MERCADOS

 

Salto al Mercosur

 

Al ingresar al Mercosur, Venezuela está cambiando el arancel común de 20 por ciento de la CAN –grupo que logró en 2005 un intercambio de casi 9 mil millones de dólares– a uno de 35 por ciento

 

 

Sombras se ciernen sobre las industrias venezolanas. La salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y su incursión como miembro pleno al Mercado Común del Sur (Mercosur) podría traer beneficios para algunas compañías internacionales, pero cubre de dudas el panorama de las empresas del país.

El economista Abelardo Daza advierte sobre los riesgos que corre Venezuela al voltear la mirada al Mercosur y recuerda que Brasil y Argentina, los principales miembros de este bloque regional, tienen montos de inversión extranjera mayores que el país. Según datos de la Superintendencia de Inversiones Extranjera (SIEX), Venezuela va a recibir cerca del 5 dólares por habitante este año; en Argentina el monto se eleva a 200 y en Brasil a los 150. Así que para el especialista, un país tan dependiente del petróleo como Venezuela necesita opciones para diversificar su economía y atraer inversiones.

"El efecto más importante de la salida de la CAN y la incursión al Mercosur es la redirección de las inversiones a otros países de la región. Venezuela se está haciendo menos atractiva, lo que quizá no tenga un efecto tan dramático a corto plazo, sobre todo por el ciclo de altos precios del petróleo, pero acentuará la dependencia y vulnerabilidad petrolera", comenta.

El mercado andino –agrega– es de gran importancia para Venezuela. En 2005 las exportaciones alcanzaron un promedio de 1 mil millones de dólares, mientras que el comercio creó unos 100 mil empleos directos y cerca de 200 mil indirectos. Y advierte: Venezuela sufrirá un recorte de las inversiones, porque se sabe que dentro de cinco años se perderá la zona de libre comercio y se afrontará una mayor competencia por parte de los mercados andinos.

El especialista recalca que la economía local no se complementa con el Mercosur. "Más allá del sector energético o petrolero, no hay productos con los cuales el mercado venezolano pueda tener éxito en Brasil o en Argentina", agrega.

Si se comparan las ventas del Mercosur con las de la CAN, se puede observar la enorme brecha entre los dos bloques. "Sólo Venezuela le vendió el año pasado a los países de la CAN alrededor de 2 mil millones de dólares, mientras que al Mercosur sólo llegó a 250 millones de dólares", añade Daza, que advierte que "el reto, además de las inversiones que se van a dejar de hacer, es el número de empleos que se pueden perder".

Sin embargo, reconoce que la adhesión al Mercosur también podría generar efectos positivos, como la importación de productos a precios más bajos y así favorecer a los venezolanos, especialmente en sectores como el de medicamentos.

"Venezuela ganaría porque reduciría los costos de los equipos médicos. Creo que eso es altamente beneficioso para el país. Estamos hablando de la salud de miles de personas, pero ese efecto positivo habría que cotejarlo con la pérdida de empleo que genera ese sector", comenta.

Día de parada

Como muchos economistas, Daza afirma que los sectores automotor y de autopartes serán los más afectados con la salida de la CAN y su ingreso al Mercosur. "El temor es que implique una pérdida del mercado, una disminución de las exportaciones de la industria automotriz local hacia Colombia. El sector va a afrontar una competencia más intensa por parte de Brasil y Argentina", advierte.

"Tendrá una mayor rivalidad, una mayor dificultad para vender en el mercado local por las importaciones provenientes del Mercosur. Evidentemente el sector automotor brasileño es mucho más competitivo que el venezolano. Las asimetrías son bastante importantes", insiste.

El presidente de la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa), Omar Bautista, explica que en 1995 se suscribió un convenio automotor andino entre Venezuela, Colombia y Ecuador, el cual, después de la renovación que se hizo en 2000, permanecerá vigente tres años más.

"El Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio nos ha informado que Venezuela aspira a mantener las condiciones que han resultado favorables para el país, y dentro de esas condiciones prevé preservar el convenio automotor andino", comenta.

"En este sector se requieren reglas estables y bien definidas, porque las inversiones demoran dos y tres años. Es un sector que continuamente está invirtiendo para mejorar la producción".  Para el presidente de Favenpa, el gremio siempre ha resaltado la imposibilidad de competir con mercados como el brasileño y el argentino sin la aplicación de aranceles y, a su juicio, se le debe dar un tratamiento favorable a la industria automotriz venezolana por un tiempo indefinido. "Esto significa mantener un arancel residual, es decir, 20 por ciento en vehículos y 8 por ciento en autopartes, y que Argentina y Brasil favorezcan las exportaciones venezolanas con arancel cero. Consciente como está el Gobierno de estas asimetrías con respecto a Brasil y Argentina, hemos sido informados que el sector estaría excluido de las negociaciones para el ingreso de Venezuela al Mercosur".

Aunado a lo anterior, inquieta a la industria de autopartes el tema de las importaciones de vehículos, que continúa en ascenso, por lo que el sector manufacturero se verá impactado.

