Soy venezolano y no me voy

 

Habla el ingeniero

 Lorenzo Mendoza vive sin ostentaciones. En lugar de pasar tiempo en los medios prefiere dedicarse a su familia y a hacer deportes: de niño jugó béisbol y ahora corre maratones, triatlones y sube el Ávila. También es fanático del fútbol



Era muy joven Lorenzo Alejandro Mendoza Giménez cuando llegó a Empresas Polar para encargarse del negocio. Tenía 28 años, pero no era la primera vez que trabajaba: había pasado varias vacaciones escolares cargando cajas y sacos o manejando camiones.

Ya para ese entonces se había graduado de ingeniero en la Universidad de Fordham, Nueva York; tenía un MBA en la Escuela Sloan del MIT, y había trabajado en empresas como Citibank y J. Henry Shkoder Wagg.

Aun así, el cambio de mando no se dio de la manera que él –o cualquiera en su lugar– hubiera preferido: su padre, Lorenzo Mendoza Quintero, falleció repentinamente (tenía 54 años) y fue su madre, Leonor, quien asumió la dirección por cinco años, mientras Lorenzo "Junior" se terminaba de preparar. Mendoza Quintero se había encargado de la empresa tras la muerte de su hermano, Juan Lorenzo, quien apenas contaba 35 años.

Estos fallecimientos más que alarmar a Mendoza lo hacen reflexionar. "A lo mejor algunos no tenemos buena genética", dice. "Pero lo importante es entender que estamos de paso y por eso tenemos que hacer las cosas con compromiso y pasión. Estoy convencido de que uno no está aquí para hacer más de lo mismo: uno debe hacer lo que le corresponde, retándose y teniendo una visión que inspire".

Su abuelo, Lorenzo Mendoza Fleury, fue quien fundó la empresa, o más bien la reinventó: era una fábrica de jabones prácticamente quebrada que hereda en 1930. Después de ponerla a valer, se aventura en el negocio de la cerveza, inexplorado en aquella Venezuela. De ahí en más, la historia del oso polar es conocida.

Pareciera que ese es el gen que heredó Mendoza, a quien llaman "el ingeniero" desde que llegó hace 15 años. Su gestión, primero como director, y desde 1999 como presidente de la junta directiva (sucede a su tío, Gustavo Giménez Pocaterra) se ha caracterizado por un agresivo crecimiento. De una organización local, de casi 10 mil empleados; Empresas Polar se diversificó e internacionalizó, con una plantilla que hoy tiene 24 mil trabajadores. Las de PepsiCo., Quaker, Frito-Lay y Mavesa, son algunas de las operaciones que ha asumido Polar en nueve años. Ni hablar de los intereses que –a modo de inversión– tiene el grupo en otros rubros, como el financiero o el energético.

Uno de los trucos gerenciales de Mendoza, además de la "visión a largo plazo", es adaptar las estructuras organizacionales al momento que viven. "Cada tres años implementamos una nueva visión; las estrategias las desarrollamos año a año porque son operacionales".

No obstante, el ingeniero no considera éste un logro personal: "pasar de 2 mil a 4 mil empleados es importante; también 4 mil a 6 mil. Simplemente me tocó esta etapa. Creo que eso hubiera sido así independientemente de quien estuviera al frente".

En esa declaración podría estar la clave de su bajo perfil. Es que Mendoza no pasa mucho tiempo en los medios. Sólo lo hace "cuando hay eventos relevantes"; de resto, "son nuestras marcas las que hablan".

De hecho, las últimas apariciones en periódicos giran en torno al aniversario número 65 de Empresas Polar que, en realidad fue en 2006, pero que la organización prefirió dilatar para poder "empatarlo" con los 30 años de la Fundación Polar.

—De sus ocupaciones gerenciales, ¿qué áreas le llaman más la atención?

—Me gusta mucho el área de ventas. Estoy encima de los puntos, de percibir qué quieren cliente y consumidor, tanto en el servicio de nuestras redes comerciales como en la parte de portafolio de productos. Esa es mi principal pasión. Y la otra es la gente. Invierto mucho tiempo hablando con los trabajadores. Por lo menos una vez cada 18 meses los veo a todos. Hacemos eventos, charlas y después compartimos unas cervecitas. Así puedo entender cómo está nuestra actividad cultural, qué está pasando y si todo el mundo está alineado con estrategias y objetivos.

—Los rumores de que se van a Colombia han sido suficientemente desmentidos. Pero, ¿cree que son infundados?

—Absolutamente. No somos empresarios de maletín. No puedo apagar la luz de mi oficina y decir, "nos vamos para Colombia". Me parece un análisis tremendamente superficial y poco serio. Soy feliz en Venezuela, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo que nos motiva como empresa es seguir acompañando a los venezolanos en los retos que nos toca, cada quien en su rol. El mío, como empresario, que es generar oportunidades de trabajo. En ese sentido, siempre estoy en el cuadrante optimista. Tengo a un equipo que acompaña esa visión y unos antecesores que también se basaron en eso. Entonces, es parte de mi ADN ser optimista y ver al país con compromiso.

