GASTRONOMIA

  

De la fama efímera

 

También en la cocina, la percepción de la realidad parece la realidad. A veces la sustituye. Otras, da la impresión que la supera. Hasta que uno llega al primer mordisco, o al momento de pagar la cuenta. La desesperada sed por estar de moda –alimentada mediáticamente como nunca antes en la historia de la mesa y la cocina– hace que a comienzos de este siglo uno pague en algunos restaurantes por lo que no es. A veces, por lo que nunca fue.

Por eso se asegura en la crítica gastronómica que la segunda frase más pronunciada en voz baja en los restaurantes es "ya no está aquí". La primera, "eso ya no lo tenemos".

El centimetraje en prensa, los segundos en TV, no se corresponden con el éxito comercial ni con los productos vendidos.

Me explico. Ninguno de los famosos en la farándula ha logrado hacer exitoso un restaurante y permanecer al frente de él, por años. Exactamente al revés de lo que ocurre con los cocineros verdaderamente famosos, que construyen su visibilidad desde un restaurante, y desde él la mantienen. Así hoy tenemos dos tipos de cocineros famosos. Los de foto-pose, que van todos los años, o casi, saltando de apertura en apertura. Y los famosos-exitosos, que hoy están allí y mañana también.

 

Imaginación y sustancia

De la cocina sin imaginación, se ha pasado rápido, a la imaginación sin cocina.

De la "exquisita comida internacional" con la que nos atormentaron durante décadas a la arbejita rellena de esfericidad molecularmente enriquecida y sifonazo de nitrógeno líquido, no hay sino un paso.

Hasta hace poco, era común conocer primero el restaurante y después al cocinero. Hoy se ignora cuáles son los restaurantes en los que cocinan el centenar de  tipos que tan bien lucen en la televisión. "Antes uno volvía a un restaurante varios meses después de su última visita ilusionado por volver a disfrutar de aquel plato que tanto le había gustado. Lo solía encontrar. Hoy los platos duran en las cartas de los restaurantes en boga un puro suspiro, son creaciones –dejémoslo así– efímeras, sin vocación de permanencia", escribe el colega Cristino Álvarez. Sabe de lo que habla. Lleva 25 años recorriendo y escribiendo sobre restaurantes y bodegas en el mundo.

Los chefs de la nueva ola se cansan de cocinar dos semanas seguidas el mismo plato. "Son artistas", explican con condescendencia sus profesores en las sopotocientas mil nuevas academias, escuelas, institutos y centros culinarios que han surgido en el planeta en los últimos años. ¿Cuándo ha visto usted a un artista pintar dos veces el mismo cuadro?

No importa donde los lectores coman, los encontrará "pintando" las mismas cosas. La nueva movida de la supuesta vanguardia en la cocina consiste en glorificar la técnica sobre el producto. La supra-novedad sobre la memoria. El valor del contraste cromático sobre sabor y contenido. Cuando alginatos y sifones invaden la cocina, el comensal en la segunda visita al sitio ya sabe qué le espera

 

Fama efímera

Esto de que por un lado va la gastronomía y por el otro la fama mediática de la cocina, ocurre en muchos países. Además de desilusiones, cuentas excesivas, quedarse con hambre, desarreglos estomacales y aplausos filmados de la audiencia, provoca cosas inesperadas. El divorcio del maestro Vilabella, por el ejemplo.

Premios le han llovido a don José Manuel por su pluma y paladar, pero ha escrito que está harto. "Ayer me acosté enamorado de la cocina y hoy, al levantarme, me di cuenta de que mi amor se había agotado de tanto usarlo. Estoy harto de la cocina y si la dejo plantada es porque es una pesada insufrible: ya no aguanto más los discursos interminables de los cocineros mediáticos, los chistecitos de Arguiñano, los humos de Ferrán, el rollo de los germinados y la tontería esa del nitrógeno líquido. Sobre todo al nitrógeno líquido que le vayan dando".  Según confesó, dejó la cocina para irse "a vivir con mi amante de siempre, la gastronomía". En eso andamos muchos. ¿Lo incluyo?

  

CLAVES

Diez botellas para comer con vino

Una iniciativa para crear alianza solidaria con diferentes restaurantes del país, destinada a que el comensal disfrute sin temor del vino fue lanzada en Distribuidora Alnova. Consiste en ofrecer a 39.000 bolívares en el restaurante, diez botellas de vinos tintos y blancos de diferente origen (Italia, Francia, España y Chile).

Las botellas han sido escogidas en el rango medio de precios, donde generalmente se ubica la mayor demanda de vino en restaurantes. La iniciativa recoge así una reiterada demanda de los consumidores, que observan no sin sorpresa cómo buenos vinos del rango medio y precio accesible en el mercado, ascienden a las nubes cuando figuran en las cuentas en algunos restaurantes.

Entre las diez botellas a 39.000 bolívares en los restaurantes figuran Viña Sol (España), Santa Digna Cabernet (Torres en Chile);  Pinot Grigio y Pinot Noir de Cavit (Italia); Cabernet-Syrah y Blanc de Blancs de J.P. Chenet (Francia); Soave Villa Rasina y Valpolicella Rocca Alata (Cantina  di Soave en Italia); Sauvignon Blanc y Pinot Noir de Selección del Directorio de la viña chilena Santa Helena.

La Copa que respira

Mauro Zambelli acaba de introducir en Venezuela una innovación que le encanta al vino: La copa que respira. El fabricante alemán de cristales Eisch logró fabricar copas de vino que respiran permitiendo la rápida oxigenación del vino sin necesidad de decantadores. Valentín Eisch creó la dinastía de especialistas en la fabricación de cristales en los bosques de Bavaria a principio del siglo XX. En la actualidad la tercera generación de herederos directos de la familia impacta al mercado mundial con sus creaciones. Impulsadores de la cultura del cristal, por su creatividad y elegancia se les conoce como los poetas del cristal.

La copa se llama Breathable Glass y posee la capacidad de oxigenar el vino en cuatro minutos, mientras que hacerlo en un decantador exigiría de 45 minutos a dos horas dependiendo del cuerpo del vino y de su añada.

Eisch logró la copa que respira inventando una composición especial de cristal, sin óxido de plomo. La somete después la copa a un tratamiento propio de oxigenación, que consolida la permeabilidad del líquido con el medio ambiente.

En el reducido mundo de la cata profesional a uno le interesa seguir la evolución del vino mientras se va abriendo, pero en la mesa y la socialización con los amigos, la novedad constituye una apreciable ventaja.

La familia Zambelli dirige la reconocida casa de importación de las grandes marcas del lujo Niní y Amalia en la urbanización La Florida de Caracas (niniyamalia.com).

Las Breathable Glass se comercializan a un precio de Bs. 48.000 cada copa y vienen en cajas de seis unidades. Se las reconoce por una etiqueta y una ola grabada en el pie de la copa.

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