Soy venezolano y no me voy

 

Opinión

¿Por qué me quedo en el país?

Por Ítalo Pizzolante Negrón



Por la misma razón que muchos han querido justificar que se van: por mis hijos. Probablemente fundamentado en la "mundología" que me ha tocado vivir intensamente, es que valoro cada vez más a mi país y a mi gente.Mis hijos han crecido entre hermanos, familia, compañeros de colegio, novia o novio conocido o por conocer. Aquí crecemos mientras construimos una comunidad que redescubre los valores de respeto, tolerancia y pasión con la que yo crecí. Pude madurar con mis propias costumbres y un pasado que me pertenece, con el ejemplo que conocí, modelo de mis padres y también de mis hermanas, que siempre disfruto. También estoy aquí por el amigo cercano que me aconseja, por los socios con los que construyo mis sueños de vida profesional, y mi esposa, activista ciudadana con una visión compartida de familia. Me quedo aquí por este nuevo y mágico momento que vivimos, que será historia cuando quiera recrearla de anécdotas frente a mis nietos atentos a mis cuentos de "nonno".

Cuando los estudiantes asumieron el inesperado protagonismo de nuestro país, tuve más razones que refuerzan mis convicciones y la imperiosa necesidad de responderle a esos pocos que afirman que estos muchachos en la calle forman parte de una "conspiración estudiantil". Quien crea que detrás de esos jóvenes hay una persona, una empresa, un partido o un país extranjero está subestimando a sus propios hijos e irrespetando a sus nietos. Creo que no ha tenido hijos o se está irrespetando a sí mismo.

Cuando comencé a compartir mis reflexiones en los años 80, en lo que he llamado "evangelización corporativa", fueron los jóvenes mi inspiración y aprendizaje. A finales de los años 90 vinculé formalmente mi firma con las universidades a través de programas de pasantías y la creación de la "cátedra itinerante Pizzolante", como un esfuerzo por sembrar conciencia junto al equipo profesional de la firma, de cómo la Comunicación Estratégica es una herramienta gerencial y ciudadana para promover liderazgo responsable fundado en valores éticos, inclusión social y respeto por las diferencias. Así aprendimos enseñando nuevas habilidades para los jóvenes que salieron al mundo a las competencias promovidas por Naciones Unidas. Hoy sigo aprendiendo de cada joven, quien con pasión expone sus ideas sin los temores que siento cada vez que salen mis hijos a protestar salpicados de espontánea creatividad.

Me quedo en mi país, porque quiero profundizar mi apoyo como fundador de una empresa socialmente responsable, que no ve "fantasmas" en el nuevo protagonismo que está en la calle. Creo que los activadores emocionales y racionales que los motiva son sus convicciones propias basadas en valores morales, conscientes y sensibles a la sociedad. Los jóvenes que construyen su futuro no son esclavos de las mayorías, son líderes cada vez más responsables, que abren su propio camino y con el coraje para asumir el desafío de defender con pasión sus ideas. No le temen a la inexperiencia, muchas veces esperan lo inesperado, la incertidumbre no los detiene y su espontaneidad siempre encuentra nuevos caminos para lograr sus propósitos. Hay mucho qué aprender de ellos y por eso tenemos que escucharlos con humildad y respeto.

Me han hecho tentadoras ofertas fuera del país. ¡Claro que me quiero ir!... pero de vacaciones para leer cada acontecimiento o para encontrarme con más conocimiento para compartirlo aquí con las nuevas generaciones. Pero sobre todo, me quedo en el país porque cuando lo veo desde lejos recuerdo que el primer Pizzolante, sastre y panadero, llegó de Italia a Puerto Cabello para no regresar jamás, porque esta fue y es nuestra tierra.

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