Pa'limpio, créditos

 

En la Venezuela petrolera y con bajas tasas de interés, las entidades bancarias sólo podrán seguir incrementando sus ganancias, dicen los analistas, si deciden llevar el ahorro y el crédito a ese 80 por ciento de la población que está al margen del sistema financiero

 

 

En el silencio de una agencia bancaria, minimalista y sobria, cualquiera sería incapaz de creer que su dueño, un banquero adinerado, decidiera vender sus productos financieros como se ofrece la harina pan o el último refresco de cola: al público masivo. "Es cierto. El negocio bancario tiene que asumir las mismas estrategias que aplican las industrias y empresas de servicio. Para crecer con estos bajos márgenes de rentabilidad hay que considerar también a la banca como un producto de consumo masivo", afirma Thaide Olarte, vicepresidente de desarrollo de productos y canales de Bolívar Banco, institución que ofrece rescatar a quienes son presa de la usura, vale decir, a la mayoría de los venezolanos que forma parte de 80 por ciento de la población que no tiene acceso al sistema bancario formal.

El banco, como todas las demás entidades, intenta ajustarse a los cambios de la economía venezolana que operan desde hace más de dos años con nuevas reglas de juego. La primera está vigente desde 2003, cuando Venezuela comenzó a definirse por un control de cambio –entre tantas regulaciones–, que impide a inversionistas y turistas sacar libremente los bolívares del país. La segunda llegó en 2004, cuando se empezó a revivir el efecto de un auge en los precios del petróleo y con él la llegada de un tsunami de divisas que inundó el mercado.

El director de la firma Softline Consultores, José Grasso Vechio, admite que el negocio bancario se alteró con dos fenómenos que produjo la nueva economía nacional: el exceso de liquidez y la posterior caída de las tasas de interés.

"La enorme masa de bolívares se está volviendo un problema para la banca, al igual que la saturación del mercado o el incremento de la competencia, y es por eso que las instituciones deben explorar nuevas opciones", asegura el analista financiero.

Las estadísticas de la firma consultora indican que al cierre del primer trimestre de 2006, el dinero que se deposita en el sistema bancario local aumentó 63,2 por ciento con respecto al año anterior. Lo que los técnicos definen como "disponibilidades" resultaron ser el rubro que más creció dentro del activo de la banca (35 por ciento en tres meses), mucho más que los créditos que, en general, apenas se incrementaron 1 por ciento de enero a marzo.

 

La hora del crédito

Desde hace meses, los bancos están tomando medidas para rendir los bolívares que depositan los venezolanos. Sólo basta repasar los mensajes de sus últimas campañas publicitarias para dar fe de sus esfuerzos. "Vive lo que sueñas", dice el Banco Occidental de Descuento. "Dale vida a tus ideas", propone el Banco de Venezuela para motivar a sus clientes a pedir prestado. "Adelante", reitera el Banco Provincial. "Vístase, que sí va", es el último mensaje que envió Banesco para incentivar los consumos de sus clientes en esta temporada de vacaciones. Con el slogan "Úsalas y gana" compite el Mercantil.

Los más recientes reportes de la firma Softline revelan que la publicidad dio resultados. En 2005, los créditos al consumo (personales, con tarjetas de crédito o para vehículos) aumentaron 114 por ciento, mucho más de lo que creció el monto de los comerciales (63,8 por ciento). Específicamente, la banca prestó 229 por ciento más a los clientes que deseaban comprar un vehículo y entregó un monto 191 por ciento mayor en créditos hipotecarios.

En el primer semestre de 2006 la carrera continuó. Los bancos siguen prestando más a las personas que a las empresas. Mientras la cartera de créditos comerciales se incrementó 8,3 por ciento al cierre de junio, el monto de la gaveta para el consumo terminó siendo 40,8 por ciento mayor. La banca entregó 52 por ciento más dinero para la compra de vehículos y financió 33,4 por ciento más gastos con tarjeta de crédito. Grasso Vechio no duda que es un buen momento para endeudarse. La banca no puede cobrar más de 28 por ciento anual, un porcentaje menor a 50 por ciento de lo que cobraban en 2002. Y, en realidad, el Banco Central de Venezuela asegura que en estos días la tasa de interés activa es de 15,7 por ciento en promedio.

"La tendencia es que la liquidez se mantenga elevada y que las tasas continúen estables, por lo que las condiciones son favorables para que el endeudamiento siga creciendo", afirma el especialista.

Todo indica que la estrategia de la banca de masificar el crédito es correcta. Las ganancias del sistema en el primer semestre de 2006 ascendieron a 1,50 billones de bolívares, 23,2 por ciento más sobre el primer semestre del año anterior, según la Superintendencia de Bancos y otras Instituciones Financieras. Sin embargo, todavía las cifras no garantizan la victoria a todos los actores del sistema financiero en el futuro. El director de Softline Consultores asegura que sólo lograrán aumentar sus ganancias los bancos que encuentren nuevos negocios.

"Tendrán éxito los que sean capaces de explorar otras áreas, de hacer un uso más eficiente de sus redes de sucursales y agencias, y de la tecnología para distribuir sus productos de forma masiva y a bajo costo", insiste Grasso.

Para los más pobres

En el corazón del IESA, un reconocido instituto que se dedica a formar gerentes, persiste la idea de que las empresas deben ir a la base de la pirámide, porque es la masa de venezolanos, generalmente de los estratos D y E, que mantiene a flote los negocios.

