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Remedios piratas en la frontera
Colombia exhibió por años el desarrollo de una industria pirata de medicamentos. Criminales encapsulaban "alternativas terapéuticas" en cajas recicladas de fármacos populares, con las que engañaban a consumidores en droguerías y farmacias clandestinas. En Venezuela, el problema se percibía como un asunto ajeno, hasta hoy
La industria farmacéutica venezolana creció en 2005. Las ventas del sector alcanzaron su máximo histórico al superar, según la organización International Marketing Service (IMS), los 2 millardos de dólares en facturación en los últimos 12 meses. La cifra convierte a Venezuela en el principal mercado de la región andina, pero la bonanza de los laboratorios nacionales e internacionales que operan en el territorio trajo también la incursión cada día más alarmante de medicamentos falsificados. Los entes gubernamentales desconocen la magnitud del flagelo. Al otro lado de la frontera, Colombia exhibió durante años el desarrollo de una red de laboratorios clandestinos que encapsulaban sustancias adulteradas o productos neutros como talco para emular al contenido de fármacos comerciales. Para ese entonces la arrogancia local impulsó la creencia de que se trataba un asunto extranjero, ajeno a la idiosincrasia nacional. No obstante, los medicamentos piratas cruzan las fronteras no sólo desde Colombia sino desde infinidad de territorios que encuentran en Venezuela una nación virgen para el delito. El panorama es el resultado de las charlas realizadas en el marco del I Foro Latinoamericano para la Contención de los Medicamentos Falsificados y otros Ilícitos Farmacéuticos, que se efectuó en Caracas. Edwin Velázquez, presidente de la Cámara Venezolana de Medicamentos (Caveme), explica que el flagelo está creciendo vertiginosamente en todos los países, sin respetar grados de desarrollo ni ubicación geográfica, hasta convertirse en un problema de salud pública que, en el mejor de los casos, no resuelve el malestar de los pacientes, pero que en el peor escenario, puede costarle la vida. La preocupación de la cámara tiene asidero en las estadísticas. Natty Figueredo, coordinadora del Programa para la Contención de Medicamentos Ilícitos del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, indica que la legislación vigente establece seis tipos de ilícitos vinculados al comercio de medicamentos: sin registro sanitario, robados, de contrabando, adulterados, falsificados y cambio en los canales de distribución. Según la funcionaria, en Venezuela se detectaron, entre los años 2002 y 2005, un total de 17 casos de fármacos sin registro sanitario, 50 cargamentos robados, 11 situaciones de contrabando, 5 acontecimientos de medicamentos adulterados, 31 lotes de medicinas falsificadas y 28 veces se encontró a una empresa no autorizada participando en los canales de distribución. El balance estadístico, aunque representa un subcenso de la verdadera magnitud, refleja el progreso de una situación alarmante en el país. Se trata de un problema de salud pública que puede afectar a cualquier persona debido a la profesionalización de los timadores. Los informes del Ministerio de Salud y Desarrollo Social revelados en el foro señalan la detección de ilícitos con cargamentos de marcas como Esmeron, Cefacidal, Pharmaton, Meganeubion, Losec, Albumina, Coricidin, Alivet, Solucortef, Maxipime, Miel Eucaliptal, Sevorane, Bral, Vitisival, Atamel, Ronacilina, Cataflán, Novalcina, Reduce Fat Fast, Tanfor, Targocid, Niosilin, Broxol, Fosforal, Jengimiel y Postan, en una lista que se extiende mucho más allá del margen de la hoja. Paul Huibers, gerente general de Laboratorios Eli Lilly, explica que todos saben que existen los ilícitos en el sector farmacéutico. Las autoridades están al tanto, pero es difícil determinar los volúmenes que movilizan las redes criminales. "En todo caso, las certezas, a mi entender, son dos: los medicamentos más atractivos para los piratas son los fármacos más vendidos de la industria y, de no ser por los ilícitos, el crecimiento de la industria hubiese sido todavía mayor". "Las formas a través de las cuales entra este tipo de mercadería en