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El canal continental trae a la palestra la vieja discusión sobre el uso comercial de la televisión versus su calidad de servicio público |
MEDIOS
El norte Telesur
Telesur llegó a México. Por ahora, sólo se ve en canales por suscripción de la capital, pero se extendería al resto del territorio. Y mientras ese país se convierte en el decimotercero en percibir la señal, desde diversos lugares de la región se tejen críticas sobre la posibilidad de que la planta se convierta en portavoz de la ideología de centro-izquierda que prolifera en Suramérica. El temor de algunos expertos es que en la lucha contra los imperios mediáticos, el canal se convierta en todo lo que le critica a los medios privados. Carlos Guzmán, miembro del Instituto de Investigaciones de la Comunicación, señala parafraseando a los investigadores de izquierda Ludovico Silva y Luis Althouser que Telesur es "una maquinaria de reproducción ideológica del Gobierno venezolano". Es agrega una pieza más del mapa comunicacional del chavismo para fortalecer su hegemonía. "A esa pieza hay que sumarle las leyes de derecho de autor, cultura, cine, resorte y de educación, que buscan cambiar los esquemas culturales anteriores". Por su parte, el investigador Marcelino Bisbal recuerda que en Telesur el mayor peso en el costo económico lo tiene Venezuela, cuando hace tres décadas se hablaba de una participación igualitaria de los estados. Además, "Telesur nace como iniciativa de un gobierno y no de un organismo supranacional como la Unesco que podría establecer mecanismos de supervisión y control sobre los contenidos".
De vieja dataPara Bisbal, "la idea de crear un canal de televisión latinoamericano no es nueva". En 1976 la Unesco organizó la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Nacionales de Comunicación Social para América Latina y del Caribe, donde se planteó la propuesta, no sólo para la televisión, sino también en la radio y los servicios de noticias. "Todas esas iniciativas nacían de la tesis de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación. Nuestro país fue abanderado de esas propuestas", recuerda. En Venezuela corría la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez. Y al tiempo que se creó el Consejo Nacional de Cultura, se intentó configurar un instituto estatal similar a la British Broadcasting Corporation (BBC) para la radio y televisión educativas y culturales, según el Proyecto Ratelve de Antonio Pasquali. Pero los medios privados y estatales metieron en saco roto la iniciativa. La mayor crítica contra las televisoras de entretenimiento, elevada desde los años 60 por estudiosos de uno y otro ángulo del globo (en especial los provenientes del marxismo, como la Escuela de Francfort), es que se enfoca a la masa leída en cifras de audiencia con programas de baja calidad y sin contenido educativo. En contraposición, se erigieron los postulados de la corriente "comunicación para el desarrollo", donde las televisoras de servicio público apuntarían a una programación de calidad y diversidad de contenidos, exorcizada de la influencia del rating. Bisbal considera necesario un canal interestatal, "siempre que se tome en consideración la tesis de servicio público que debe tener todo medio de comunicación estatal. Hubiese sido más útil dar toda una discusión acerca de los medios del Estado venezolano y en particular de Venezolana de Televisión". Pasquali coincide con su colega: "Telesur es una idea necesaria, nacida en 1974 con el proyecto regional Serla para una radiotelevisión educativa satelital latinoamericana. Pero este proyecto fracasó porque no había manera de que sus países integrantes se pusieran de acuerdo. No obstante, el Telesur del chavismo es una caricatura ideológica de los ideales integradores vía comunicaciones. Pretende imponerle al continente el lavado de cerebro que está practicando en Venezuela". "Sigo pensando que irá al fracaso. Argentina y Uruguay, por ejemplo, dos países que conocieron los estragos de la peor guerrilla y antiguerrilla, no desean que alguien venga a reeditarles la vieja ideología de los años 60", agrega. Según los analistas, para lograr una verdadera planta educativa, los canales que se definan como tal deberían prescindir de la publicidad o comercializarse con un sistema mixto que incluya subsidio estatal y pautas publicitarias. El peligro es que ante la oferta de canales de señal abierta y de cable, las televisoras de servicio público pueden recurrir a programas de entretenimiento para atraer audiencia, con lo cual terminarían compitiendo por el rating. Así, lo que nace como un intento educativo social, caería en la lógica del mercado, donde los canales privados tienen las de ganar, con los porcentajes de rating a su favor. Guzmán se afana en decir que "los postulados de la radiodifusión de servicio público no contravienen el concepto de la publicidad dentro de los medios educativos. Rescatan el concepto de la comunicación para el desarrollo. Pero no se les puede clasificar dentro del sistema de la industria publicitaria, sino como lo que son: medios culturales masivos".
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