EXTERIOR

 

Contrastes de un gigante

 

¿Qué puede andar mal en China?

La vejez, el agua, o la corrupción



En Occidente, China inspira superlativos, positivos o negativos, mientras la economía se recalienta: en el primer semestre, el PBI creció a un ritmo anual de 11,3 por ciento. Desde la descolectivización de 1978, la expansión ha promediado 9 por ciento durante 28 años. El país ha encarado, a la vez, urbanización, mercado, privatización y globalización, con un impulso sin precedentes.

A criterio de Kenneth Lierberthal (Universidad de Michigan), tal vez algo triunfalista, el PBI podría mantener ese ritmo medio por 15 o 20 años.

Otros pronostican menos éxito, como el tradicional The Economist, que no hace mucho auguraba el colapso y fragmentación de China en feudos económicos. Por el contrario, en general los expertos consultados en recientes meses por Barron’s se pasan de optimistas. Sea como fuere, ninguna multinacional puede pasar por alto el mayor mercado del mundo, con 1.300 millones de habitantes, ni sus bajos costos, aptos para producción y tercerización.

Demasiada euforia

Pero también esa euforia es excesiva. La transformación de un régimen totalitario –el maoísta–, apoyado en los campesinos, a una "autocracia de mercado" magnificó factores sociales, políticos, ambientales y económicos que podrían resultar desestabilizantes. Por ejemplo, Beijing afronta un rápido envejecimiento de la población, manifiesto en la creciente escasez de mano de obra. Se origina en la norma "un hijo por pareja", impuesta en los años 70 para detener el exponencial aumento vegetativo fomentado por Mao tras la guerra de 1925-1949.

Burócratas, técnicos y políticos temen que China envejezca antes de haberse desarrollado. Tienen razón. Según William Overholt (Rand Corporation), la fuerza laboral irá peinando canas velozmente en los próximos decenios. Hacia 2050, la proporción entre población activa y pasiva estará entre las más altas del planeta. Los mayores de 60 serán más de 400 millones –contra 120 millones en 2003–, es decir, 30 por ciento del total (hoy es algo menos de 10 por ciento).

Surcorea y Japón, dos competidoras directas, afrontan el mismo problema. Pero el Reino del Medio es mucho más pobre y estará en una fase muy temprana de desarrollo cuando se halle ante una crisis demográfica. Su red de contención social está dañada y muchos carecen de jubilación o prestaciones mínimas (por imperio de reformas pro mercado). No hay atención adecuada para gente de bajos recursos, lo cual explica que en años recientes el país haya sido castigado por el sida, el síndrome respiratorio agudo y ahora la gripe aviar.

Crecer cuesta un precio alto en términos ambientales. Unos 300 millones beben y usan aguas contaminadas y la mitad se enferma cada año por ese motivo. Se estiman 400 mil decesos anuales por contaminación atmosférica. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cinco de las 10 ciudades más insalubres del globo están en China. Los problemas del entorno abarcan además lluvia ácida, deforestación, extinción de especies, severa erosión de suelos, represas cenagosas y emisiones de dióxido de carbono.

Según Lieberthal, mala calidad y poca disponibilidad de agua limitarán el desarrollo. Ya hay un grave déficit hídrico en el norte, donde están dos tercios de las tierras arables, se produce la mitad de los granos y donde vive gran parte de la población y la industria. El gobierno planea invertir más de US$ 60 millardos en 50 años para canalizar las aguas del Yangtsé, en el sur, hacia la llanura septentrional.

Otra forma de atenuar el problema es cobrar servicios sanitarios y consumo hídricos, que hoy cuestan casi cero, para reducir el derroche. Mas esto crearía agudo malestar social. El agro usa casi 70 por ciento del agua, por lo que muchas granjas serían demasiado caras de mantener y empujaría más población rural a ciudades sobrepobladas.

