiva, con el permiso de una mayor exploración en ese ámbito. Todo esto generó que la institución del matrimonio como procreadora perdiera vigencia y la inclusión de nuevos actores a la sociedad: los homosexuales. En este sentido, son muchos los que permanecen sin pareja o viven en concubinato. En Venezuela, esta generación abrió la puerta para la multiplicidad de redes en el plano social.
Rivas explica que "lo que parece predominar en esta sociedad de consumo posmoderna y globalizada es ofrecer el cuerpo como un objeto para que otro sienta placer, esperando que el otro lo retribuya. Los cuerpos son la metáfora de la ropa, que se quita y se pone de acuerdo con las necesidades".
El psicólogo alude a dos grandes perfiles que aglutinan las características definitorias de los adultos contemporáneos: los cosmopolitas, que asumen la vida como una obra de arte, creyéndose dueños de su cuerpo, y los fundamentalistas, que reaccionan a la incertidumbre de la época, volviendo a las tradiciones y a las verdades absolutas, según un libro que interpretan literalmente. "A medida que pasan los años, las nuevas generaciones están más desencantadas y creen menos en realidades trascendentes, pero hay quienes, confrontados con estas ideas, se vuelven más fundamentalistas. Así resurgen los grupos evangélicos, u otros, como los sistemas políticos que defienden una manera particular de ser venezolanos. Ambos corresponden a una falta de valores absolutos", asegura. Así lo entiende el mercadeo. Para los cosmopolitas, por ejemplo, surgió una estética de consumo basada en lo sibarita, como los locales lounge o chill out.
Michelle Roche
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