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Soy venezolano y no me voy
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La piedra en el zapato Atrincherado en el último reducto audiovisual que no ha cedido su línea editorial al oficialismo, el director de Globovisión transcurre en un permanente combate por mantener el canal a flote
La antesala del canal 33 se encuentra llena del elenco de Radio Rochela, uno de los programas de RCTV más antiguos de la historia de la televisión mundial, que volvió a actuar justo el día de esta entrevista ahora en el espacio Aló Ciudadano que cada tarde se transmite por Globovisión. Llega a la recepción Alberto Federico Ravell, director general del canal de noticias, o de lo que funcionarios del Gobierno consideran la última planta golpista en señal libre… por ahora. “¿De qué vamos a hablar?”, dispara, como saludo. Inmediatamente después suelta un "sígueme" y arranca veloz por las escaleras que llevan a su oficina, donde lo más vistoso es la pared tapizada de monitores tipo plasma, cada uno sintonizando una señal nacional e internacional diferente. Ironía por delante, señala que no se va de Venezuela porque no tiene casa en Miami y porque dice jugarse el resto por el país. Con estas palabras compromete la sangre que corre por sus venas, herencia moral de su abuelo y, especialmente de su padre, Alberto Ravell, que estuvo 15 años preso durante el régimen de Juan Vicente Gómez, y 10 años exiliado en el de Pérez Jiménez "por defender la libertad, la democracia y el estado de derecho". "Observé su conducta, tuvo una vida difícil, tormentosa, con altos y bajos, y lo que te puedo garantizar es que nunca bajó la cabeza, ni vendió su conciencia. Nunca se le arrodilló a ningún gobernante. No puedo hacer nada distinto, ni que quisiera". Pero es necesario tener un poco de mano izquierda para convivir con los distintos gobiernos. Estoy dispuesto a sentarme a dialogar con el Presidente, el vicepresidente, el ministro del Interior, pero para dialogar se necesitan dos y, hasta ahora, no he encontrado nadie que se siente en la silla de enfrente. Marcel Granier, presidente del grupo 1BC, llegó a decir que si él era el problema de RCTV, se retiraba. ¿Usted diría lo mismo? Yo no me retiro, tendrían que retirarme. Y la gran ventaja es que mis socios tienen el mismo pensamiento democrático, las decisiones se toman por unanimidad: la junta directiva del canal tomó la decisión de defender el estado de derecho. Esto fue avalado por la asamblea de accionistas que, en todo caso, es la gente que forma parte del pueblo de Venezuela. ¿Piensa mantener su línea editorial? Claro, hemos cometido muchos errores, muchos aciertos, creo que más aciertos que errores. A los medios de comunicación, los televidentes los llevan a juicio diariamente, y si en esa evaluación sales mal, la gente deja de verte o te sintoniza con menos frecuencia. Tienes que comportarte de una manera ética, profesional y adecuada para no perder tu audiencia, a tus clientes y tu credibilidad, que la gente pueda seguir confiando en ti y sigas en sintonía.
¿Qué recuerda de sus años de exilio? No sé si recuerdo tanto o me lo contaron, pero crecí acompañado de muchas figuras de la gente política de esa época: Jóvito Villalba, Luis Beltrán Prieto Figueroa, todos amigos de mi papá, incluso yo llamaba "tío" a Raúl Leoni. De modo que una persona que se formó y se cultivó en un caldo democrático, no anda pensando ni en magnicidios ni en golpes de Estado, ni en cosas contrarias a la ley.
¿Está acostumbrado a vivir con el dedo del Gobierno apuntándole constantemente? Sí, pero mientras sea el dedo y no un arma está uno más tranquilo.
¿Termina poniéndosele la piel dura? Uno aprende a tener la piel dura y a soportar cosas, dicen que el que monta botiquín tiene que tratar con borrachitos.
¿Cómo define a Venezuela? Es un país en turbulencia, dividido en dos grandes toletes: pobres y ricos, negros y blancos, partidarios y no partidarios del Gobierno. Un Estado que está peleado entre sí, cuando antes acostumbrábamos a sentarnos en una mesa de dominó, tomar una cerveza y resolver la diferencia con el vecino, el amigo o hasta con el enemigo. ¿Juega dominó? Un poquito, pero aunque no juego mucho, pongo piedra. Pongo tanta piedra, que Globovisión se ha convertido, para el Gobierno, en una piedrita en el zapato. ¿Cuál es la principal razón para quedarse en Venezuela? Quiero ver a mis hijos y mis nietos vivir en un Estado democrático, donde exista estado de derecho. Más fácil hubiese sido conciliar con el Gobierno, llenarnos de publicidad oficial, comprarme un avión o un yate; pero al día siguiente tendría que afeitarme con una máscara puesta para no verme la cara. ¿Globovisión es la obsesión de Chávez? No sé quién está más obsesionado: si él con nosotros o nosotros con él (risas). Al terminar la entrevista queda en el aire una de sus sentencias: "Con un Gobierno como éste no se pueden hacer planes a futuro; cuando llega la noche, te alegras de haber salido de una jornada más y recuerdas que mañana comienzas otra". Brinca de su escritorio, le sube el volumen a uno de los monitores que en ese momento tiene una imagen que le llama la atención, contesta sus teléfonos, sale de la oficina recogiendo mensajes y conversando con productores, periodistas y asesores legales; se pierde en los pasillos del canal 33.
Alicia La Rotta Morán
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