La industria cafetalera venezolana produce unos 50 millones de kilogramos anuales y sólo a los supermercados vende más de 160 millones de bolívares mensuales. Sin escasez, el consumo anual de café se ubica entre los 40 y 45 millones de kilogramos

Mercados 

 

 

Por un grano de café

 

 

Detrás del desabastecimiento de café, que duró más de un mes, se escondió un juego de presión entre el Gobierno y la industria –dominada por Fama de América y Café El Peñón– que dejó como principal perdedor al consumidor final, quien tuvo que conformarse con dejar de comprar el producto.

A la recta final del desafío, después de numerosos encuentros entre los competidores, el Ejecutivo anunció el aumento esperado, la regulación dejaría al producto en 11.850 bolívares el kilogramo. También se ajustó la presentación de 500 gramos a 5.925 bolívares y la de 250 gramos a 2.963 bolívares.

La pugna se había desatado con la primera regulación el pasado 1º de diciembre, que estableció el precio final del café en 7.400 bolívares el kilo. Poco después, desde el 5 de diciembre, las torrefactoras decidieron no surtir los anaqueles, alegando que con el incremento en los costos de producción -debido al aumento del precio del café verde- era imposible mantener la rentabilidad del negocio. Todo un riesgo, pues sólo en supermercados los fabricantes vendían más de 160 millones de bolívares mensuales.

El quintal de café había sido regulado en 156 mil bolívares, pero el Gobierno decidió elevarlo a 250 mil bolívares en el caso del tipo natural corriente y a 288 mil bolívares el lavado bueno tipo A. Y aunque con la medida prometió también elevar el precio al consumidor, al parecer la presión de las torrefactoras lo hizo cambiar de opinión, o al menos retrasarla.

La estructura de costos fue estudiada por los ministerios para establecer el precio en 12.500 bolívares el kilogramo, pero antes de anunciar un aumento, los organismos decidieron retener el inventario almacenado y comprarlo a las torrefactoras. Para muchos, una herramienta de presión para retrasar aún más el incremento solicitado por el sector.

En enero, el Indecu visitó depósitos de 70 por ciento de la industria cafetalera, por presunto acaparamiento (aunque el sector insiste en que el organismo estaba al tanto de que se esperaba por el ajuste de precios). Así, se inspeccionaron las instalaciones de Fama de América, Café Madrid, El Peñón, San Antonio, El Águila, Café Aroma y Brasil.

La única alternativa que se ofreció a las torrefactoras fue negociar con la Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícolas (CASA) la mercancía almacenada a riesgo de nacionalizar las fábricas. La opción fue tomada e inmediatamente después se anunció que la red Mercal surtiría el café adquirido por CASA a 7.400 bolívares el kilogramo. No obstante, en Mercal, el café brillaba por su ausencia, mientras los buhoneros lo vendían a más de 12 mil bolívares (ver recuadro A especular). 

El inventario de CASA se ubicó en más de mil toneladas, según el Indecu. Sólo en el Distrito Capital se encontraron 800 toneladas, en el centro del país otras 200, entre los estados Lara, Portuguesa y Falcón se compraron unas 96 toneladas, en Oriente 50 toneladas, en Los Andes 23 y en Zulia 18, mientras que en Amazonas fueron 770 kilogramos.

En el ínterin, la industria decidió poner en la mesa su última carta: dejar de comprar la producción nacional. Como consecuencia de la demora del anuncio del aumento de los precios, en las zonas de cultivo peligraban alrededor de 25.300 toneladas del producto, es decir, unos 550 mil quintales de café sin colocar, que representan alrededor de 60 por ciento de la cosecha.

Según los productores, aunque el café es cosechado, se debe vender con prontitud a las torrefactoras, principalmente para asumir los gastos del cultivo y, en algunos casos, cancelar los créditos otorgados.

Es así como finalmente el Gobierno decide incrementar el precio regulado del café. Y aunque el aumento fue un poco menos de lo esperado, con esta medida devolvieron al sector privado el mercado, admitiendo la importancia de la industria.