—¿Y a quién puede interesarle que se digan ese tipo de cosas?

—No puedo perder ni un minuto en algo infantil e infundado. Si nos preocupamos por todo lo que dicen por internet, no trabajamos. Me gusta producir trabajando, no estar aclarando chismes.

—¿Cómo se detiene el problema de fuga de cerebros?

—Creo que hay que transmitirle a la juventud un sentimiento de compromiso y ambición. En la empresa no ha habido fuga de talentos, porque que se sienten motivados. Sienten que lo que hacen es importante para ellos, para su familia y para el país. Cuando se logran esos tres cuadrantes la gente no se va.

—Con  las  nacionalizaciones de CANTV y la EDC, ¿qué tanto cree que se debería meter el Estado en empresas privadas?

—El Estado somos los venezolanos y el Gobierno es de turno. Basado en eso, creo que el Estado tiene funciones importantes qué promover en algunas empresas básicas, como petróleo y energía. Entiendo que quiera reservárselas, porque es un recurso natural no renovable y de ahí proviene la mayor parte del ingreso nacional. Pero tiene tanta necesidad de avanzar en el tema energético, que sin la convocatoria del sector privado para atender otros rubros, está diluyendo el esfuerzo. La empresa privada es la que puede desarrollar, de forma eficiente y productiva, el beneficio social.

—¿Cuáles son las dificultades más grandes que vive la empresa hoy en Venezuela?

—La que tenemos en el sector de alimentos, donde más que un control hay un congelamiento de precios desde hace cuatro años. Si los Gobiernos que están administrando el Estado deciden manejarse con controles, deben ver las estructuras de costos para hacer ajustes. La industria de alimentos tiene un margen de ganancia muy reducido y debe existir una rentabilidad mínima para poder reinvertir y cumplir con las obligaciones legales. Esas cosas tienen que estar interconectadas. No se puede pensar que el costo es cero y se acabó, porque eso atenta contra las empresas comprometidas en el largo plazo y, por ende, contra el trabajador venezolano, además que ayuda al especulador, al importador.

—¿Ser rico es malo?

—Me parece que simplificar los conceptos así es cosa de políticos y periodistas. Como no soy político, ni periodista, no me gusta entrar en esas etiquetas. En todo caso, creo que nada de lo que haces producto de tu esfuerzo, sobre todo si tienes una condición humana abierta, es malo. Es muy bueno tener recursos y poder compartirlos con los trabajadores, con retos y nuevas ambiciones. Todos tenemos que estar enfocados a generar riqueza, que trae prosperidad. Generar pobreza no ayuda a nadie.

Ernesto Lotito Martínez

Polar en datos

- Agrupa a más de 40 compañías

- Genera 24 mil empleos directos y más de 150 mil indirectos, lo cual equivale a 1,4% de la fuerza laboral nacional.

- Aporta 2,01% del PIB no petrolero

- Contribuye con 1,92% de los ingresos fiscales no petroleros.

- Tiene más de 30 plantas de producción y la red de comercialización más grande de Venezuela. Llega a más de 200 mil puntos de venta.

- En 2006 vendió 3.129 millones de dólares e invirtió 280 millones de dólares.



Lorenzo, el de la cuña

No todos los días se ve a un empresario protagonizando comerciales. Pero Lorenzo Mendoza Giménez, presidente de Empresas Polar, no tuvo problema en ponerse frente a la cámara y hablar, tras el testimonial de alguno de sus empleados, para la campaña aniversario de la compañía. Fueron siete piezas que salieron al aire entre febrero y abril.

"Aprovechamos que cumplíamos 65 años. Queríamos que los trabajadores hablaran.

Son personas con nombre y apellido, que viven este proceso empresarial, este ‘Cumpliéndole a Venezuela’ (slogan institucional); y consideramos importante que estuvieran respaldados. Yo aparecí como un trabajador más", explica Mendoza. Los mensajes de los comerciales –hechos por Lowe-Concept– giran alrededor de conceptos como "compromiso con las comunidades" y "responsabilidad social".

Lo llamativo es que estas piezas salen al aire justo en un proceso político en el que el Gobierno busca imponer la matriz de opinión de que hay un empresariado "explotador" y cuando el discurso contra la iniciativa privada es cada vez más fuerte.



Al infinito y más allá

"La última vez que el logo de Empresas Polar dio un salto fue en el aniversario 50, cuando le pusimos el blasón. Ahora en nuestros 65 años lo rejuvenecimos.

El blasón se convierte en un infinito, que muestra nuestro compromiso a la continuidad y al largo plazo. Además, está en movimiento, tiene flexibilidad y capacidad de proyectarse a futuro."

Lorenzo Mendoza

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