La banca no es una excepción para los investigadores del IESA, quienes aseguran a los ejecutivos del sistema financiero que la vieja estrategia que aplicaban, esa que le otorgaba prioridad a los créditos para la gran empresa, no es la indicada en la Venezuela de hoy.

Los especialistas aseguran que 80 por ciento de la población no tiene una cuenta bancaria. La firma Datanálisis calcula que 65 de cada 100 habitantes (cerca de 13 millones de venezolanos) no tienen acceso al sistema financiero. Pero esa mayoría, contrariamente a lo que se cree, sí ahorra y está acostumbrada a pagar los créditos que pide.

Un estudio que financiaron las instituciones Bolívar Banco y Banpro Banco Universal respalda las afirmaciones de los académicos. Al entrevistar a 200 personas de los estratos más pobres (C, D y E), los investigadores confirmaron que apenas 20 por ciento logra manejar su dinero a través de un banco, el requisito fundamental para tener acceso a un crédito a tasas de interés menores a 28 por ciento anual.

Cuando los encuestadores decidieron consultarle al 80 por ciento restante si alguna vez pidió dinero prestado, 8 de cada 10 contestaron que alguna vez resolvieron sus necesidades con familiares, amigos y prestamistas. La primera opción (44 por ciento así lo indicó) fue recurrir a un familiar, otro 37 por ciento prefirió pedir dinero a un amigo y 35 por ciento decidió resolver su problema con un prestamista.

El estudio determinó que en las zonas populares del área metropolitana y los estados adyacentes a Caracas los prestamistas pueden cobrar hasta 55 por ciento de interés mensual. El más bajo es de 10 por ciento, una tasa que parece más razonable, y de todas maneras obliga a devolver 120 por ciento más del monto prestado en un año.

La mayoría tuvo que acudir a un prestamista entre 1 y 3 veces al año para atender una emergencia médica (33 por ciento), pagar un inmueble o casa (33%), comprar medicinas (19%), comida (10%) o montar un nuevo negocio (5%). Los montos solicitados muy pocas veces superaron los 500 mil bolívares.

¿Qué quieren estos venezolanos que están al margen de la banca?, preguntaron estas dos instituciones para decidir cuál camino tomar. Naturalmente, la mayoría (30 por ciento) dijo que necesitaba una institución a la cual pedir dinero por un interés mucho menor al que fijan los usureros. Otro 43 por ciento esperaba encontrar un sitio para ahorrar dinero, una alternativa a los tradicionales "sanes, cajas o bolsos" en los que se abona una cuota mensual. El resto pedía un banco que diera buena atención y donde no se hicieran largas colas.

"La mayoría de los venezolanos quiere una institución que le inspire confianza y le dé un buen servicio. No es para ellos tan importante que le cobren una tasa de interés baja y, en realidad, necesitan créditos de 200 mil bolívares y no de 3 millones de bolívares, como ofrecen los bancos", explica Olarte.

Corina Rodríguez Pons

¿Subirán los banqueros el cerro?

Los bancos sólo abren una cuenta de ahorros a personas que presentan una carta de trabajo y algunas referencias comerciales. A la hora de entregar un crédito se exigen más requisitos y, curiosamente, uno de ellos es que el solicitante posea una cuenta bancaria. El estudio que presentó Thaide Olarte, vicepresidente de desarrollo de productos y canales de Bolívar Banco, revela que a muchas de las personas que recurrieron a un prestamista los bancos le habían negado un crédito. Y hoy parece que las instituciones se están dando cuenta que tienen un amplio mercado por atender, un sector que les puede producir un gran volumen de negocio.

Así, Bolívar Banco y Banpro decidieron ofrecer una alternativa de crédito para los trabajadores que están en nóminas de empresas con las que tienen relación financiera. Al verificar que buena parte de los empleados recurre a prestamistas que operan en los centros de trabajo, ambos abrieron líneas de crédito asociadas a sus cuentas de nómina –siempre que ganen más de 500 mil bolívares– para que puedan pedir prestado un máximo

de 5 veces su sueldo y cancelar en 36 meses, a una tasa menor a 28 por ciento anual.

Pero estos dos bancos no son los únicos. "Varias instituciones ofrecen paquetes de servicios financieros para los empleados en las nóminas, egresados de las universidades o personas pertenecientes a clubes o gremios profesionales. Les ofrecen planes de tarjetas

de crédito, préstamos personales, financiamiento de viviendas y seguros con más facilidades. Estamos viendo un reacomodo de los créditos a consumidores, un sector más rentable, porque se otorgan tasas de interés más elevadas que las que exigen a grandes empresas", apunta el analista Grasso Vechio. Los bancos también compiten para cumplir con las carteras obligatorias de créditos hipotecarios, agrícolas o los microcréditos que estableció desde hace un par de años el Gobierno, por lo que ofrecen tasas preferenciales, entre otras condiciones favorables. Sin embargo, el analista advierte que los riesgos de los créditos al consumo son más altos.

"Estos son los primeros deudores que comienzan a tener problemas para pagar cuando desmejora la economía o suben las tasas de interés. Pero hay que reconocer que, por ahora, la situación es razonable y no parece probable que los riesgos aumenten entre 2006 y 2007", afirma José Grasso Vechio.Todo indica que es la oportunidad para que la banca se atreva a vender sus productos al gran público, que permita a los más pobres tener acceso al crédito y borrar de esa forma la imagen de que es exclusiva de la élite.

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