GASTRONOMIA

 

A la espera, no a la expectativa



Esperar no es lo mismo que estar a la expectativa. A la expectativa se está a pan y agua, mirando los nubarrones. A la espera, se alimenta el alma y el cuerpo con fundamento, y se mira hacia adelante. Contra lo que habitualmente se cree, la espera es activa, no pasiva. Se diferencia de la expectativa en eso, en la acción. Porque la expectativa es simplemente dejarse estar hasta que la cosa pase, ocurra, se dé. En cambio cuando esperamos, preparamos la llegada de lo que ansiamos, lo que nos gusta o nos hace falta. En el negocio de la restauración y la noche, se sabe que aquello que "mata el negocio" es la pérdida de ánimo, la falta esperanza. Argumentos racionales no les son escasos a los pronosticadores del sueño eterno. Pero hasta el más pesimista admitirá que nunca imaginó ganancias como en los dos últimos años; que nunca creyó que lo caído o hundido pudiera salir a flote.

¿A pan y agua?

A los heraldos del apocalipsis convendría recordarles la historia: A pan y agua no funciona. El sufrimiento como estilo, destruye y deteriora, no construye. A quienes asumen que la única visión correcta es nada de mesa y sobremesa, sino hambre hereje y mal humor.

Una vez en la Universidad Autónoma de Madrid, al profesor Ángel Gabilondo se le oyó proclamar que "la prisa es el otro nombre del miedo". ¿Por qué? preguntaron los estudiantes. La prisa, tanto precipita como paraliza, respondió. La prisa también ha acabado -o serruchado con insistencia si usted quiere- otro acto civilizado que siempre fue nuestro y nos hace falta: sobremesa. Aquella que tenía lecturas y diálogos, humor y anécdotas ¿recuerda?

Cuando por estos días quiere hablar de mesa, copa y sobremesa, le responden que no hay ánimo para eso, que ¡por Dios cómo se nos ocurre!. La alegría parece así un ingrediente que llega, no que se busca. Que a uno se lo dan o se lo quitan, no que uno persigue y construye, como un desafío. El Gabilondo éste es el autor de aquella otra frase genial que usted puede colgarle a mucha gente en las tertulias o en las conversaciones de oficina: La gente sin placer, es peligrosa.

Vender esperanza

Vender esperanza ha sido siempre un buen negocio. En todos los tiempos, en todos los estilos. 

Hacia el mantenimiento del ánimo y la esperanza, bien cabría advertir que en realidad lo que amenaza desde hace rato el negocio de la restauración, y cuando no se puede comer fuera los festines de entre-casa como alternativa, son la prisa y su humor. Detenerse a disfrutar una comida es mal visto. Tanto, a ser conocido como alguien a quien le gusta sentarse con frecuencia a la mesa. La versión norteamericana de la eficiencia (y los economistas formados a punta de hamburguesa, salsa ketchup y gaseosas) han convertido las interrupciones naturales de alimentación, goce y recuperación en evidencia de subdesarrollo y holgazanería. En acto más cercano a la siesta que al hábito culto y civilizado de cocinar y comer.

Mis queridos amigos de las nuevas generaciones de cocineros y mis apreciados enemigos del negocio de perseguir gordos, las escuelitas de "chefs", los empresarios que quieren poner restaurantes porque saben comer pero no servir, los especialistas en calentar puntos para revenderlos y los de la comida chatarra, impelidos por la prisa, creen que en gastronomía, la extravagancia es "el" negocio. Y que lo clásico, lo simple y la tradición un lastre.

Vamos a repetirlo para que no se olvide rápido: De imposible, nada. Si lo que hace tiene fundamento, satisface y  tiene un precio justo, nunca se cierra por anticipado. Si no me cree, pregúntele a los veteranos en el negocio. Ellos suelen prestarle más atención a la sala, la barra, la calle y a los clientes que a los noticieros políticos y los informes sobre la bolsa. 

alberto@soria.as




CLAVES

De malta

El whisky de malta única o Single Malt sigue avanzando en su diferenciación social. Los conocedores buscan las botellas y las añadas especiales con la acuciosidad de la experiencia y los nuevos consumidores hablan sobre ellas para demostrar que están en el dato. Los tradicionalistas están tratando de subirse al tren.La sorpresa es la incorporación incipiente del paladar femenino, que por las sutilezas del producto y el abanico de envejecimientos, posee aromas inusuales, diferentes, sedosos, que no están presentes en ningún otro "spirit" o bebida espirituosa.

Al vodka o a la ginebra, por ejemplo, se le tienen que añadir sabores, mientras que en el Single Malt los sabores forman parte de la autenticidad, están en la barrica, no se agregan a la botella. Hay Single Malt, o whiskys de malta pura de una sola destilería, y mezclas de Single Malt. Los primeros son fáciles de reconocer. El nombre de la destilería (como un chateaux en el vino) se destaca en la etiqueta.

Iniciando el 2007 y comparando los resultados en las olimpíadas de la categoría, destaca una marca y una nariz, creadora del estilo. The Balvenie (nombre de un viejo castillo escocés) es la marca. David Steward es la nariz que trabaja en ella y en la destilería Glenfiddich, para la familia William Grant.

En el último International Spirits Challengue (ISC) según cifras reveladas por este organismo, Balvenie obtuvo seis medallas de oro para su rango de maltas, Glenfiddich por segunda vez consecutiva, como destilador del año y Stewart fue galardonado por la industria. En 2006 las destilerías Glenfiddich y The Balvenie y Grant ganaron 32 medallas, repitiendo el record obtenido también en 2005 en el International Spirits Challengue.



GEO DEL VINO

Avanza la Sauvignon Blanc de Chile

El Sauvignon Blanc de Chile está sorprendiendo. Hasta ahora, el destaque había sido capitalizo por la cepa Cabernet. Una cata comparativa de todos los tintos y blancos chilenos ante un jurado de nivel norteamericano, puso en evidencia el nuevo valor internacional del Sauvignon chileno.  Superando a todos los tintos, la cepa blanca de Burdeos cultivada en Chile con esmero en los últimos 30 años, obtuvo el premio "mejor de la competición" en el Wines of Chile Awards 2007. Lo publicará Wine & Spirits.

Los 425 vinos que participaron en la competencia fueron catados a ciegas. Los únicos factores revelados a los jueces fueron la categoría de uva, cosecha y rangos de precio (de 10 a 15 dólares, y de 15 a 25 dólares la botella). Por primera vez en la cuarta celebración del Wines of Chile Awards todos los jurados fueron norteamericanos.

Los ganadores de la versión 2007 fueron:

- "Best of the Show": Casa del Bosque Reserva Sauvignon Blanc 2006, Valle de Casablanca;

- "Best Cabernet Sauvignon": Hacienda Araucano Reserva 2005, Valle de Colchagua

- "Best Carmenere": Odfjell Orzada Carmenere 2004, Valle de Maipu

- "Best Merlot": Marqués de Casa Concha Merlot 2005, Valle de Rapel

- "Best Syrah": Porta Winemaker Reserva Syrah 2005, Valle de Aconcagua

- "Best Red Blend": Estampa Reserva Cabernet Sauvignon/Carmenere/Petit Verdot 2005, Valle de Colchagua

- "Best Other Reds": Millaman Barrel Aged Zinfandel 2005, Valle de Curicó

- "Best Value White": Miguel Torres Santa Digna Reserva Sauvignon Blanc 2006, Valle de Curicó

-"Best Value Red": MontGras Reserva Cabernet Sauvignon 2005, Valle de Colchagua.

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