|
|
Maracucho en tierra amada Bonachón, familiar y atravesado, el marabino nunca pasa inadvertido donde quiera que vaya. Su música es protesta y su lago epicentro de sus creencias populares. Su vida gira en torno a sus grandes amores: su ciudad, la comida y la Virgen de la Chinita
El sol baña todo Zulia, brindando a este estado una amplia gama de colores, representados en los tapices goajiros, iluminados todos por la estrella clave del sistema solar en el día, y por el relámpago del Catatumbo en las noches estrelladas. Dicen que esos tonos, alegres y expresivos como en pocos rincones del país, tienen que ver con el carácter de su gente. Cuando la luna llena se refleja en el lago de Maracaibo, los pescadores extienden sus redes y sedales, para recogerlas con bagres, curvinas, lisas o bocachicos, que venderán en el Mercado de las Pulgas, en restaurantes o en palafitos de Santa Rosa de Agua, atractivo turístico que muere con la misma rapidez con que el lago agoniza, víctima de la lenteja de agua. Si la embarcación resiste el embate del golfo, son sábalos, carpetas, palometas o tiburones lo que se puede sacar en las redes. A veces se avistan manatíes blanquecinos, asociados en la fantasía popular con las sirenas y con las almas errantes de pescadores perdidos. El canto del zuliano es una permanente protesta, sus gaitas entonadas todo el año y de manera insistente a partir de noviembre nacen como escape popular a la injusticia. "Maracaibo ha dado tanto, que debiera de tener, carreteras a granel, con morocotas de canto", cantaba Ricardo Aguirre en justa condena al abandono que ha padecido desde siempre. "A lo largo de la historia hubo unos intentos independentistas de Zulia, que más que eso eran capítulos para reclamar justicia y lograr equidad para la provincia. No se olvide que Zulia fue humillada. En tiempos de Guzmán Blanco se le redujo al estado Falcón-Zulia, y Maracaibo dejó de ser la capital, título que se le designó a Capatárida, un pueblo del estado Falcón", recuerda el embajador Julio Portillo, autor de numerosos libros relativos al estado y sus distintas representaciones culturales. "En esa oportunidad se le cerró la aduana y se le prohibió la exportación. En tiempos del Benemérito se prohibió que nuestro Teatro Baralt fuera mejor que el de Caracas. Ahora tenemos reclamos territoriales con Mérida y Trujillo, que nos habían quitado territorio", agrega. Este maltrato por parte de los gobiernos centrales ha arraigado en el carácter y el alma del zuliano un sentimiento de regionalismo que permanece intacto hasta hoy. Tanto, que en plena época de conflictos políticos el gobernador y el alcalde de Maracaibo libran sus batallas compitiendo por quién deja más limpia la ciudad, quién la adorna mejor durante las festividades navideñas o quién honra a la Virgen de la Chiquinquirá de manera más ostentosa. "Zulia en política tiene fases como la luna, a veces menguante, creciente otras; ora derrama luz en toda su plenitud, ora vaga entre las sombras. En ese caso, anda a merced del lazarillo extraño que le guía donde le place, cuando le hieren los abrojos del camino, clama por la luz que carece, entonces el destino le pregunta ¿qué has hecho de tu faro, pueblo altivo? Y le responde, los he destruido, entonces procura rehacer tus líderes, porque los pueblos sin faros propios están condenados a las tinieblas", declamaba José M. Rivas a principios del siglo pasado, en un poema recopilado en el libro Costumbres Zulianas.
Contra el mal de ojo Aunque fuertemente católicos, los zulianos son también muy supersticiosos, herencia tal vez de la etnia de los goajiros. Así que no hay zuliana que no luzca en su cuello una "tuma", piedra de color marrón, que se monta en oro con una "corona" en la parte superior y que al estar ensalmada por los goajiros, prefiere partirse antes que permitir que su dueño sea víctima del "mal de ojo". No se puede hablar de Zulia sin mencionar a su patrona, la Virgen de la Chiquinquirá, cuya festividad se celebra el 17 de noviembre, fecha obligada para que todo maracucho la salude en la Basílica de la Chiquinquirá, en pleno centro de Maracaibo. Allí se dan cita desde el pescador hasta el gobernador, gaiteros y estudiantes, todos con la única finalidad de agradecer a la "Chinita", advocación de la Virgen María que une el fervor católico del zuliano. Pero el rezo en occidente es parranda, así que la feria religiosa termina por convertirse en una gran fiesta, con toros, grupos de gaita y baile en las principales avenidas de la ciudad. "El marabino es gregario y cualquier excusa es buena para reunirse. Confiable y buen amigo, se convierte en excelente anfitrión porque le gusta que sus amigos la pasen bien", destaca la psicóloga Jenny La Rotta. Esa forma de ser también es una de sus alternativas para escapar de sus problemas. "Utiliza el sentido del humor para minimizar cualquier circunstancia adversa que se presente en su día a día", agrega la psicóloga. "Respeta muy poco las normas sociales, porque es egocentrista", señala La Rotta, aunque esta característica le permite hacer grandes obras o resarcir injusticias, como la cometida con el prócer de estas tierras, Venancio Pulgar. Portillo recuerda que en 1949, "a pesar de que el Senado decretó el traslado de varios próceres al Panteón Nacional, entre ellos tres zulianos, fueron trasladados los restos de todos los elegidos menos el grupo de los marabinos". Luego de ese incidente, los zulianos crearon su propio Panteón Regional, detrás de la Asamblea Legislativa, donde se encuentran los restos de Venancio Pulgar. En el recinto están expuestos dos cofres abiertos para expresar ese sentir del zuliano que espera los restos de Rafael Urdaneta y de Rafael María Baralt, el primer hispanoamericano miembro de la Real Academia de la Lengua.
|
|
|
|
|
Unidad de Nuevos Medios del Grupo Editorial PRODUCTO y la redacción de la revista PRODUCTO. Asesor de Nuevos Medios: Alcides León Comercialización (212) 750.50.11 mcastillo@gep.com.ve |