GASTRONOMIA

  

Mucho vino

 

El país comienza a navegar en la corriente de la modernidad sobre los vinos, el renovado culto de la gastronomía, y el valor de las sobremesas. La fiebre ha desatado cosas muy gratas y sorprendentes: por primera vez en la historia del país, algunos restaurantes venden más botellas de vino que de whisky; los nuevos consumidores hablan, prueban, comparan botellas, se inscriben en cursos y en cursitos, y avanzan en su conocimiento y memoria gustativa; en las universidades se habla de vinos; también en el mundo de los negocios, que siempre fue aquí territorio de bebidas espirituosas.

Frente a los estantes de las grandes superficies, o en la tienda de delicatessen, los consumidores están un poco confundidos. Cientos de botellas parecidas, con los nombres de las cepas que se repiten en las etiquetas, buscan llamar la atención y lograr la preferencia. El vino nuevo se mezcla con el viejo. El joven con el de mayor cuerpo y envejecimiento. El famoso con el plebeyo. El reserva, con el que también se llama reserva pero no lo es.

Rumbo a la satisfacción el amante del vino ya enterado encuentra difícil observar con precisión el panorama. Los árboles se confunden con el bosque, pero el conocedor sabe que si bien las botellas y las etiquetas pueden ser parecidas, adentro el vino tiene diferencias. Muchas. Tantas como un bolsillo o un antojo puedan pagar. Los norteamericanos en su afán de simplificación quieren reducirlo todo a la sencillez con la que omiten apellidos, recortan nombres y hacen que una persona se llame por una o dos iniciales. Con el bueno y famoso vino de Francia, España e Italia, por ejemplo. Eso no se puede. Pero el poder del dólar es infinito. Entonces nos enfrentamos a la homogenización y globalización del vino, a su simplificación a lo máximo, como si con ello algo se ganara.

Por eso le dedicaremos al tema un par de números en Producto. Son tantas las novedades, y tan diversas las ofertas, que imposible resulta resumirlo todo lo nuevo, bueno y disponible en dos páginas.

El Barón

Escudo Rojo se llama este tinto, en alusión al escudo que representaba al Barón Philippe de Rothschild. Es una de las inversiones en Chile de la casa con leyenda en Burdeos que creó Château Barón Philippe, popularizó el Mouton-Rothschild, y puso en su época a los artistas más famosos del mundo a pintar sus etiquetas. La otra inversión en Chile de los herederos del Barón es Almaviva, un Cabernet Sauvignon, mezclado con Merlot y Cabernet Franc, producto del Joint Venture entre la hija del Barón y la viña Concha y Toro.

Escudo Rojo es un tinto chileno producto del ensamblaje de cuatro cepas: Cabernet Sauvignon (58 %), Carmenére (27 %), Cabernet Franc (8%) y Sirah (75%). ¿Porqué tantas cepas? Para lograr un estilo, cosa común en Burdeos, donde las uvas se utilizan para alcanzar complejidad en el bouquet producto de su asociación complementaria.

En este caso las dos Cabernets aportan el carácter que tendrá el vino y su potencia en taninos; la Carmenére y la Sirah a su vez densidad, color, y notas de especias en la cata.

Los vinos producidos con estas cepas son criados en mitades en roble y en acero inoxidable, por períodos que la casa no revela. La mitad que tiene madera es envejecida en barricas de roble francés. El resultado es un vino con carácter, con aromas de cereza negra y especias. Ideal para acompañar comidas, debe servirse entre 16 y 18 grados.

Para su presentación y anuncio de distribución por Milesimia, una importadora dirigida por ciudadanos franceses en Venezuela, visito el país el Sr. Frederic De Geloes, gerente general de la operación en Chile. Con ventas por sobre los 5,4 millones de dólares correspondientes a 136.440 cajas, Viña Baron Philippe de Rothschild en Maipo, Chile, sigue creciendo (14% respecto al 2004 y 18% en facturación del mismo año, según reveló). La casa posee viñedos en el Valle del Maipo, al pie de la cordillera de Los Andes, y más al sur, en el Valle del Rapel. Maipo es el valle clásico de los cabernets de Chile.

Bajo la consigna "Ensamblaje de dos mundos" por su estilo de unir en una botella cepas que representan a Francia y Chile, Escudo Rojo se vende mundialmente y significa 45 % de las exportaciones del Barón Philippe de Rothschild en Chile, afirmó De Geloes como ratificación de la aceptación del estilo en los mercados internacionales.

Reserva

Castillo de Molina elabora vinos tintos de reserva con un año de guarda en barricas de roble por decisión de la ésa bodega, reveló Viña San Pedro al presentar en Caracas seis cosechas diferentes del Cabernet Sauvignon en la residencia del embajador de Chile, Claudio Huepe.

Para el consumidor venezolano el anuncio tiene significado y valor. Porque le permite conocer y diferenciar los vinos de reserva, es decir de guarda o crianza, de los que no lo son. Como lo hemos explicado en estas páginas los códigos de producción chilenos, a diferencia de los que rigen en España e Italia por ejemplo, no impone tiempos de envejecimiento obligatorios de un vino en toneles o barricas de roble. Lo ambiguo de la norma chilena permite usar la palabra "reserva" en la etiqueta sin que el vino tenga ningún contacto con madera y haya sido producido exclusivamente en cubas de acero inoxidable.

El amante del vino en Venezuela busca en las etiquetas la palabra "reserva" porque en su memoria sabe que vale más. En el vino español tan conocido aquí por ejemplo, significa para el tinto vino que ha sido envejecido tres años en la bodega, uno ellos por lo menos en barrica de roble, antes de ser comercializado.

San Pedro que con la representación de la casa Tamayo & Cía. para Castillo de Molina ha logrado para el Cabernet reserva sea distinguido por los consumidores venezolanos con el liderazgo en la categoría, envió a Caracas al enólogo Marco Puyo a explicar las diferencias. Puyo presentó botellas de 1998, 2000, 2002, 2003, 2004 y 2005 aunque este último, aún en proceso de envejecimiento, no está a la venta. No hubo botellas de 1999 ni de 2001 en la cata en Caracas "porque se las bebieron todas" y solo quedan pequeños inventarios en la biblioteca enológica de la compañía en Chile.

La delegación de Castillo de Molina con sus botellas de reserva bajo el brazo fue presidida por Pablo Turner, gerente general del grupo chileno VSP (Viña San Pedro). Este posee entre sus reservas de alta expresión, Cabo de Hornos y Altair.

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