territorio venezolano es incierta, solapada, subrepticia y, por tanto, peligrosa para la salud ante su capacidad para ser inadvertida ante las revisiones de las autoridades aduaneras y de los cuerpos de seguridad del Estado". Huibers considera que los maletineros son una amenaza, pero que las cadenas establecidas de farmacias, igual que los establecimientos de larga trayectoria, suelen brindar seguridad, pues no se arriesgan a comprar lotes de fármacos en condiciones sospechosas. "Las cadenas no son locas, en consecuencia, es muy difícil entrar en las farmacias más conocidas". El panorama local es reducido, parcial y no hace justicia a la magnitud de la amenaza. Pero si se da un vistazo a la realidad colombiana, basta para imaginar el riesgo a la salud derivado del intercambio comercial con la desviada piratería farmacéutica. Según Miguel Ángel Gallo, representante del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) ente gubernamental de Colombia especializado en el combate de la piratería farmacéutica, la falsificación de productos llega a 450 millardos de dólares en el mundo, lo cual equivale a aproximadamente 9 por ciento de las transacciones mundiales. De esa cifra, 35 millardos de dólares corresponden a la adulteración y falsificación de medicamentos. La cifra simple, en números, no refleja todavía el riesgo a la salud del fenómeno. Pero ¿qué representa esa estadística en los anaqueles de las droguerías o en los botiquines de los hogares? En Colombia, unos cuatro de cada 10 medicamentos provenientes del mercado negro son falsificados. Se trata de una industria de millones de dólares que produce altos volúmenes de fármacos adulterados al otro lado de la frontera. Si además se revisan los casos emblemáticos de la última década en territorio neogranadino, se encontrará que entre junio de 1998 y junio de 2000 más de 44 laboratorios reportaron robos en medicamentos por sumas que superaron los 350 millones de dólares en Colombia. El dato se encuentra en el censo realizado por Invima para la fecha. El mundo de las estadísticas también arroja cifras relativas. Adrián Román, director ejecutivo de seguridad de Novartis y miembro del Instituto de Seguridad Farmacéutico (PSI), explica que hasta septiembre de 2005 se habían identificado 528 ilícitos farmacéuticos en el mundo, 352 casos de falsificación, 120 de contrabando y 56 robos. En el último trimestre, el flagelo terminó de superar los récords de 2004 (553 casos) y de 2003 (477 casos), y nada hace suponer hasta ahora que en el futuro ocurra un cambio drástico en la tendencia. El problema continuará generando dolores de cabeza a la industria y las autoridades sanitarias, en especial de América Latina, región que ocupa el segundo lugar en el ranking mundial de ilícitos farmacéuticos, después de América del Norte y por delante de Asia. República Dominicana y Colombia figuran en las estadísticas del PSI como los dos focos de ilícitos farmacéuticos en el continente, segundo y tercer lugar a escala mundial, respectivamente, sólo superados por Estados Unidos, la nación que lidera la producción global de fármacos, debido a su gigantesco mercado doméstico y volúmenes de exportación para naciones en los cinco continentes. Según Román, varios factores contribuyen al incremento de los ilícitos farmacéuticos. "Se trata de un negocio muy lucrativo, con poco riesgo, el cual tiene libertades por la falta de legislación adecuada, inacción o ausencia de programas proactivos de investigación por parte de las autoridades de salud, policiales y el sector industrial", señala. Estela Hidalgo, directora ejecutiva de la Cámara Venezolana del Medicamento, recalcó durante el foro que los esfuerzos mancomunados debieran estar dirigidos a lograr que se denuncie, se procese la denuncia adecuadamente, se otorgue protección a los pacientes y empresas afectadas, se procure el castigo a los delincuentes y se informe a la comunidad oportunamente. El decálogo recitado por la representante gremial obedecesegún explica a la escasa colaboración observada por los laboratorios y la falta de coordinación entre el sector privado y las autoridades.
David Torres
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