Soy venezolano y no me voy

 

Apuesta nacional

Todavía conserva el espíritu de avanzada que le imprimió su padre a El Nacional. No obstante, Miguel Henrique Otero desarrolla negocios editoriales conexos



Se podrá decir cualquier cosa del negocio editorial, menos que es aburrido. Parte de la emoción es la confrontación. Bien lo sabe Miguel Henrique Otero, presidente de editora El Nacional e hijo de su fundador, Miguel Otero Silva, escritor, humorista, periodista, integrante de la llamada Generación del 28 y simpatizante del comunismo.

Desde la nueva sede del diario, en La Urbina, Otero asegura que "no sirve para vivir en otro país, además de que su empresa funciona y crece a pesar de todo". Y ese "a pesar de todo" se refiere a la concepción bien definida que, desde el poder, se tiene sobre el proyecto de hegemonía comunicacional, amén de las agresiones verbales y hasta físicas a la prensa, con el corolario del cese de transmisiones de RCTV.

Es por eso que aun cuando hizo hace algún tiempo, un prototipo de periódico para Miami, ese proyecto quedó en "veremos", porque tiene claro que su norte es crecer en Venezuela. Pensamiento que va a contracorriente con "la mayoría de la gente que conozco, incluyendo a los empresarios pro chavistas, que no quieren invertir en el país y tratan de hacer negocios con dinero prestado, sin traer sus propios recursos".

Otero cree fervientemente que Venezuela es un país donde no se va a permitir la instauración de un "comunismo o algo parecido", porque "las fuerzas democráticas terminarán imponiéndose sobre las tendencias autoritarias".

Y por mucho que exista un sentimiento de represión contra los medios, el editor de El Nacional cree que se han vivido etapas peores. "La violencia política es relativa. Si hacemos una comparación de esa violencia con la cantidad de presos políticos, no se equipara con la situación actual, ni siquiera con los gobiernos adecos: con la Digepol eran mil veces peor; con la Seguridad Nacional, 10 mil veces peor, asegura.

Aquí la violencia política es más discursiva que real, porque no hay presos políticos: ¿cuántos periodistas presos hay? Claro --se responde– yo tengo juicio, pero presos como en la época de Pérez Jiménez o en la de los adecos no. Algún exilado, pero no dudo que si Patricia Poleo regresa, la dejen ir. No estoy queriendo decir que estemos en un paraíso: vivimos una amenaza permanente. En la época de Rómulo Betancourt habían 10 periodistas presos y los torturaron".

La casa que compartía con sus padres fue atacada a tiros en dos oportunidades durante los últimos años de la dictadura Perezjimenista, y la tendencia comunista de su padre los estigmatizó políticamente. Por eso le resulta risible –por decir lo menos– que lo tilden, a él y al diario que preside, de “ficha de los intereses norteamericanos”, pues toda su vida ha antagonizado con el imperialismo yankee. "Más bien, El Nacional casi desaparece, en la década de los 70, por su línea progresista y antiimperialista"

Peor era con los adecos

—¿Cuánto vale la libertad de expresión para usted?

—Vale todo, es la esencia de este negocio. ¿Qué hizo El Nacional en la época de Pérez Jiménez? Sobrevivió. Durante 10 años habitó en el periódico una oficina del Gobierno, desde donde un censor con creyón rojo veía los textos que salían y tachaba las cosas diariamente.

—¿Están dispuestos a volver a permitirlo?

—No creo que vuelva a llegar, pero si llega, habrá que adaptarse como periódico, si hubiese una dictadura al estilo de Pérez Jiménez. Hoy las cosas no funcionan así, pero si viniera, no vamos a cerrar a El Nacional porque haya una dictadura. Habrá que sobrevivir y luchar para que el totalitarismo no exista, como se hizo durante el gobierno de Pérez Jiménez.

—¿No hay que ceder o pactar un poquito para sobrevivir en este país?

—Todos los periódicos han sobrevivido, esa es la realidad. Desde los muy radicales hasta aquellos que se han ido plegando. En el plano de la prensa, no hay necesidad de ninguna diplomacia especial; ves periódicos como Notitarde, El Impulso, El Nuevo País, que son exitosos, se encuentran en plena circulación y no les pasa nada o, al menos, no gran cosa; han sufrido amenazas, no tienen publicidad oficial, pero están ahí. La prensa en Venezuela mantiene su independencia a pesar de todas las amenazas y agresiones.

ALR



Mi amigo Alberto

Toda su vida transcurrió entrando y saliendo del diario, asistiendo a sus actividades o paseando por talleres. Miguel Henrique Otero, editor de El Nacional, recuerda que a veces venía con Alberto Federico Ravell –su compañero de estudios–, que ahora es la cabeza del canal de noticias Globovisión. A partir de 1975 entró en el periódico y después de la última reestructuración asumió el cargo de presidenteeditor. Desde entonces, no tiene mucho tiempo para viajar,

pero sí le ha dado oportunidad de disfrutar de los paisajes venezolanos, como Guyana, el Salto Ángel y los páramos. Aunque las costas venezolanas no tienen igual, no es su lugar preferido. "No soy playero", confiesa.

De sus gustos culinarios, no disimula su preferencia por la comida francesa. "Es la comida y luego viene lo demás", pero de los platos criollosprefiere los pasteles, como de Chucho, Polvorosa, la Polenta y la comida larense, que admite no come mucho, pero siente debilidad por el lomo prensado. ¿Perros calientes y hamburguesas? "No, no me gusta esa vaina".



Imparcialidad que aburre

El público de El Nacional se ha ido desplazando hacia los más jóvenes, y a ese nicho se dirigió el rediseño, además de otros productos. Para Miguel Henrique Otero, su presidente editor, el lector natural del diario es "educado,crítico, moderno, busca imparcialidad, pero no es imparcial; si hay demasiada imparcialidad, se aburre". Es por eso que El Nacional debe "darle dinamita y confrontar: si el periódico no confronta, el lector se aburre y dice que se ablandaron".

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