 

Sobraron pérdidas

Las variedades del producto se vendían entre los 12 mil y 14 mil bolívares, pero cuando se regularon los precios a principios de diciembre, no sólo las torrefactoras se vieron afectadas, sino también los supermercados.

Esta red de establecimientos debió asumir entre 50 y 60 por ciento de las pérdidas, según indica José De Souza, coordinador del comité de comercialización de la Asociación Nacional de Supermercados y Afines (ANSA).

De Souza asegura que los supermercados debieron asumir los costos indirectos, entre los que figuran el almacenaje, las horas de trabajo del personal, el espacio, los servicios básicos, la patente y los impuestos, "no todo lo perdió el proveedor", explica.

Para brindar alguna alternativa al consumidor, De Souza comenta que los únicos rubros de la misma categoría son el té y las infusiones, pero recuerda que en la cultura del venezolano el café es el que manda. 

 

Carjuan Cruz

 

 

RECUADRO

A especular

Apesar de los depósitos inspeccionados por el Indecu y el café negociado, el mercado no llegó a estabilizarse: los supermercados y mercados municipales continuaban sin el rubro, lo que trajo como consecuencia otra variable: la especulación. Los comerciantes informales sí lograban adquirir el producto y venderlo a precios desorbitados, muy por encima hasta del valor que espera el sector. Y es que mientras la industria insistía en que no podía con las pérdidas causadas por la estructura de costos, el Gobierno ratificaba que no modificaría los precios. Aunado a ello estaba la situación de escasez de la leche en polvo y del azúcar, productos de primera necesidad a los que el consumidor se ha tenido que ir desacostumbrando.

 

 

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Un cafecito por favor

El consumo anual de café en Venezuela se ubica entre 40 y 45 millones de kilogramos. Las diferentes marcas que se conocen tienen gran trayectoria nacional y han convivido con los consumidores desde hace ya décadas. Es que en Venezuela se acostumbra a ingerir café desde la infancia.Según un estudio de mercado realizado por Quantum Research a mediados de 2005, Fama de América tiene 32,2 por ciento de preferencia entre los consumidores de diferentes edades, aunque con mayor recepción en los que tienen más de 60 años.

Esta empresa cumplirá, en 2006, 109 años en el mercado local, pero su longevidad no ha sido impedimento para alcanzar al consumidor joven. Para ello, diversificó su oferta de sabores para ofrecer también de vainilla, canela y chocolate. En el segundo y tercer puesto destacan Café El Peñón, con 13 por ciento de preferencia, y café Madrid con una cuota de casi 11 por ciento.

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Tradición cafetera

En Venezuela, como en otras naciones de Latinoamérica, el café se convirtió en un producto no sólo económico, sino cultural y hasta turístico. La expansión de su cultivo en el país se dio desde finales del siglo XVIII.

Comenzó por Cumaná, Río Caribe, Aragua, Carabobo, y se expandió hasta llegar a los estados andinos. De allí se desplegó a Colombia por Salvador de las Palmas y Cúcuta. En esta propagación, el cacao, uno de los cultivos más tradicionales de Venezuela, comenzó a ser desplazado de la economía nacional.

La producción del café valorizó en gran medida a los estados Táchira, Mérida, Trujillo y Maracaibo, especialmente el puerto de esta ciudad, de donde salían las exportaciones del rubro a la región, incluyendo algunas zonas cercanas de Colombia. Es entonces –desde principios del siglo XIX– cuando comienza a incrementarse el consumo del café no sólo en el país sino en el mundo.

Las familias productoras obtenían sus ingresos sin intermediación, una tradición que se fue consolidando de generación en generación. Así la hacienda del padre, y con ella sus negocios, pasaba al hijo y los conocimientos del cultivo y la comercialización del café comenzaron a perdurar en el tiempo y a adherirse a la historia del país.  También muchos extranjeros inmigrantes, en su mayoría italianos, se incorporaron a la siembra y recolección del café, para mezclar la cultura cafetalera local con la europea.

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