En los primeros cinco meses de 2006 se han registrado ventas por el orden de los 55 mil vehículos importados, lo cual representa 50 por ciento de las transacciones que se hacen en el mercado. "La gran preocupación es que en los últimos meses se han vendido más vehículos importados que nacionales, y si extrapolamos eso a lo que resta para que concluya el período, vamos a llegar a un año récord, pero de ventas de vehículos importados. Podemos estimar que al cierre de 2006 se van a colocar 133 mil carros de fabricación extranjera y más bien necesitaríamos que la mayoría de las ventas sea nacional".

Lourdes Rojas Ávila

 

Hay que despejar dudas

Para los conocedores de la industria automotriz –una de las más afectadas por la salida de Venezuela de la Comunidad Andina–, es necesario despejar dudas, especialmente sobre códigos arancelarios, asegura el presidente de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez), Luis Enrique Cárdenas, que ratifica el interés del gremio en mantener el convenio automotor andino.

"Hemos revisado con mucho detalle la negociación bilateral entre Argentina y Brasil, y nos hemos dado cuenta que tienen cosas parecidas a nuestra política automotriz. Otros elementos son diferentes, especialmente porque entre Brasil y Argentina no existe un libre comercio automotor, sino uno administrado, esquema que no existe en la relación de Venezuela con Colombia y Ecuador", comenta.

Para Cárdenas la preocupación no se refiere al tema de la CAN, sino a las asimetrías que existen con el Mercado Común del Sur (Mercosur), "no solamente por el tema de los volúmenes de producción, sino de los eslabones de la cadena. En el caso venezolano, las cadenas pueden empezar en Sidor, Pequiven y Venalum, y terminar en un concesionario. Pero el Mercosur tiene más eslabones, tiene componentes que no se fabrican en Venezuela y no hay proyectos en el país para fabricarlos. Es decir, es una industria mucho más densa que la venezolana, y fabrica 18 veces más que nosotros".

Además, agrega, "las reglas que tenemos en la CAN no son las mismas que existen en el Mercosur. Creemos que es un esquema de integración que se está construyendo pero que no necesariamente está al mismo nivel de la CAN en cuanto a la institucionalidad". Con el Mercosur no sólo hay una asimetría en términos de la industria, sino también en términos de la institucionalidad. "Por eso queremos confirmar en detalle cómo es el tema de las políticas internas, especialmente de Brasil y Argentina, porque de alguna manera tienen que ser armonizadas con las venezolanas", agrega.

No obstante, recuerda que en el corto plazo el ingreso de Venezuela al Mercosur no debería generar incertidumbre en el sector automotor, porque continuará vigente el acuerdo 59, suscrito entre ese bloque y la CAN, en el que se establece un programa de liberación.

"El Gobierno tiene que responder qué pasará ahora con el acuerdo número 59. ¿Se sigue aplicando o se aplicará otra alternativa? De todo lo anterior no tenemos respuestas, lo que estamos haciendo es analizar alternativas", comenta. 

 

Mercoarmada

Cuando el presidente Hugo Chávez propuso la creación de las Fuerzas Armadas del Mercado Común del Sur (Mercosur) para "una estrategia propia de seguridad, soberanía y defensa", reafirmó su proyecto de consolidar un eje antagónico contra Estados Unidos, que está pagando haber sumido en el olvido diplomático a "su patio trasero", como consideraba hasta hace pocos años a América Latina.

Lo cierto es que no será fácil convencer al Mercosur para que invierta recursos para el escenario de una supuesta invasión imperial, cuando no existen indicios de que ocurra, como explica el general retirado Gonzalo García Ordóñez. "¿Estará dispuesto el resto del grupo a hacer frente común contra Estados Unidos?", se pregunta el militar, para quien una alianza de este tipo terminaría siendo "un arroz con mango".

El general Muller Rojas, devuelto por decreto a su condición de activo, es más optimista y, aunque admite que "no se puede pensar que anunciar un propósito es realizarlo", considera que un Ejército del Sur es más un "proyecto" que "un deseo". Recuerda que la idea de una Fuerza de Defensa Suramericana data de 1826 con el Congreso Anfictiónico de Panamá y que lo más importante es identificar las amenazas militares comunes, definir cómo contrarrestarlas y, por último, crear una fuerza diferente a la Junta Interamericana de Defensa.

Punto que para el vicealmirante Rafael Huizi Clavier es una traba, pues las Fuerzas Armadas de América Latina están incorporadas a las políticas de defensa hemisférica de la Junta Interamericana (parte de la OEA) y, por tanto, una alineación continental diferente será difícil de concretar.

Lo cierto es que hasta un optimista como Muller Rojas conoce que la estructura y composición social de cada una de las fuerzas armadas de los países del Mercosur hacen difícil un acuerdo como el que propone Chávez, más si se toman en cuenta los conflictos que ha habido entre Chile, Perú y Bolivia, y entre Venezuela y Colombia, por citar algunos.

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