Corrupción generalizada

Una forma diferente de malestar se relaciona con el auge de la corrupción en todos los niveles del gobierno central y los provinciales, fomentado por una economía de mercado predatoria. El soborno genera proyectos asociados a razones espurias. Entretanto, el espectáculo de funcionarios vistiendo ropa de marca, gastando fortunas en casinos o paseándose en BMW crea resentimientos en los pobres que lo miran por TV.

No hay misterios en la génesis de tanta corrupción: la torta ha crecido muchísimo en 28 años y todos quieren un pedazo. Además, ya no operan los mecanismos de contralor partidario y nadie teme denuncias. En fin, las reformas transfirieron facultades políticas y fiscales a niveles de gobierno más bajos o locales, lo cual multiplica oportunidades de peculado.

Resultado: olas de abusos y sobornos que aparecen en una prensa local menos limitada que en tiempos de Mao. Los cuadros del partido comunista se han beneficiado enormemente en la privatización de empresas, a menudo instalando en altos puestos a parientes, cómplices o ellos mismos. Activos estatales eran malvendidos con frecuencia. El monopolio de permisos para hacer negocios o arriendos de tierras, en manos del partido, ha sido fuente de abusos.

Esperar a la clase media

Algunos llaman a China "Estado neoleninista, descentralizado y predatorio", capaz de hacer peligrar, en último término, el crecimiento sostenido. Ello a causa de servicios públicos malos y tensiones sociales. A eso los observadores más adictos al mercado añaden inadecuada protección de derechos y patentes.

También están esos 100 millones de campesinos que marcharon a las urbes costeras en pos de subsistir como mano de obra precaria, mal pagados, porque son residentes ilegales, o los 70 millones que se quedaron sin trabajo al achicarse las firmas privatizadas. De hecho, su aporte al PBI ha caído de 70 por ciento en 2000, a 30 por ciento en 2005.

Los optimistas sostienen que, de 10 a 15 años, una próspera clase media habrá surgido, capaz de promover democratización y pluralismo. Pero vecinos como Taiwán o Surcorea pasaron de regímenes autoritarios a democracias parciales recién después de que el ingreso por habitante fuera dos a tres veces mayor que el chino actual. Por otra parte, no se encontraban ante el legado sociopolítico de Mao, aunque sí ante sistemas virtualmente unipartidistas.

Lodazal financiero

No obstante, quizá lo más ominoso sea el auge incontrolado de créditos e inversiones. Durante el primer trimestre de este año, la inversión fija interna aumentó más de 30 por ciento, casi tres veces el ritmo anual de expansión. Eso en una economía que desde 2001 a 2005 colocó más de 40 por ciento del PBI en infraestructura civil y maquinaria industrial.

Por cierto, el país nada en liquidez. Como otros orientales, los chinos son grandes ahorristas e inmovilizan hasta 25 por ciento del ingreso familiar disponible. Gigantescos superávit comerciales con Estados Unidos, unos 60 millardos de dólares anuales en inversión externa directa y capitales especulativos han llevado las reservas internacionales a cerca de  940 mil millones de dólares. La sobreliquidez desborda los grandes bancos, mayormente estatales, que intermedian 75 por ciento del capital.

Ahí está el nudo del problema. El sistema es volátil, pese a esfuerzos para imponer reformas e inyectarle capitales frescos, "estatizando" carteras desactivadas y autorizando a extranjeros a tomar participación minorista en grandes instituciones de crédito. No obstante, aún se dan demasiados préstamos por razones políticas, antes que por motivos sanos. Además, nadie sabe bien a cuánto ascienden las carteras incobrables.

Estimaciones oficiales hablan de 200 mil millones pero, en mayo, Ernst & Young detectaba casi 900 mil millones en malos créditos. Otras fuentes calculan de 650 a 750 mil millones de dólares.

De inmediato, Beijing calificó el informe la E&Y de "absurdo y ridículo, pues representaría 40 por ciento del PBI". Asustado, el estudio retiró el trabajo de internet, pero todo el mundo lo había visto y, aparte, siendo esa firma la auditora del mayor banco comercial chino, obviamente sus números no eran casuales.

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